lunes, 21 de mayo de 2018

Una pena en observación




Me detengo hoy en la obra Una pena en observación, de C.S. Lewis, traducida por Carmen Martín Gaite (Anagrama, Barcelona, 1997). Son las anotaciones que este escritor realizó tras la muerte de su esposa, víctima de un cáncer. Son meditaciones donde se nos obliga a pensar sobre el sentido de la vida, la fuerza o las resquebrajaduras de la fe, el poder del recuerdo y el vacío que nos queda cuando perdemos a una persona fundamental en nuestra existencia. Un libro bello y terrible, en el que he encontrado una consideración interesante: Dios no nos envía pruebas para medir las dimensiones de nuestra fe (que él conoce de antemano), sino para que nosotros seamos conscientes de ellas.
“Hay una especie de manta invisible entre el mundo y yo” (p.9). “Me pregunto si los afligidos no tendrían que ser confinados, como los leprosos, a reductos especiales” (p.19). “Es muy fácil decir que confías en la solidez y fuerza de una cuerda cuando la estás usando simplemente para atar una caja. Pero imagínate que te ves obligado a agarrarte a esa cuerda suspendido sobre un precipicio” (p.36). “Si los muertos no están en el tiempo, o por lo menos en nuestra clase de tiempo, ¿hay alguna diferencia notoria, cuando hablamos de ellos, entre era, es y será?” (p.37). “El tiempo en sí mismo no es ya más que otro nombre de la muerte” (p.39). “Creía que podría describir una comarca, elaborar un mapa de la tristeza” (p.83). “Los muertos puede que sean eso: puro intelecto” (pp.100-101).

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