Decide
la editorial Tres Hermanas adentrarse en el mundo de la poesía, y lo hace con
esta colección Rhēma, que dirige Jesús Feliciano Castro Lago y cuya primera
entrega reúne los nombres de Rubén Martín Díaz, Itziar Mínguez Arnáiz, David
López Sandoval y Aurora H. Camero. Cuatro voces que, en palabras del director,
“no se suman: dialogan”. La fórmula es bonita, pero además atinada, porque
siendo autores de escansión y tono tan distintos, es cierto que respiran un
aura conjunta. Rubén nos habla de pájaros que se posan en lo imposible y vuelan
transparentes; o nos asegura que “es la luna la piedra más porosa” y que la
noche es la ecuación con más incógnitas. Itziar nos susurra sobre el destino de
Pompeia, fallecida muy joven hace dos mil años y cuyos restos ahora reposan en
un museo, despertada “de ese breve descanso eterno / que es la muerte”. David
nos regala sentencias profundamente graves y paradójicas (“Dejad que vuestros
hijos abracen la tristeza”) y nos recuerda que un hombre (también una mujer)
está tejido por “los cuerpos que ha adorado”. Aurora, más juguetona con la
formulación visual de sus propuestas, nos adentra en la felicidad de pasar
“toda la noche en brazos de tu dulce compañera” y nos interroga sobre a qué
ángel hemos decidido decapitar. Como se puede apreciar, son torrentes muy
distintos, que portan aguas de diferentes colores, que precisamente por ello conforman
al unirse una suerte de bandera poética: merece la pena conocerla y recorrerla
con calma. Yo, como suelo hacer con los versos, he optado por leerlos en voz
alta, en la soledad de mi despacho. Recomiendo el experimento.
En suma, todo en este volumen revela ebullición y belleza, emanada de cuatro gargantas líricas de enorme poderío que, juntas (tiene razón Castro Lago), dialogan, se hermanan, se potencian y alcanzan una altura notable.





