viernes, 22 de mayo de 2026

Mileuristas

 


Todos sabemos quiénes son, porque la etiqueta de mileuristas alcanzó pronto una gran difusión en España: esa franja generacional de gente joven que, con preparación universitaria, hablando idiomas y manejando ordenadores, apenas consiguen sobrevivir a base de trabajos temporales, con un sueldo reducido y pocas ilusiones de mejora. Ese dinero (que en ocasiones no llega ni siquiera a los mil euros) los obliga en muchos casos a permanecer en el hogar de sus padres. Si quieren adquirir una vivienda, necesitan el sueldo íntegro de más de una década para lograr su propósito. Es la generación que, inaudita y dolorosamente, vive peor que sus progenitores. A ellos dedica Espido Freire este largo y documentado libro, que explora todos los ingredientes y características del tiempo en que surgió esta generación: la convergencia con Europa, la implantación del euro, las olimpiadas, las sucesivas reformas de la educación, el inglés y la informática como nuevos “abridores de puertas”, las titulaciones inútiles, la aparición de lucrativas universidades privadas, el desencanto de verse sin futuro, la inmigración, el recurso de intentar acceder al funcionariado, los contratos basura, la deriva preocupante (¿tal vez la quiebra?) del sistema capitalista, la perpetua conectividad a través del móvil y las redes sociales, los centros comerciales y sus asfixiantes propuestas de consumo, la fabricación de mentiras flagrantes en los medios de comunicación, los festivales de música (“Se organizan como botellones a lo grande, a lo largo de varios días, con la aprobación y el presupuesto de los ayuntamientos y con zonas vips delimitadas”), la búsqueda de caminos religiosos que no resulten exigentes (espiritualismo new age)... ¿Hace falta que siga enumerando?

Espido Freire dibuja en estas páginas el panorama de las sucesivas generaciones españolas desde una fecha muy concreta (“El mileurista de 2006 se encuentra con sueldos estancados, un espectacular aumento de precios en los bienes de consumo, especialmente de la vivienda, y con informaciones contradictorias sobre el futuro”) y, utilizando una gran profusión de datos y una encomiable sensibilidad, nos habla de los orígenes del problema, su desarrollo e, incluso, las posibilidades de rectificar el rumbo en los años siguientes. Un espléndido resumen del mundo que yo he conocido durante el último medio siglo y que me ha permitido reflexionar sobre algunas cuestiones (y sobre algunos ángulos de esas cuestiones) que descubro bajo una nueva luz.

jueves, 21 de mayo de 2026

La bicicleta de Sumji

 


Solamente había leído hasta ahora un libro de Amos Oz: los ensayos sobre el mundo de literatura que quedaron reunidos en el tomo La historia comienza (https://rubencastillo.blogspot.com/2017/10/la-historia-comienza.html), así que me adentro en esta novela de temática juvenil que lleva por título La bicicleta de Sumji para comprobar si su talento narrativo me interesa.

La obra está ambientada en Israel y su protagonista es un chico tímido, enamorado de Esti y que pertenece a una familia con recursos no muy boyantes. Con motivo de su cumpleaños, el tío Zémaj le regala una bicicleta de segunda mano. Y, pese a su precariedad (no tiene barra y sus amigos piensan que es un vehículo de chica), él se siente feliz con su nueva posesión. Eso no impide que, ante la visión del maravilloso tren de hojalata que tiene su amigo Aldo, acepte el cambio por ella; y, algo después, se verá obligado a cambiar ese tren por un perro (el canje resulta una imposición chantajista del bruto Goel). Esa cadena de trueques lo dejará, de noche, en medio de la calle, sin ánimo de volver a casa. Tiene la sensación de haber acumulado decisiones erróneas, y tendrá que aceptar la hospitalidad de la familia de Esti, mientras medita sobre su situación y sobre los enredos que acechan su vida.

