Desde
que leí y reseñé en este mismo blog su libro Tipos duros (https://rubencastillo.blogspot.com/2024/12/tipos-duros.html) me dije
que tenía que abismarme en otra obra del autor; y hoy, día de Reyes de 2026,
cumplo mi palabra con El agua del buitre, un volumen de relatos que
salió a la luz en 2020 (año aciago) en Baile del Sol.
El
abanico de sorpresas que el volumen brinda es muy notable y cubre grandes zonas
del espíritu humano: los miedos que nos atenazan, las amarguras y hasta las
perplejidades de la infidelidad, el soplo erosivo de los calendarios, la densa
textura de nuestros sueños… Para conseguir que todas esas emociones alcancen el
ánimo del lector, Andrés abre su caja de sorpresas y nos habla de piedras que,
al ser golpeadas con el pie, recitan versos de Antonio Machado (“Golpe a
golpe”); de ancianos que han muerto y que esperan con paciencia que alguien
descubra su cadáver y lo coloque en el lugar deseado (“Clemente”); de familias
en las que el alcohol, la violencia y las lágrimas enrarecen el transcurrir de
los días (“La fosa séptica”); de situaciones matrimoniales que provocan un
escalofrío en la columna (“El bar de abajo”); de escritores que urden
asombrosas artimañas para lograr de su editor una moratoria a la hora de
entregar su novela (“Los autos locos”); de la adquisición de un mueble
baratísimo, que se convierte en símbolo y en delta de amarguras enquistadas
(“Román paladino”) o de personas que suben y bajan escaleras de forma mecánica
y ritual, sin que los impulse ningún motivo aparente (“La costumbre”).
Todas las propuestas, una vez leídas, te dejan pensativo y resultan admirables. Lo podrán comprobar ustedes mismos, si tienen el buen gusto de adentrarse en este tomo. Pero les confieso una debilidad personal, que no tiene por qué ser la suya: “Sábado noche”. Lo he leído tres veces, en bucle, paladeándolo. Y me parece una maravilla.






