miércoles, 2 de diciembre de 2020

El síndrome de Diógenes

 


En ocasiones, la vida nos da tantos revolcones que, heridos y decepcionados, nos preguntamos si tiene objeto continuar por el camino. Y se ofrece a nuestros ojos, racional o inconsciente, la posibilidad de salirnos de él, de romper normas, de ser otros, de reinventarnos, de enajenarnos. Le ocurre así al protagonista de esta historia breve con la que Juan Ramón Santos obtuvo el XXXIX premio Felipe Trigo y que ahora aparece impresa por la Fundación José Manuel Lara.

Hablamos de un profesor de instituto que ha atravesado un lamentable proceso de divorcio y que un día, sin saber muy bien por qué, descarga su ira ladrándole a una antigua funcionaria municipal de mal carácter. Ese comportamiento, que al principio le produce bochorno recordar, se le revela después como “el elixir de la eterna juventud, el tónico para seguir sintiéndome vivo” (p.16), como un “juego de la edad tardía” (el homenaje al también extremeño Luis Landero es patente). En ese punto se inicia una deriva curiosísima, que lo lleva a convertirse en “un ladrador en serie, una suerte de serial barker” (p.23) que comienza a intimidar a todo tipo de personas en zonas desiertas. Y, cuando por fin es detenido, se ve obligado a desempeñar servicios sociales en la perrera municipal.

Dejaré en ese punto la acción y permitiré que los lectores descubran por sí mismos el extravagante destino del protagonista, así como las peripecias en las que se verá inmerso entre perros, mujeres lascivas, psicólogas carcelarias y jueces estupefactos. Lo que sí les diré es que podrán descubrir en la obra más de un ángulo o plano de lectura: el humor, la crítica social, el desencanto, la parodia… Y todo, como siempre, servido con la prosa excelente de Juan Ramón Santos. Toda una garantía.

1 comentario:

La Pelipequirroja del Gato Trotero dijo...

No se puede negar que la historia es original y curiosa 🤔😉