sábado, 29 de agosto de 2026

La Paz

 


Contemplando el estado calamitoso en que se encuentra el mundo desde que vive inmerso en la guerra (que destruye vidas, familias y cosechas), el viñador Trigeo de Atmoneo ha concebido la sorprendente idea de subir hasta el Olimpo, volando sobre un escarabajo, para hablar con Zeus. Al recibirlo en la puerta, Hermes le explica que los dioses están enfadados por el empeño suicida de los helenos en continuar sus disputas. Y que, por ese motivo, Guerra ha secuestrado a Paz y la tiene encerrada en una cueva, taponada por grandes piedras. Trigeo calibra entonces que, con la unión de todos los ciudadanos, sería posible liberarla (“¡Ea, labradores, comerciantes, carpinteros, obreros, metecos, extranjeros e isleños, venid aquí pueblos todos, venid a toda prisa con palas, palancas y sogas!”). El proceso de liberación, no obstante, resulta complicado, porque todos (aquí, la metáfora es espléndida) tiran en direcciones opuestas, aunque al fin logran su propósito y sacan a Paz a la luz.

Habilidoso a la hora de analizar el estado del mundo, Aristófanes nos explica entonces los mecanismos que conducen a toda contienda (léase con atención, por si nos recuerda algo): primero, una alianza de políticos y comerciantes azuza el descontento de la población (“La ciudad, lívida y asentada en el miedo, iba comiéndose cada vez con más gusto todas las mentiras que se le ofrecían”); más tarde, se desdeñan las opiniones de quienes abogan por estudiar pactos; y, por fin, todo estalla. Es entonces cuando la Paz “le vuelve la espalda al partido del pueblo, irritada porque haya puesto al frente de sus filas a semejante sinvergüenza”. ¿Será necesario insistir en la clarividencia (y en la actualidad) del dramaturgo griego?

Su mensaje, además, se salpimienta con algunas menciones punzantes a otros dramaturgos de su tiempo y, sobre todo, con groseras ordinarieces sobre culos, penes empalmados, tetas, pedos, gargajos enormes y otras chocarrerías, que debieron de hacer las delicias del público de la época, menos exquisito de lo que actualmente podríamos pensar. Una obra todavía luminosa.

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