Novela corta, de lectura rápida, que contiene algunas reflexiones interesantes sobre la etapa de tránsito entre la niñez y la adolescencia. Amable.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Los carros vacíos


 

No estamos en el Londres victoriano, ni tampoco en las verdes campiñas de Gran Bretaña, ni siquiera a finales del siglo XIX. No tenemos delante a Sherlock Holmes y su ayudante el doctor Watson. Estamos en La Mancha, en un pueblo de Ciudad Real llamado Tomelloso, en pleno siglo XX. Allí trabaja como jefe de la guardia municipal Manuel González, al que todos conocen con el sobrenombre de Plinio, quien se encuentra realmente en apuros porque, tras el asesinato de dos meloneros en el otoño pasado, aparece en pleno agosto otra víctima. En todos los casos, el modus operandi es idéntico: un navajazo firme y rotundo, dado por la espalda, cerca del corazón. No hay sospechosos. El criminal no deja pistas que permitan conducir a su detención. Las fuerzas vivas de la localidad (el alcalde, el sargento de la guardia civil) presionan a Plinio para que resuelva cuanto antes esa oleada de asesinatos; y él se devana los sesos con la ayuda de su particular doctor Watson: el veterinario don Lotario. Para más inri, aparece un cuarto cadáver, que presenta más navajazos de los habituales. ¿Está el escurridizo asesino variando su método o quizá se trata de un imitador? Mientras reflexiona y pasea por el pueblo, agobiado por la falta de pistas, Plinio recibe la noticia de que el juez ha pedido ayuda a Ciudad Real, para que envíen a la policía secreta. ¿Podrá resolver el caso, antes de que su profesionalidad y su buen nombre sufran ese oprobio?

Con esta primera novela dedicada al personaje de Plinio (publicada en 1965), el escritor Francisco García Pavón iniciaba una serie de relatos que alcanzaría grandes éxitos de público y también de crítica (el premio de la Crítica o el Nadal recayeron en sendas aventuras del personaje), convirtiéndose en un icono de nuestras letras. Muy agradable primer paso, al que seguirán otros en este blog, no me cabe duda.

martes, 19 de mayo de 2026

El lugar

 


Si tu padre ha sido un héroe de guerra, un torturador nazi, el descubridor de una vacuna, un futbolista de élite, un presidente de gobierno o el primer hombre en pisar la Luna, escribir sobre su vida resulta una tarea extremadamente simple: sus propias acciones lo han convertido en “material novelesco” de primer orden y tan solo hay que colocarlas por orden para que los lectores accedan a ellas. Pero si ha sido una persona gris, sin más brillo aparente que el derivado de la normalidad, el asunto se complica. ¿A quién puede interesarle que hizo la mili en Bétera, que le gustaban las alubias estofadas o que jamás perdonó una siesta? De tan banales como resultan sus ingredientes, el guiso deviene rancho de cuartel.

Pero Annie Ernaux se arriesga y nos cuenta que su progenitor abandonó los estudios primarios sin acabarlos, porque tenía que trabajar; que su adolescencia fue dura; que trabajó con poco entusiasmo, pero con aplicación, en una cordelería; que luego reparó tejados (hasta que una caída lo alejó de ese horizonte laboral) y que, finalmente, montó con su esposa un café-colmado en el que logró estabilizar su vida económica. Nos habla también de sus complejos lingüísticos (tenía pánico a quedar en evidencia hablando de forma inadecuada); de que jamás visitó un museo; de que se sentía orgulloso por los estudios de su hija, pero le preocupaba que se concentrara demasiado en ellos; y de que a los sesenta años su salud comenzó a deteriorarse: le descubrieron problemas en el estómago.

Quizá se estén ustedes preguntando a dónde nos lleva todo esto, y la respuesta es tan sencilla como universal: no nos lleva a ningún sitio. Pero no por defecto de la autora, sino porque la normalidad de la vida es así: una hilera de pasos sobre la duna de un desierto que, de pronto, se cancela. Un día, Annie volvió a casa y el padre recayó de su grave enfermedad estomacal. Ella, que se quedó a su lado durante unos días, se encontraba leyendo la novela Los mandarines, de Simone de Beauvoir, pero no conseguía concentrarse. Y nos deja una confesión tan sencilla como conmovedora: sabe que “al llegar a alguna página de ese libro mi padre ya no viviría”. Eso es todo y así ocurrió. Como siempre. Como nos ha pasado o nos pasará a nosotros. La vida.

lunes, 18 de mayo de 2026

Voces de piedra


 

