martes, 13 de abril de 2021

La Casa Pintada de Mula

 


Juan González Castaño es un historiador murciano cuyos libros, abundantes artículos, conferencias, cursos y reconocimientos lo avalan tan sobradamente que prescindiré de incurrir en la fatiga de la enumeración. Hace unos años, la Fundación Casa Pintada de Mula (sede del museo Cristóbal Gabarrón) tuvo la feliz idea de encomendarle este trabajo, donde se resume, con todo lujo de detalles históricos, artísticos e iconográficos, el devenir de tan hermosa construcción. Y vive Dios que cumplió el encargo con elegancia extrema, y con la pulcritud y el rigor que preside todos sus trabajos.

Después de una breve e interesante introducción histórica a los aconteceres de la villa de Mula durante el siglo XVIII, nos enteremos, por ejemplo, de que el constructor de la Casa Pintada fue don Diego de Blaya y Molina, hijo único y rico heredero de amplios mayorazgos, que le permitieron casarse con la adinerada doña Ginesa Álvarez-Fajardo (natural de Cehegín) y llevar una vida muelle hasta el final de sus días. Se nos informa también de que la singular mansión comenzó a construirse hacia finales de la década de 1770, pero que hasta bien cumplido el primer cuarto del siglo XX no se convirtió este edificio en una pieza emblemática de la localidad.

El día de Reyes del año 1926 se inauguró allí la sede del colegio regentado por las Religiosas de la Pureza; después de la guerra civil de 1936 se establecen allí los comedores del Auxilio Social; en 1969 comienza a funcionar en su interior el club “Salonac” (un sitio de baile, reunión y lectura para la juventud); a finales de la década de los 70 se produce un fuego intencionado, con el objeto de reconvertir el inmueble en un bloque de viviendas; en 1981 se ordena por parte del dueño una polémica demolición, abortada por decisión unánime de los vecinos… Una historia, como se puede ver, llena de episodios llamativos y que refleja (como un espejo lo haría) el imparable transcurso de los años: desde la religión a la triste postguerra, desde el aperturismo hasta la especulación inmobiliaria. Y el académico Juan González nos cuenta esa historia como mejor podía hacerse: entendiendo este inmueble como un organismo vivo, y hablándonos de su historia, de su interior y de su exterior, como si describiera a un ser humano.

Únanle a esa inteligente intuición narrativa una presentación muy esmerada (el libro está editado a dos columnas –español e inglés–; la agencia Tropa lo diseñó con finura y profesionalidad; contiene un gran soporte de imágenes, tanto antiguas como modernas; y desde el punto de vista tipográfico es irreprochable) y obtendrán un libro muy hermoso, que da gusto consultar y con el que se aprenden abundantes detalles sobre nuestro pasado regional.

1 comentario:

La Pelipequirroja del Gato Trotero dijo...

Últimamente la desidia lectora se ha apoderado de mí, no así la vena escritora pues hacía años que no escribía tanto en tan pocos meses.
Poco a poco me van llamando la atención algunos libros, y este parece ser uno de esos.

Besos 💋💋💋