Santiago
Delgado, con su mirada callada de poeta sensible, se detiene en su último libro
(Sentires y pensares) en la forma en que las rosas y sus sombras
permutan por juego sus colores; en el frescor matinal de las mañanas de otoño
en Murcia; en la hermosura de las naranjas en el árbol (“¡Qué buen mirar que
tienen!”); en la inefabilidad de ciertas bellezas que emanan de las flores (“Yo
sí sé de esa sombra / hecha de piel de pétalo, / pero no sé decirlo”); en el
ansia alborozada e imposible de conocer el nombre de todas ellas; en el amor
que siente por la descripción del paisaje (“Lo creo mío, y me identifico /
mucho con sus pormenores / y aun con sus pormayores”); en los poemas dedicados a
los libros nunca leídos (pero jamás despreciados) de su biblioteca; y en los
homenajes que rinde en la parte final del volumen a figuras culturales de su
predilección (Ovidio, Cernuda, los hermanos Machado, Baremboim, el infamemente
quemado Cristo de Tauste, las muertes tristes de Jorge Luis Borges y Miguel
Hernández, o el arrebato irreversible de Margarita Gil Roësset, aquella
escultora hipersensible que se suicidó, enamorada de Juan Ramón Jiménez, a los
24 años).
Maestro elegante de las seguidillas y de la asonancia (véanse poemas como “Olivo viejo de La Murta”, “Hojas muertas y maletas vacías” o “Acequias”), Santiago Delgado exhibe en esta obra, de forma serena, dos condiciones que siempre he descubierto en su literatura: la de poeta y la de filósofo. Tal vez la versatilidad de sus cuentos, novelas y ensayos haya podido camuflar para muchas personas esas dos vertientes de su pensamiento, pero para mí son cruciales a la hora de disfrutarlo y entenderlo en plenitud. Santiago pasea por las calles, contempla los árboles o las flores, queda en silencio durante la lluvia, reflexiona sobre algunos personajes históricos o deambula por un cementerio; y lo hace, siempre, con las pupilas de un poeta: atentas, receptivas, afiladas. La última demostración son estas 74 composiciones que, con el título de Sentires y pensares, edita con acierto La Fea Burguesía. Búsquenlas.





