Me
acerco hasta los relatos que Dionisia García reunió bajo el título de Antiguo
y mate y que fueron publicados en 1985 por parte de la Editora Regional de
Murcia. Como siempre ocurre con esta autora, la belleza embriaga desde las
primeras líneas, pero sobre todo me sorprende de forma especial en cada uno de
los cuentos el “efecto aislante” que la mirada de Dionisia despliega sobre las
vidas de sus protagonistas. Es como si lograra sorprenderlos (y dibujarlos) en
el minuto preciso en que todo se aquilata y cobra significado, en el aleph de
sus existencias diminutas o derrotadas o atormentadas: vemos a la mujer de Juan
recapitulando el declive lánguido de su esposo (“Ahora es el silencio”); al
detenido que mantiene la dignidad de su postura sedente mientras lo torturan
(“Ángulo recto”); a la chica que pierde unos valiosos dibujos de la galería de
arte donde trabaja (“Máscaras de papel”); al pintor que se obsesiona con la
imagen de una mujer que parece implorar su auxilio en el metro parisino
(“Montparnasse, andén uno”); al triste anticuario David Goldssenberg, que tras
el horror del nazismo ha cambiado de identidad (“Mr. Thomas”). A todos ellos
los observa Dionisia con piedad, cautela y delicadeza, para comunicarnos su
intimidad atribulada. Y cuánto se agradece que nos lo cuente.
Por
eso, en estas propuestas narrativas el andamiaje argumental (tan tenue, tan
revelador) se construye sobre imágenes, sobre luces, sobre silencios… Hay que
estar muy pendientes, porque incluso el aire significa, incluso los
silencios dicen, como en los mejores relatos de Onetti.
Busquen el libro y compruébenlo.






