sábado, 27 de junio de 2026

El último caso de Unamuno

 


En la última reseña que le dediqué al zamorano Luis García Jambrina, por su novela El manuscrito de nieve (https://rubencastillo.blogspot.com/2024/03/el-manuscrito-de-nieve.html), señalé un procedimiento que, a mi entender, volvía defectuosa la obra: su tendencia a amontonar datos históricos, artísticos y de todo tipo de una manera poco acertada. Dos años después, me animo con otra de las producciones del autor, aparecida en 2026: El último caso de Unamuno. Y me siento muy feliz de emitir un juicio totalmente distinto: la obra es excelente. Las informaciones históricas, políticas, culturales y militares siguen siendo oceánicas (la ambientación de la novela en 1936 así lo requiere), pero el autor ha sabido encauzarlas de un modo magnífico, sin que el lector sienta que chirrían.

La base del libro se articula sobre dos líneas policiales que caminan de forma cercana. En la primera, descubrimos cómo el insigne escritor don Miguel de Unamuno investiga el misterioso suicidio del catedrático de Derecho don Daniel Carbajo. Su esposa descubrió el cuerpo ahorcado en su despacho, que permanecía con la llave echada por dentro; pero era reacia a considerar que su marido, profundamente religioso, hubiera optado por acabar con su existencia de una forma tan inopinada y tan herética. En la segunda, nos encontramos con la súbita muerte del propio Unamuno, que sufrió un colapso mientras charlaba junto a su mesa con el joven profesor falangista Bartolomé Aragón. Muy habilidoso y muy sólido en su exposición novelesca, Luis García Jambrina nos va planteando en capítulos alternos este doble enigma, introduciendo personajes de tanta densidad y envergadura como Millán Astray, Francisco Franco, Giménez Caballero o Carmen Polo. Y esculpiendo también una doble línea de protagonistas-detectives, porque si en la primera es don Miguel el eje vertebrador, en la segunda ocupan ese lugar sus amigos Teresa Maragall López y Manuel Rivera Jambrina. Este último, de hecho, se plantea incluso la posibilidad de escribir alguna vez esta historia, para que las generaciones futuras conozcan la verdad (“La novela, si es que alguna vez llegaba a escribirla, tendría, pues, una doble trama entrecruzada y una doble línea temporal; en una, don Miguel sería el detective o sujeto investigador y, en la otra, la víctima o el objeto de la investigación”, p.234).

Como se trata de un libro detectivesco (aunque no queda reducido a esa simple dimensión), resultaría muy ingrato desvelarles detalles que erosionaran la eficacia de sus sorpresas. Sí les diré que, al acabarlo, queda en el ánimo de los lectores la sensación poderosa de que todo podría ser verdad (sensación que las consultas que se realizan en Internet parecen corroborar). García Jambrina ha construido su historia con mimbres tan bien trenzados y tan verosímiles que te convence. Es un asombroso logro, que aplaudo con energía.

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