viernes, 14 de febrero de 2020

La devoradora




Vicente Blasco Ibáñez fue un escritor que ganó millones con sus obras, tanto por las ventas en forma de libro como por las adaptaciones cinematográficas, en Estados Unidos fundamentalmente. Esto le permitió, entre otras cosas, vivir en entornos sociales donde pudo conocer de cerca a personajes como los que aparecen en esta novela, que tituló La devoradora. Allí nos encontramos con Olga Balabanova, exbailarina del Teatro Imperial de San Petersburgo que se ha ido convirtiendo desde su salida de Rusia en una asidua del Casino de Montecarlo. Allí ha vivido durante mucho tiempo junto al gran duque Cirilo Nicolás, en un exilio dorado. Ahora, fallecido el noble, sigue sobreviviendo con la venta de sus joyas; y sin abandonar nunca los ambientes lujosos ni las salas de juego.
La narración podría haberse convertido, siguiendo esa línea, en la mera crónica de una decadencia. Pero Blasco Ibáñez introduce en escena a un austero joven bolchevique, Boris Satanow, que es enviado por las autoridades soviéticas hacia la viciosa Costa Azul, para que propague la revolución entre los proletarios galos. Para camuflar mejor su identidad, le entregan una fabulosa cantidad de dinero en joyas, que le haga parecer un multimillonario ocioso y le facilite la infiltración en los ambientes más adecuados. Será inevitable entonces que el ingenuo muchacho (que admiraba en su adolescencia a la bailarina) se encuentre con la Balabanova y que surja algo entre ellos.
Interesante reflexión sobre el lujo, sobre la candidez y sobre la fatuidad hueca de ciertos ambientes, esta novela corta de Vicente Blasco nos muestra de qué forma tan sencilla (y tan rápida) consigue el dinero corromper a las personas, hasta el punto de envilecerlas y lograr su degradación moral.

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