viernes, 19 de julio de 2024

Bonsái

 


Resulta difícil resumir “de qué va” (usaré, aunque la odio profundamente, esa fórmula tan habitual) este libro, porque su estructura de abismo o de tirabuzón requeriría una exégesis más larga que la propia obra, que destruiría la magia de su espíritu narrativo. Me arriesgaré a apuntar algunos datos. Tenemos a la extraña pareja formada por Julio y Emilia, que inician una relación sexual durante su etapa universitaria. Ella (que muere al cumplir los 30 años, dejando desnortado a Julio) tiene una amiga llamada Anita, casada un tiempo más tarde con Andrés: dos hijos y mucho tedio, que terminaron en separación. De pronto, descubrimos que Emilia está en Madrid, demacrada, conviviendo con una pareja de gays y quizá adicta a algún tipo de droga. Julio, por su parte, sobrevive con trabajos esporádicos. El escritor Gazmuri, de hecho, le ofrece pagarle por transcribir a ordenador una novela que acaba de terminar; pero no cierran el trato, porque consigue a otra persona que le cobra menos. La semilla de su argumento (un hombre que pierde a la mujer que ama) da pie a Julio para que comience a escribir la obra Bonsái.

Me detengo en ese punto: hay una serie de conexiones entre la novela de Zambra y la novela de Julio que ustedes deberán descubrir en soledad y que enriquecen hasta el vértigo las escasas setenta páginas de esta intensa novela corta.

Asombrosa en su densidad, Bonsái constituye un ejercicio deslumbrante de estilo narrativo, de construcción novelesca, de personajes que son autores y son a la vez protagonistas, de lenguaje recortado y exacto. Me ha embriagado.

Otro de los autores a los que tengo que explorar con más ahínco.

jueves, 18 de julio de 2024

La condesa Catalina

 


El matrimonio formado por Shemus y María (que comparten choza con su hijo Teigue) no puede vivir momentos peores, sujetos a una atroz hambruna que está devastando a todos los habitantes de la zona, quienes se debaten entre la consunción y la mendicidad. Su único recurso para aliviar, aunque sea modestamente, el rugir de tripas pasaría por sacrificar la única gallina que les queda (cómo no recordar aquí el gallo del coronel de García Márquez). El Destino, no obstante, les tiene reservada una sorpresa, que cobra cuerpo cuando dos enigmáticos mercaderes llegan a su vivienda y les ofrecen un buen dinero por cenar. A Shemus se le ocurre que es la ocasión propicia para dar muerte a la gallina, pero cambiará de idea cuando los visitantes expliquen quiénes son, en realidad: dos enviados del Demonio que están dispuestos a pagar una buena bolsa por sus almas.

María, escandalizada, se niega a aceptar esa transacción; pero el marido y el hijo, hartos de pasar hambre ("Qué sacó Dios de su bolsa sino hambre. Satanás da dinero"), acceden a convertirse no solamente en vendedores, sino también en propagandistas de la oferta entre sus convecinos. Estos, erosionados por la necesidad, van sucumbiendo a la tentadora proposición.

La única fuerza que puede oponerse a este triunfo del Mal es la condesa Catalina, quien vende todas sus propiedades para repartir el beneficio entre los necesitados y que no se vean abocados a la condenación eterna.

Con este texto teatral, William Butler Yeats nos plantea una reflexión muy honda y muy desgarradora, no solamente sobre las nociones del Bien y del Mal, sino también sobre el sacrificio generoso de un alma noble y sobre las limitaciones que, a la hora de elegir, tienen habitualmente los más desfavorecidos.

Interesante.

miércoles, 17 de julio de 2024

Reinar después de morir

 


Cuando descubrí el teatro de Lope de Vega, allá por 1986, quedé inmediatamente subyugado por la sonoridad de sus versos, por la fluidez de sus diálogos, por la tersura y firmeza de sus personajes, por sus historias conmovedoras y fértiles. Hoy, a mediados de 2024, me aproximo hasta su coetáneo y seguidor Luis Vélez de Guevara, del que he podido disfrutar la pieza dramática Reinar después de morir, donde se escenifica el amor infausto que experimentó el infante don Pedro de Portugal por la hermosa doña Inés de Castro, quien le terminó dando dos hijos, pese a la condición de hombre casado del infante. Ese amor puro y dramático se precipita hacia su final cuando la infanta de Navarra, que aspira a ser la pareja legítima de don Pedro y no puede soportar que él haya entregado su corazón a otra mujer, mueve los hilos políticos necesarios para que la ingenua doña Inés sea ejecutada por dos lacayos del rey.

