He
empezado este libro de Javier Marías con la misma felicidad y con la misma
melancolía con las que lo he terminado, porque sé que nunca habrá más artículos
suyos en la librería, esperándome. Así que he leído cada texto en medio de un
silencio sagrado. Porque eso constituyen para mí, desde hace muchos años, las
opiniones del madrileño: la serenidad, la lucidez, el razonamiento, la buena
prosa y la agudeza. A veces, lógicamente, no estoy de acuerdo con las
conclusiones a las que llega (igual me pasa con Muñoz Molina, con Almudena
Grandes e incluso con mi mujer); pero jamás lo he visto desbarrar con
estupideces, con extremismos o con discursos sandios. Mi respeto lo tiene. Mi
admiración, también.
En
las páginas deliciosas, inteligentes y sensatísimas de Así que pasen treinta
años he vuelto a tener noticia de su indiferencia por los premios
(literarios o cinematográficos), que desde hace tiempo premian sobre todo las
“periferias” (temática, condición sexual del autor, etc.) sin centrarse en lo
puramente artístico de la obra; de la vileza de tantos políticos, que medran
gracias a sus falacias, tergiversaciones y volubilidades interesadas; de las limitadas
dimensiones (cada vez más cortas) de la fama, que terminará de abandonarnos a
todos en el magma del olvido; de la imparable degradación estética y humana de
ciudades como Madrid o Barcelona, en manos de especuladores inmobiliarios o
fanáticos políticos; de su repulsa por el concepto de “tolerancia”, que implica
una actitud elitista de quien “disculpa” a otros o los “soporta” con buen gesto
exterior; de sus vacilaciones a la hora de elegir el tema semanal; o de su amor
por el fútbol “a la antigua”, sin inyecciones millonarias de oligarcas rusos o
jeques saudíes.
“Nuestras sociedades están perdiendo su capacidad de escandalizarse. Esa fue siempre la estrategia y el objetivo de los dictadores más dañinos. Incurren en un desafuero tras otro, graduándolos; logran que la gente se acostumbre y ya no vea ni como anomalías lo que son aberraciones”, nos advierte. Más nos valdría hacer caso a uno de los escritores más inteligentes y cultos que han pisado España en las últimas décadas.

1 comentario:
Grande, Marías. Me has recordado que llevo tiempo sin visitarlo. Saludos.
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