jueves, 12 de febrero de 2026

Historias marginales

 


En uno de sus poemas, el escritor alemán Bertolt Brecht se planteaba reticencias sobre los grandes personajes de la historia, interrogándose sobre si sus proezas las habían ejecutado ellos solos, o más bien su fama se debía (como pregonaba el sentido común) a los heroísmos sumados de las personas que los rodeaban. Ni Alejandro Magno conquistó medio mundo “por sí solo”, ni ningún faraón erigió pirámides “por sí solo”. Sin duda, tenía razón. Me ha venido el recuerdo de ese poema mientras leía las Historias marginales, del chileno Luis Sepúlveda, porque en sus páginas nos habla de héroes anónimos, de héroes no tanto “cansados” (Pérez-Reverte) como invisibles, de personas que enarbolaron su estandarte ético sin que los aplausos coronasen su tarea: el que luchó para que las multinacionales no esquilmasen las selvas de su país; el poeta que sobrevivió a la experiencia criminal del campo de concentración nazi; el sindicalista que no dejó de plantear reivindicaciones laborales, pese a que no siempre resultara fácil alzar el dedo y la voz; los obreros que arrancan de la montaña el mármol para que los artistas lo conviertan en arte (“Lectora, lector: cuando te enfrentes a una estatua esculpida en mármol de Carrara, piensa en los cavatori y en los marmolistas de Piedrasanta. Piensa en ellos y saluda su digno anonimato”, p.71); su amigo Freddy Taberna, quien “tenía un cuaderno con tapas de cartón y en él anotaba concienzudamente las maravillas del mundo, y estas eran más de siete: eran infinitas y se multiplicaban” (p.81); las delicadas y emotivas historias del perro Fernando y del gato Zorbas; la ingratitud como única recompensa para ciertas personas que lucharon para defender su país y ahora viven de una pensión miserable (puede verse el texto “Las Rosas Blancas de Stalingrado”); o, para cerrar una lista que quiero breve, con el fin de que ustedes acudan al libro y conozcan las demás historias, ese poema inspirador del checo Jan Palach que se reproduce en la página 105: “Yo me atrevo porque / tú te atreves porque / él se atreve porque / nosotros nos atrevemos porque / vosotros os atrevéis porque / ellos no se atreven”.

Quizá (es la conclusión a la que llego después de cerrar el libro) una parte de la felicidad de nuestras vidas radique en localizar (y merecer) a esos héroes discretos, a esos superhombres y supermujeres silenciosos. ¿Tienen ustedes claro cuáles son los suyos?

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