Vuelve
Santiago Delgado a este blog, que es su casa, de la mano de su deliciosa obra Doce
escenas cervantinas, que publica la Fundación El Mural de Arte de Hernández
Carpe y que se presta (así lo he
entendido desde el principio y así lo he hecho) a ser leída en voz alta, como
homenaje doble: al viejo maestro alcalaíno y al vigoroso prosista murciano. En
estas páginas descubrimos a un Miguel de Cervantes dispuesto a la alegría de
bailar una chacona (así lo confiesa en grata conversación con su personaje
principal), aunque las fuerzas ya no lo acompañen en su vejez; a una Preciosa,
gitanilla ilustre, que ofrece sus consejos a la sobrina de don Alonso Quijano
para que consiga los amores del bachiller; a un agonizante novelista que, mientras
se apresta a redactar sus últimas voluntades, trae a la memoria a Promontorio,
el hijo natural que tuvo en Italia (convertido después en jesuita) y afirma
haber sido “razonablemente feliz y razonablemente infeliz. Como todos vosotros”
(p.25); a un Sancho Panza que muestra su admiración y su complacencia por el
mundo de la música; a un Monipodio que defiende con buen tino su hermandad de
pobres, frente al insaciable egoísmo acaparador de los poderosos (“Olvidados e
ignorados estamos del Rey Nuestro Señor, y sabiéndolo nos valemos por nosotros
mismos, sin que la república se resienta”, p.35); a una Dulcinea que, despojada
del aburrimiento de ser musa etérea, reivindica su derecho a ser mujer de carne
y hueso, con sus alborotos cordiales y su carne feliz; a un Sansón Carrasco que
traslada el ataúd con los restos de don Quijote para inhumarlos en lugar
desconocido, donde siguen, anónimos; y a otros personajes no menos conocidos y
seductores del entorno quijotesco.
“Aún hay sol en las bardas”, escribe Miguel de Cervantes en el capítulo III de la segunda parte de su inmortal novela. Aún hay sol (mucho sol) en la pluma de Santiago Delgado, inagotable y proteico, al que siempre alegra leer y comentar.






