jueves, 7 de diciembre de 2023

El sueño de Leteo

 


De vez en cuando, sin poder preverlo, un libro maravilloso cae en nuestras manos y es tan distinto de la marea uniforme de los demás libros que dan muchas ganas de decirlo en voz alta y por escrito. Me acaba de suceder con El sueño de Leteo, de Vicente Cervera Salinas (Renacimiento, 2023), un volumen delicadísimo y enérgico que se encuentra atravesado (es mi impresión) por numerosas claves personales, por enigmas íntimos que solamente los dos protagonistas podrían iluminar con sus explicaciones, aunque (y esa es también mi impresión) hay luz que se filtra y emerge a través de las grietas; y esa luz se convierte en palabras, en dolor, en añoranza, en memoria. Se nos habla de una relación intensa, que poco a poco se fue erosionando con el paso del tiempo, aunque la voz poética se niega a la claudicación del olvido (“Mas no caeré en la odiosa cobardía, / la que me obliga a renunciar a ti”), porque resultaría ingrato, quizá imposible, abandonar todas las imágenes de aquel esplendor que fulgió en el pasado (“Inmenso fue el amor. / Inmenso sin apenas saberlo. / Tanto más henchido en tu inocencia. / No importa que más tarde se hundiese”). Queda de aquel crepitar de llamas un reino de troncos aún cálidos, que conservan el rojo y la memoria, tocando casi “la piel de esta soledad” que ahora rodea al poeta.

El amor, que es muchas cosas, es también apertura al otro, adecuación cordial y hermanamiento de almas (“[…] Entrabas / conmigo en los museos y yo escuchaba / a Prince y a Iggy Pop”). Pero, desde que los caminos comenzaron a separarse, la voz poética ha descubierto que se halla en un manglar de dudas, en un tiempo de gelidez y expiación donde los versos, a veces, son cuchillos encabalgados que hieren el alma. “Lo que pudo haber sido / transparencia pura, cristalina verdad” es, contemplándolo ahora, un reino desvanecido, que pierde de forma paulatina sus colores originales.

Durante este viaje lírico, lleno de belleza y sinceridad, Vicente Cervera Salinas nos entrega poemas absolutamente memorables, de los cuales yo destacaría dos, que me han emocionado de una forma especial: “Anima dannata” (uno de los más hermosos retratos de amor que recuerdo haber leído) y “Rosas y apotegmas” (una composición dedicada a su padre, que sin duda le haría sentirse orgulloso y feliz).

“Deseo respirar la luz del tiempo / en la compañía de algunos libros”, nos dice el poeta en la página 39. Mientras recorría las hojas de El sueño de Leteo, yo he sentido que respiraba la luz del tiempo, la auténtica luz del tiempo, la inefable luz del tiempo: un privilegio comunicativo que solamente los poetas de verdad (como Vicente Cervera) alcanzan.

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