lunes, 28 de diciembre de 2015

La ruta prohibida



Llamadme ingenuo, si queréis. Me da igual. No tengo empacho en reconocer que disfruto como un enano con las películas de buscatesoros (tipo Indiana Jones) y con los libros donde se comentan enigmas históricos, siempre que estén escritos con elegancia y con buena documentación. Es lo que ocurre con La ruta prohibida (y otros enigmas de la Historia), de Javier Sierra, donde me ha fascinado descubrir o redescubrir un elevado número de curiosidades que aparecen rodeadas por la niebla.
Por ejemplo, que existen indicios más que suficientes de que Cristóbal Colón pudo estar en América antes de 1992, siguiendo la ruta trazada por otros; que existe la posibilidad de que los templarios llegaran a América y fueran los hombres de blanco y con barba que allí se asocian a los viracochas; que La Ilíada de Homero está llena de códigos astrológicos; que el célebre cuadro velazqueño de Las Meninas es en realidad una representación astronómica de la constelación Corona Borealis, demasiado meticulosa para ser casual; que la religiosa sor María Jesús de Ágreda protagonizó asombrosas bilocaciones que están muy bien documentadas; que los templarios adoraban al parecer un enigmático cráneo que pudo ser el de Jesús; que los nazis peinaron con todo escrúpulo las inmediaciones de Montségur en busca del Grial; que el novelista valenciano Vicente Blasco Ibáñez era un reputado masón, al igual que lo fueron muchos presidentes de los Estados Unidos (en sus billetes de dólar hay pruebas gráficas que lo demuestran)...

¿Hace falta seguir? En el fondo, me da aproximadamente igual que estas raras historias escondan una verdad histórica o se limiten a ser episodios novelescos bien explotados por los estudiosos. Lo importante es que me mantienen viva la curiosidad por las zonas periféricas; y eso me encanta. Seguiré leyendo libros de esta temática cada vez que quiera evadirme o disfrutar del mundo de la imaginación.

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