viernes, 12 de junio de 2020

Paisaje con río y Baracoa de fondo




Estamos en el año 1997 y Luis Leante publica en la editorial alicantina Aguaclara su novela Paisaje con río y Baracoa de fondo, una historia llena de colores, olores y sonidos que se ambienta en la isla de Cuba y que tiene como protagonista a un famoso pintor que, tras haber vivido durante décadas en el exilio, retorna en los años de la vejez a su tierra natal. Allí redescubre, con ojos de niño y sorpresa en el corazón, los paisajes, las músicas y los aromas inconfundibles de su ayer. Tiene la suerte de encontrar también a una serie de personajes pintorescos, como don Augusto, que atesora la sorprendente habilidad de ver a través de los ojos de los gorriones (“Te quedas mirando fijamente con los ojos abiertos durante horas y cuando el gorrión echa a volar tú ves el suelo abajo, ves los árboles muy chiquitos, y los tejados, y el río allí abajo. Y si el gorrión se posa en un árbol, tú lo ves todo desde allí. Y si se cuela por una ventana, tú ves todo lo que hay en la casa, y oyes lo que se dice allí dentro”, p.73); o como ese personaje que recita en griego clásico sin conocer el idioma (se puede comprobar en la página 91, por ejemplo, y aquí desde luego sonríe el profesor de lenguas clásicas que era Luis Leante); o como esos hombres que, con gravedad y sin asomo de burla, conversan con los muertos.
Hay además en este libro magníficas pinturas de paisajes, estudios psicológicos de primera magnitud, una prosa glotona de fragancias y anécdotas, e incluso algunos guiños destinados a los lectores habituales del caravaqueño. Sirva como ejemplo el instante en el que la Rusa proclama a los cuatro vientos que tiene el piano desafinado, y que necesita alguien que lo arregle y componga. Entonces, “todos se quedaron mirando sin atreverse a preguntar qué cosa era un afinador. Luego vino lo de Zenón Jenaro y todo aquel negocio que se montó en la ciudad” (p.80). Si acudimos al libro El criador de canarios y consultamos las páginas comprendidas entre la 105 y la 121 descubriremos el cuento “Zenón Jenaro, afinador de pianos”, de feliz memoria.
Una aventura sensorial y narrativa de primer orden, que se sigue disfrutando como el primer día y que ha sido reeditada en 2009 por Punto de Lectura.

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