Se ha dicho muchas veces, pero no importa repetir las verdades, con la ilusión de que más personas las escuchen: pasamos por delante de muchos sitios (e incluso, ay, de muchas personas), pero no solemos tener la curiosidad de mirarlos; es decir, de preguntarnos por su íntima entraña, por sus detalles, por su origen, por su sentido. Devienen bultos, y nuestra indiferencia los cosifica todavía más, convirtiéndolos en magma gris. Hasta que llegan unas pupilas afectuosas y nos piden que atendamos, porque van a insuflar vida en ese paisaje aparentemente anodino. Lo hizo Ramón Gómez de la Serna con infinitos cachivaches menores; lo hizo Azorín, paseándose por diminutos lugares de Castilla; lo hace Andrés Trapiello, informándonos sobre el Rastro madrileño; y, más recientemente, lo ha hecho Santiago Delgado con el trabajo Voces de piedra, donde se concentra en la catedral de Murcia y en sus tallas (retratadas bellamente por Ana Bernal), a las que dota de vida mediante monólogos que dibujan lo más notable o llamativo de cada vida. Así, Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, recuerda que escribió al monarca Alfonso “para que fundase universidad en esa tierra”; Teresa de Ávila manifiesta su preferencia por ser recordada “como una mujer en oficio de las cosas cotidianas”; san José lamenta que los calendarios acostumbren a designarlo como “padre putativo” de Jesús (“que no es afortunada añadidura; sí lo fue en cambio su lectura abreviada, que yo celebro: Pepe”); san Leandro subraya sus aportaciones al III Concilio de Toledo (que se celebró en el año 589); santa Ana exhibe orgullosa el rótulo con el cual se la designa en esta ciudad del sureste español (“La agüelica, que dicen en Murcia”); san Basileo añora la paloma que, posada sobre su mano derecha, ahora ya no existe; san Petronio, fundador de la universidad de Bolonia, porta desde hace siglos la cruz de su fe; y san Pablo (por no agotar los cincuenta y cinco monólogos) pone de manifiesto su importancia en la cristalización de la religión cristiana (“Acaso el resto completo de mis compañeros, discípulos de Jesús, sintieron mejor su carisma, y primaron a las razones de su corazón para asumir la doctrina del Maestro. Yo apuntalé las palabras y los hechos”).

Una obra hermosa y culta, editada con primor por la Real Academia Alfonso X el Sabio en el año 2025.

domingo, 17 de mayo de 2026

La niña lectora


 

Puede parecer una historia infantil, pero su cargamento de lágrimas, de tesón y de denuncia social la convierten en algo más. En mucho más. Estamos en los meses posteriores a la Semana Trágica de 1909 y nos encontramos en la costa cantábrica, concretamente en los alrededores de una fábrica de tabaco de A Coruña. Allí trabaja, en condiciones insalubres, la cerillera Leonor, casada con el trapero Helenio y madre, entre otros, de Liberto y Nonó. Él es un muchacho que tiene ingenio, iniciativa y ganas de aprender. De hecho, acostumbra a leer en voz alta para su familia (“Las palabras estaban contentas en su boca”). También es reivindicativo: protesta públicamente contra la guerra de Marruecos, lo que ocasiona un intento de detención por parte de las autoridades. Ella es una niña despierta, que ha aprendido a leer y que, cortándose el pelo como un chico, logra asistir a la escuela. Muerta la madre por culpa de la tisis, Nonó decide superar el dolor acudiendo a la fábrica de tabaco. Y allí encuentra su destino.

Delicado en las descripciones, firme en la denuncia de las miserables condiciones de trabajo de las cigarreras, Manuel Rivas nos entrega una historia lírica, robusta y conmovedora (bellamente ilustrada por Susana Suniaga), que puede (y debe) ser leída en voz alta. A ser posible, mientras tus hijos escuchan.

sábado, 16 de mayo de 2026

El aprendiz

 


De las manos delicadas de Ana María Matute brotó, en 1972, la obra El aprendiz, que leo ahora en la edición de 2013. En ella nos pide que imaginemos un pequeño pueblecito cuyos habitantes viven dominados por la avaricia implacable del viejo Ezequiel, un usurero cuyos préstamos abusivos lo han convertido en el personaje más temido de la localidad. Todos sus congéneres (el panadero, el carnicero, el lechero, el carbonero, el huevero) lo miran con auténtico terror, hasta el día en que aparece en la aldea un niño, que logra convencer al prestamista para que lo contrate como sirviente: apenas le pide un lugar para dormir y poco más. Astuto y taimado, este accede, sin saber que la presencia del muchacho (y sobre todo de su escoba) van a poner patas arriba su mundo y el de quienes lo rodean.

Con un aroma dickensiano y con pinceladas fabulísticas, la escritora barcelonesa nos entrega una historia conmovedora y educativa sobre el valor de la bondad y sobre la redención del espíritu humano, que cautivará a los más pequeños y que tocará también el corazón a los mayores. Hermosa.