Concedamos
lo evidente: nos encontramos ante un escritor olvidado. Su nombre es posible
que ni siquiera les suene: Francisco Bonmatí de Codecido. A mí, desde luego, no
me sonaba hasta que Pedro Jesús y Contxu me regalaron la obra estas Navidades.
El pie de imprenta explica que fue publicada en Madrid, en 1948, y el texto va
precedido por una imagen algo estrafalaria del escritor, pluma en ristre,
rodeado por criaturas singulares (elfos, gnomos, machos cabríos) y ataviado con
una capa española. El papel de la edición es viejo y huele enormemente a
lignina. Todo el contorno de la cubierta, algo más grande de lo habitual, se
pliega en un rizo agrietado que rodea el paralelepípedo del tomo. Todo, como
puede verse, caduco y demodé.
Pero
las posibles sonrisas escépticas se acaban cuando se aborda la lectura del
libro, porque la novela es realmente buena. Que sí, que tiene excesos
(supernumeraria de adjetivos, florida de más en el lirismo de las
descripciones, efectista o reiterativa en algunos tramos); pero que se lee
todavía con auténtico gusto, porque incorpora no solo las trazas de un narrador
muy solvente, sino también las especias de un literato llamativo, que sazona
sus páginas con imágenes de gran plasticidad. Les pondré algunos ejemplos: nos
acerca hasta el sonido de unas campanas al amanecer y nos dice que su tañer es “rocío
de cobre” (p.24); nos acompaña por una carretera que “iba ensartando pueblos en
su blanca espada polvorienta” (p.34); nos comenta que un implacable sol
veraniego tiene “rabietas de gritos de oro” (p.39); nos aconseja que penetremos
en un jardín donde “dormían los colores” (p.42); define los focos nocturnos de
un coche como “injuria de luz” (p.261); o nos explica que los pies de un caminante
cansadísimo están “insultados de sendas” (p.271). Ese tipo de destellos, qué
quieren que les diga, creo que tienen su mérito; y esta obra los incorpora por
docenas.
¿La historia, dicen ustedes? Permítanme que hoy no me anime a facilitarles demasiados datos al respecto, porque su condición misteriosa, casi policial, se vería dañada por mi resumen, tal vez indiscreto. Quédense tan solo con la idea de que incorpora amores, muertes, celos, infidelidades monstruosas, tormentas, incendios y bastantes sorpresas argumentales. ¿Un cóctel romántico, dicen? Pues quizá sí, pero yo he disfrutado mucho leyéndola en pleno 2026. Por algo será. Les sugiero que prueben.

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