Álex
Sistiaga tiene 53 años y es veterinario. Tras el abandono de su mujer (Sara) y
el desgaste emocional que supone la gelidez distante de su hijo (Hugo), otro
mazazo se deja caer sobre su cabeza: la muerte de Mario, gran amigo de la
infancia. Pero ese cúmulo de erosiones y heridas no constituye (a pesar de su
aspecto aparatoso) más que el preámbulo de la tragedia que se fragua en torno a
él, porque tras la cremación de Mario comienza el auténtico apocalipsis:
desaparece en la ciudad toda conexión a Internet, los móviles dejan de estar
operativos y, lo peor de todo, de las profundidades de la Tierra surge una
oleada de seres sigilosos y violentos que comienzan a expandir el horror. Son
monstruos de elevada estatura que violan a las mujeres, matan y devoran a los
hombres y, cuando el sol aparece de nuevo sobre el horizonte, se retiran dejando
un panorama sangriento en las calles. Es la primera noche de los Nibelungos, a
la que sucederán otras, de forma ininterrumpida. Cada vez que llega la oscuridad,
llegan ellos. Se ha terminado la paz. Se ha terminado toda civilización. Es el
comienzo del horror.
De
esa manera comienza La noche de los Nibelungos, de Miguel Ángel Casaú,
una distopía inquietante y visceral en la que Sistiaga, convertido en
superviviente y en héroe forzoso, tendrá que aprender a moverse en un mundo
hostil, lleno de fauces agresivas, sonidos perturbadores y sombras tan veloces
como nauseabundas. En los escasos momentos en que puede sentirse tranquilo,
porque la luz solar lo protege, Álex recuerda episodios de su niñez (esos
recuerdos cumplen al final de la novela un papel crucial, ya se lo advierto) y
reflexiona hondamente (es otro de los grandes atractivos del libro) sobre los
males de este mundo idiota que los seres humanos hemos ido construyendo (o
dejando que otros nos construyeran y nos dominara): los móviles omnipresentes,
el plástico contaminante, la insolidaridad, el egoísmo, el afán de ganar dinero
a toda costa, la burocracia hipertrofiada, el desdén por los diferentes… No
dejen de leer con cuidado esos pensamientos de Sistiaga, porque señalan con
nitidez las lacras de una sociedad equivocada y estúpida, que tenemos alrededor.
Ya solamente con esos ingredientes La noche de los Nibelungos sería un texto merecedor de aplauso, pero es que Miguel Ángel Casaú se atreve a ir un paso más allá e imprime un giro inesperado en las últimas páginas, que convierten esta aparente distopía… en otra cosa, mucho más sorprendente. Descubran de qué se trata y, si quieren, luego me cuentan.