Como puede imaginarse, todo en esta obra se encuentra impregnado por la pasión y por la fatalidad, aunque el dramaturgo sevillano no descuida tampoco la parte humorística en algunos instantes. Por ejemplo, cuando el gracioso Brito se queja del caballo sobre el que ha efectuado un viaje; el cual, a fuerza de nervioso y de trotón, “me trae sin tripas, que todas / se me han subido a la nuez / a hacer gárgaras con ellas”. O la secuencia en que el mismo personaje, consciente de que su parlamento ha abusado de cierta palabra, ironiza sobre su pobreza expresiva: “Allí puedes esperar / a que luego allí te diga / lo que allí ha pasado allí; / que has dicho una retahíla / de allíes, para cansar / con allíes a una tía”.

Reflexionando sobre la desequilibrada pugna entre el amor verdadero y las conveniencias palaciegas, Vélez de Guevara esculpe una obra hermosa, de bella sonoridad, que ha resistido espléndidamente el paso del tiempo, el cual no ha logrado avejentar sus líneas.

martes, 16 de julio de 2024

Mañas de Lagarto

 


Mamamoud Touré salió hace bastantes años de Gorom-Gorom, en Burkina Faso, para buscar en Europa una vida mejor. Atrás quedaron sus raíces, su familia, su lengua, sus costumbres, su espíritu. Desde entonces, ha tenido que ir dando tumbos de un sitio a otro, por España y por fuera de España. Ahora, viniendo del País Vasco, ha recalado en Las Palmas de Gran Canaria, en lo que constituye el décimo volumen con la entrega de sus aventuras. Se titula Mañas de Lagarto y su autor, quién lo ignora, es Jon Arretxe.

Ahora el núcleo hay que situarlo en el mundo de las peleas amañadas, en el que Touré se ve involucrado por un personaje conocido con el nombre de Lagarto de Escaleritas, quien lo convence para que actúe como su pareja en este tipo de combates y, así, gane un dinero fácil. Con los bolsillos llenos de telarañas, Touré acepta y se ve inmerso en un mundillo de empresarios pedófilos, matones sin escrúpulos, sicarios de gatillo rápido, un secuestro anómalo, policías aficionados a quedarse con el dinero que requisan en las peleas clandestinas y, como guinda, algunos incendios provocados, ajustes de cuentas y denuncias sobre la forma en que los inmigrantes son tratados por los mercaderes de carne humana.

Ágil a la hora de componer la trama, resolutivo en la construcción de las peleas y persecuciones, simpático y eficaz en el manejo de coloquialismos (manda huevos, pifostio, me la suda, dar matarile, pimplar, darse el piro), Jon Arretxe (Basauri, 1963) vuelve a resultar absolutamente convincente y digno de aplauso en esta nueva entrega de la saga, que cumple su primera decena de títulos y que, a tenor de lo expuesto (o más bien lo insinuado) en las dos páginas finales, promete una interesante continuación. Estaremos atentos.

domingo, 14 de julio de 2024

Trece minutos después de medianoche

 


El comisario Luc Lucas, que se repone de las secuelas que le ha dejado una herida de bala, se desplaza junto a su esposa Doris y sus dos hijos, Nati y Martin, hasta una granja de caballos que acaban de heredar. Pero si cobijaban la esperanza de que los próximos días fueran a ser de descanso se equivocan gravemente. Nada más instalarse allí comienzan a observar el extraño comportamiento de la anciana señora Zetschke, que se muestra atemorizada, oculta cosas en su jardín y miente de modo descarado.

Al principio, Lucas no desea involucrarse en ningún asunto que lo desvíe de su principal tarea (que es la de recuperar la salud), pero una llamada lo hace cambiar inmediatamente de opinión: la atribulada anciana le explica que recibe amenazas por teléfono, y que no sabe qué hacer frente a ellas. Lucas, a partir de ese instante, toma partido por la lugareña y comienza a descubrir oscuros manejos tenebrosos, que incluyen la extorsión, el secuestro y la especulación inmobiliaria, hasta llegar a un final más que sorprendente.

