Claudio,
un profesor universitario de literatura que se dirige a Buenos Aires para
dictar una conferencia, sufre en el aeropuerto de Pittsburgh la avasalladora
conversación de Marcelo Abengoa, un empresario que viaja hacia Miami. Con su
locuacidad hemorrágica, Marcelo le explica cómo conoció en el hotel Town Hall a
“la mujer más guapa que he visto en mi vida” (p.57), con la que vivió un
tórrido episodio sexual que se prolongó durante dos días, mientras esperaba la
llegada de su esposa, Mariluz. Fascinado por el embrujo sensual de aquella
mujer, Carlota Fainberg (de la que se separó, consciente de que “no voy a verla
nunca más en mi vida”, p.82), Marcelo reconstruye para un aturdido Claudio los
pormenores de su aventura, que el docente completará cuando, instalado ya en
Buenos Aires, se acerque hasta el hotel Town Hall y descubra los detalles que
su interlocutor no pudo (o supo) suministrarle.
Con su habitual maestría verbal, Antonio Muñoz Molina va esculpiendo ante los ojos del lector una novela corta de impecable factura, en la que los detalles eróticos se mezclan con agudas consideraciones sobre el temperamento del ser humano, sobre la irritante rapacidad con la que se fraguan los departamentos universitarios norteamericanos (más pendientes de las tendencias sexuales o las marcas raciales de su profesorado que de la pura competencia profesional), sobre el deseo y sobre la melancolía que nos regala la pérdida. Encandilado con la escritura del jienense, el único elemento que ha conseguido “sacarme” del ritmo narrativo es la constante utilización (cuyo sentido entiendo, pero cuyo manejo me distrae) de palabras en inglés por parte de Claudio. Comprendo que el profesor español las utilice, pero la proliferación en ciertos párrafos (“Tenía mucho más interés en la story de Abengoa que en su discourse, lo cual, en un profesor universitario, no deja de ser un poco childish: atrapado en una fugaz suspension of disbelief, yo abdicaba de todos mis escrúpulos narratológicos”, p.120) me enfría un tanto el placer de la lectura. Es mi única objeción a un libro admirable.

1 comentario:
Ojecion compartida.
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