En
todas las historias de este espléndido volumen de Santiago Casero (que fue
galardonado con el XXX Premio Tiflos de la ONCE) aletea la sospecha de que no
somos sino entes provisionales que ocupamos espacios provisionales; y que una
leve brisa (o un huracán) puede desinstalarnos de la zona que creemos nuestra,
de la felicidad o la calma que creemos nuestras. Una editora que se desplaza en
avión entre España y Portugal para absorber un pequeño sello lisboeta; un
traductor que se encandila con su homóloga en una reunión política de altísimo
nivel entre Reagan y Gorbachov; una mujer que, mientras adquiere un regalo para
su amante, descubre a su marido haciendo lo mismo para la suya; un hombre que,
víctima de un desajuste aeroportuario, se ve zarandeado por la amargura y por
la decepción en las calles de Nápoles; una pareja que, ajena a la paternidad,
se refugia en una adopción canina para maquillar provisionalmente su vacío…
Todos ellos caminan por la existencia sin querer admitir que, como se indica en
la página 96 del tomo, “las sustituciones tienen una vigencia corta, una fecha
de caducidad variable, pero que acaba venciendo siempre”. Quizá porque hacerlo
implica aceptar que el gris es el color que nos acecha en cada esquina y que la
luz, aunque pueda parecernos el gran porvenir que nos espera, no es más que un
simulacro.
Con una prosa excelente y con un sentido de la construcción cuentística fuera de toda duda, Santiago Casero nos entrega un tomo magnífico, donde se nos invita a conocer mejor al ser humano, explorando su alma y diseccionando su corazón. Háganse el gran favor de leerlo. Les va a encantar. Y, seguramente, descubrirán que sus textos también están hablando de ustedes.






