José
María Merino publicó en 1986 su primera novela juvenil, que se titula El oro
de los sueños y que yo leo en este arranque de 2026, cuatro décadas más
tarde. Me agrada decir que he disfrutado como un chiquillo con las aventuras
que en sus páginas quedan consignadas. Su protagonista y narrador es Miguel
Villacé Yólotl, un quinceañero mestizo que se quedó huérfano de padre cuando
este se encontraba en una expedición de conquista en América y que ahora,
invitado por su tío y autorizado por su madre, se convierte a su vez en miembro
de una nueva expedición, que tiene como objetivo localizar el misterioso reino
de Yupaha, rico en oro. En esa expedición se relacionará con Juan Gutiérrez, un
pilluelo que tiene su misma edad; con el Adelantado don Pedro de Rueda y su
bella prometida doña Ana de Varela (que lo encandila con sus rubísimos
cabellos); o con fray Bavón, tan valiente como rudo. Durante meses, tendrá que
soportar duras jornadas de hambre, lluvias de flechas de los indígenas, millones
de mosquitos, maquinaciones indignas y desdenes; pero también conocerá
las mieles de la amistad, el impacto de una milagrosa anagnórisis o el
descubrimiento de algunos tesoros inesperados.
El resultado es una novela muy agradable, donde se reflexiona sobre la avaricia, sobre los curiosos meandros que pueden zarandear nuestra existencia y sobre el coraje que siempre es necesario para sobrevivir y tirar hacia adelante.






