jueves, 15 de enero de 2026

El regreso de la ira

 


Me adentro por un espacio narrativo titulado El regreso de la ira y que está firmado por Antonio Garrido Hernández. Es, permítanme que me adelante, espléndido. Y lo es, sobre todo, por la textura interna de sus páginas, donde el hilo argumental (una pareja de chicos homosexuales que son asesinados en la calle por energúmenos homófobos) quizá sea lo de menos, siendo importante. Y es que no nos encontramos frente a una historia típica (donde se nos cuenta lo que hacen unos personajes que se mueven por la ciudad) sino frente a una ebullición, una efervescencia de tinta, un volcán filosófico e intelectual cuyas páginas están atravesadas por graves reflexiones sobre el sentido de la vida, las variantes de la sexualidad moderna, la agresión de Putin sobre Ucrania, la monarquía española, el Mar Menor, la comprensión recta y actual de Friedrich Nietzsche, las ONGs, la subjetividad de la justicia, el lenguaje políticamente correcto, la eutanasia o los disparates que se gestan en Davos. En ese sentido, El regreso de la ira es una obra que resulta profundamente excitante, porque te obliga a pensar, te aporta ideas, te desbarata prejuicios, te suministra opciones. No hay tantos libros así, inteligentes y sensuales al mismo tiempo. Casi me siento tentado de definirlo como un aleph borgiano.

Para quienes se pregunten por los anclajes de la obra, digamos que transcurre en la ciudad levantina de Mirtea, cuyo periódico principal se llama Veritas y donde el partido político La Voz están subiendo como la espuma. No creo que se necesiten más detalles para ubicar el territorio novelesco, que nos coloca frente a un mundo que se va polarizando y radicalizando, por la derecha y por la izquierda. Y que asusta (sobre todo que asusta) por la proliferación de ira que fomenta, en ambos extremos: en un lado, para tensar a la sociedad y lograr objetivos de cambio “higiénico”; en el otro, para oponerse de forma virulenta a esos desafíos. Lejos de maniqueísmos, Antonio Garrido constata y lamenta “la ira reactiva de los siervos de babor como respuesta a la ira activa de los señores de estribor” (p.214). Ambos sectores creen haber hallado en la agresividad el camino idóneo para vencer a sus adversarios, sin recordar las palabras prudentes que Thomas More dejó anotadas en su libro Utopía: “Es una cosa inadecuada y estúpida y una señal de arrogante presunción obligar a todos los demás con la violencia y las amenazas a estar de acuerdo con aquello que uno cree que es verdadero”.

Lectura altamente recomendable.

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