jueves, 27 de enero de 2022

Stalin debe morir

 


Nos encontramos en Vorkutá, localidad minera que se encuentra dentro del Círculo Polar Ártico, a muchos grados bajo cero, dentro de una celda soviética. En ella se miran dos personas: un hombre (al que se nos presenta en las primeras páginas de la novela con el nombre de Mijaíl Ribakov y después con otro más inquietante) y una mujer (su desdichada esposa, encarcelada en el gulag). Todo lo que ocurre en esa prisión gélida y nauseabunda, incluso su final espeluznante, deja en la mente de los lectores una huella profundísima y se convierte en un punto de inflexión de la obra, que nos permite entender cómo se quiebra el alma del protagonista, quién fue antes de este encuentro y por qué, un tiempo más tarde, lo vemos levantando su pistola en medio de una multitud, dispuesto a dispararla.

En la atractiva novela que acaba de publicar Mario J. Les (que publica Terra Ignota Ediciones y que se titula Stalin debe morir) se nos va contando con sabia lentitud la historia de un hombre que despierta en medio de la calle después de haber perdido la memoria y al que se acusa (lo descubre leyendo un periódico, en el que se estampa su fotografía) de un intento de magnicidio. Sin que él lo sepa, todo el aparato de la represión soviética (la temible y sanguinaria Lubianka) se concentra en la tarea de localizarlo, porque Stalin se encuentra a punto de firmar un importante acuerdo con la Alemania nazi y no puede permitirse ofrecer de cara al exterior ningún signo de debilidad. Para escapar del peligro, el desorientado Mijaíl cuenta con la ayuda de una niña española (enviada a la URSS cuando la derrota de los republicanos españoles es casi un hecho), de una fotógrafa del diario Pravda, de su cuñado Oleg y de algún otro personaje. Pero tendrá que ser cauteloso y no confiar en ninguno de ellos, porque al naufragio de su memoria se une el descubrimiento paulatino de que nadie es quien dice ser. Absolutamente nadie. Todos los que se han ido aproximando a Mijaíl (si es que en verdad se llama Mijaíl) esconden una personalidad secreta; y, en esas condiciones, no resulta fácil determinar por qué lo ayudan, para qué lo necesitan, qué pretenden conseguir de él.

Narrador habilidoso y con potentes recursos, el novelista navarro se propone la magia que anhela todo novelista: que resulte imposible abandonar el libro una vez iniciado. Y para lograr su propósito va alternando con buen pulso escenas de alta tensión donde la violencia, la ternura, el enigma y la política soviética mezclan sus hilos maravillosamente. Es difícil que nadie se sienta defraudado con estas cuatrocientas páginas de acción y pasión. Compruébenlo.

1 comentario:

La Pelipequirroja del Gato Trotero dijo...

Y Putin también...UPS, lo he dicho en voz alta 😏
Tomo nota.

Besos.