Una lectura interesante, que sin duda funcionará con tus hijos pequeños.

viernes, 12 de julio de 2024

La pieza invisible

 


A veces, la crónica de una lectura es tan sorprendente que puede rozar las fronteras de lo increíble. Me arriesgaré a contar la de esta novela, asegurando su condición fidedigna… La compré en 2020, el año del coronavirus, y la leí con absoluta avidez, porque la anterior obra del autor, Donde lloran los demonios (https://rubencastillo.blogspot.com/2019/01/donde-lloran-los-demonios.html), me había gustado muchísimo. Como siempre, subrayé frases en el tomo, tomé notas en unas hojitas y las metí en su interior. Acabada la locura de las mascarillas, las distancias de seguridad, las vacunas, las hipótesis y los miedos, seguí leyendo otros libros, otras novelas, otros volúmenes de relatos, otros poemarios, otras piezas teatrales. Y el año pasado, mientras actualizaba el blog con una nueva pestaña de búsqueda (los países de procedencia de los autores), caí en la cuenta de que no había elaborado la reseña de La pieza invisible. Me quedé con la boca abierta, porque no entendía la razón: el libro me había gustado mucho, disponía de tiempo en abundancia cuando la leí (lo que más teníamos en la pandemia eran horas libres) y suelo ser bastante meticuloso con estos temas. Me desconcertó, pero tenía fácil remedio: coger el libro, extraer las hojas con anotaciones y poner por escrito mi comentario… Pero el libro no estaba en la estantería de la M (“Martí”). Pensé entonces que quizá me había despistado y la había puesto en la P (“Parker”); y no, tampoco. Por fin, la semana pasada se aclaró el misterio cuando pasamos unos días de descanso en la casa playera de mis suegros: ¡allí estaba el libro! Total, y para no hacerme pesado: que lo he vuelto a leer (para refrescarlo) y que, ahora sí, lo reseño.

JODIDA MARAVILLA. Empecemos con esas dos palabras, para ahorrar tiempo a quienes deseen saber si el libro merece la pena. La merece. Es un auténtico monumento del género negro, una novela impecable en su construcción, excelente en su desarrollo y magistral en sus páginas últimas. Pedro Martí mima cada secuencia y mima la conexión entre ellas, de tal modo que con unas figuras densas y bien perfiladas (el atormentado César Giralt, su superior Enric Dávila, su compañera Dalia Torres, su joven sobrina Silvia), nos va engolosinando y nos va conduciendo por un laberinto que se vuelve tenebroso conforme nuestros pasos avanzan por él: policías corruptos, jefes irritables, peluqueras que en realidad esconden una identidad miedosa, rusos de mirada glacial, ancianas que esperan la muerte con nombre fingido, carpetas azules que no aparecen por ningún sitio, direcciones tachadas, un local de alterne… Permítanme que no sea más explícito, porque le quitaría una parte de su atracción a un libro que tiene muchísimas y no se merecen la frialdad del resumen o la avilantez del espóiler. Me limitaré a dar un punto de arranque: el ruso Venelin se ha suicidado y el policía Marcos Vidal desconfía de esa muerte. Poco después, él mismo aparece muerto por un aparente suicidio; y su esposa Celia, que ha pedido ayuda a César Giralt, termina también suicidándose. Partan de ese arranque misterioso y, se lo aseguro, se adentrarán en una novela espectacular, redonda, llena de giros y ciénagas, que cumplirá todas sus expectativas y que incluye, por ejemplo, la muerte más impresionante de una anciana que yo recuerdo haber leído en mi vida. No les digo más. Ahora es su turno de acercarse a la obra.

miércoles, 10 de julio de 2024

Los mellizos y el misterio del tesoro escondido

 


Llevo más de veinte años leyendo a mis hijos por las noches. Comencé con María (nacida en 1998), seguí con Rubén (2001), continué con Álvaro (2011) y ahora lo hago con Jorge (2014). Por la forma en que me piden que lea “un poco más” o por sus “Noooo” decepcionados cuando les digo que es hora de dormir sé si la obra les está gustando y en qué medida lo hace. Por mis labios (y por sus oídos) han pasado piratas Garrapata, hormigas Miga, Arcanus, Futbolísimos y un sinfín de Matildas, Rodaris, Kikas Superbrujas, Babares, Calzaslargas, Narnias, Principitos y Stiltons. En ese largo y bellísimo viaje en tren, que está a punto de terminar (porque mi pequeño ha cumplido ya los diez años, y pronto renegará de mi voz nocturna, para sumergirse por sí mismo en puertas de tres cerrojos, aventuras de Los Cinco y quién sabe qué otros volúmenes), ayer terminamos un fiasco que se titula Los mellizos y el misterio del tesoro escondido, de Concha López Narváez, y que se nos ha hecho pesado hasta lo indecible: una aventurilla estirada y muy rimbombante de vocabulario, que Jorge ha acogido con gesto de indiferencia y que yo (para qué voy a decir otra cosa) estaba deseando terminar. Una pena, porque la autora, que siempre me ha parecido estupenda, no ha andado fina en estas páginas.

En todo caso, seguiremos probando libros, mientras mi hijo no me diga que esa parte de su infancia (y de mi madurez) se ha terminado. Crucemos los dedos.