domingo, 1 de febrero de 2026

Tercera residencia

 


Releo con entusiasmo renovado las páginas de Tercera residencia, que leí en 1988, con veintidós años. Y vuelven a fascinarme las dos líneas vertebrales que descubrí en estos versos encendidos y galvánicos de Pablo Neruda: en primer lugar, el viento surrealista, que llena de imágenes asombrosas los poemas y que los vuelve tan fascinantes; en segundo lugar, el aliento combativo que respiran las estrofas dedicadas a su militancia ideológica (la guerra civil de 1936, el Ejército Rojo, Simón Bolívar, etc.).

Por lo que respecta al primer apartado, confieso mi incapacidad para entender bastantes de los versos, porque las metáforas surrealistas y las adjetivaciones intrépidas que el chileno despliega continuamente me los vuelven impenetrables; pero, a la vez, constato también mi entusiasmo a la hora de interpretarlos, porque las sugerencias de Neruda dan pie a lecturas que, si no se corresponden con lo que él quería expresar, sí que revelan con claridad mi forma de leerlos.

En cuanto al bloque “político” (que muchos denigrarán por su tendenciosidad, pero que yo respeto por los durísimos momentos de guerra que le tocó vivir), no creo que resulte posible negar la validez lírica de estancias como “España en el corazón”. En un tiempo de urgencia y deflagraciones, de muerte y de traiciones, imagino que tiene que resultar punto menos que imposible mantenerse en una posición racional y equilibrada (aunque personas como Manuel Chaves Nogales sí que parecieron lograrlo). En esa efervescencia de ira y de angustia, Pablo canta a las Brigadas Internacionales, a la batalla del Jarama, a los antitanquistas… Y su voz, aunque el paso del tiempo moderase o corrigiese radicalmente algunas de sus aristas, no puede ser tildada de chata o panfletaria. Neruda consigue muchos poemas de belleza terrible, de retrato purulento, de crónica bombardeada.

Pertenezco al grupo de quienes discrepan con algunas de sus ideas y fervores, pero que aplaude sus versos. Una cosa, en literatura, no quita (no debe quitar) la otra.