Vuelvo
al universo narrativo de Pedro García Montalvo con los relatos contenidos en el
volumen La primavera en viaje hacia el invierno, en el que las
secuencias parecen configurar su propio tempo musical. Los adjetivos,
como pinceladas de color, y el ritmo de las frases, con su cadencia única,
establecen la respiración que los lectores deben adoptar para comprender la
esencia última de los cuentos. A veces, el narrador nos pedirá que asistamos a
una excursión escolar a orillas del río Segura, donde una pícara broma hará
posible que el tímido profesor don Toribio, un latinista cuarentón con muy poco
don de gentes, quede como un héroe ante la joven Adela (“Divertimento”); otras,
nos presentará a la bellísima condesa Ángela de Yeste, que habría de
convertirse después en protagonista de su novela El intermediario, que
consigné en este Librario íntimo hace pocos días (https://rubencastillo.blogspot.com/2026/06/el-intermediario.html); o nos
presentará a una chica que, normalmente sensata y prudente, se atolondra cuando
el amor prende en su pecho (“El rostro”); o nos dibuja asechanzas más bien
equívocas, como la protagonizada por el musicólogo Tomás Tarazona (“La venta de
la Virgen”); o, en fin, explora laberintos más oscuros del alma humana, que
reconocemos como propios, con horror, cuando deslizamos los ojos por los
párrafos del relato (“Un monólogo”).
No necesita muchas páginas García Montalvo para construir sus propuestas, y eso las vuelve tan sólidas, tan condensadas, tan admirables. Releerlas al cabo de cuarenta años ha supuesto un auténtico placer.





