martes, 28 de julio de 2020

Deseo bajo los olmos




Ephraim Cabot es un anciano iracundo y fibroso, que ha empleado buena parte de su vida en construir la granja en la que vive con sus hijos Peter y Simeón (que tuvo con su primera esposa) y con su hijastro Eben (que aportó la segunda). Ya viudo por partida doble, ha tomado una tercera mujer, la juvenil Abbie, que ha generado grandes cambios con su llegada: los dos hijos mayores abandonan el hogar para buscar oro en California y el pequeño establece con ella una intensa relación de deseo y de odio (siente que ha venido a quedarse con la granja que le pertenecería cuando su padre muriese). Todo se recrudece cuando la ambiciosa Abbie promete a Ephraim que tendrán un hijo y que lo convertirán en el heredero legítimo. Cuando un año después ya ha nacido la criatura (un varón), todos los vecinos dan por hecho que el auténtico padre es Eben, lo que genera comentarios y risas del peor gusto. Parece evidente que todo terminará en tragedia cuando el viejo Ephraim ate cabos.
Con esta pieza dramática, fechada en 1923, el norteamericano Eugene O´Neill consigue fundir en un espacio reducido sentimientos extremos, que coliden entre sí de una forma áspera: los rencores atávicos que los dos hermanos mayores sienten por su padre; la codicia (simbolizada por la granja como referente cercano y por el oro californiano como fuente remota); el frenesí del deseo (que prende en Abbie y en Eben con simétrica furia); la presencia vigilante de los muertos (como ocurre con la difunta madre de Eben) y, en fin, la lucha darwiniana de todos los personajes por conseguir la supervivencia, aunque para lograrla deban someterse a humillaciones. Un magnífico texto teatral que, en sus páginas finales, incorpora el horror y el amor en proporciones sobrecogedoras.

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