Santiago,
cuando sale del colegio, tiene una vida muy ajetreada: asistir a clases de
informática y natación, protagonizar entrenamientos con su equipo de fútbol,
estudiar los exámenes, colaborar en casa… Pero su padre, sin que la opinión del
chico parezca importar, lo apunta también a clases de judo. Da igual que
Santiago haya insistido en que no quiere (incluso ha llamado al Teléfono del
Menor para quejarse): la voluntad paterna se ha impuesto. Al menos, eso le
permite conocer a Guillermo, cuya hermana Belén (“La chica más guapa que yo
conozco”) ha tomado la manía de preguntarle si tiene novia y cogerle de la
mano. Por eso, como una especie de venganza inocente, Santiago le regala a su
padre una trompetilla para sordos cuando llega el día del padre. Pero hay más
cosas que están revolucionando su vida: por ejemplo, que su amigo Óscar está
convencido de que ha visto un ovni en su jardín, y planean estar alertas a
partir de entonces para poder verlo o hacerle fotos.
Con un lenguaje simpático y con capítulos tan breves como atractivos, Roberto Santiago dibuja una novela que resultó finalista en el premio Edebé de literatura infantil en 1996 y que nos habla del complicado tránsito que lleva de la niñez a la adolescencia. Se la he leído en cinco noches a mi hijo pequeño. Muy agradable.

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