domingo, 9 de mayo de 2021

El arte de mantenerse a flote

 


Si pretendiésemos conocer dónde se encuentra el motor central de este libro de Eric Luna (que acaba de publicar el sello Boria), tal vez sería suficiente con acudir a la página 115 y copiar las palabras que César deposita en los oídos de Isaac (“La mejor manera de no hundirte es no andar pensando, todo el rato, que estás nadando por tu vida. Es más fácil decirlo que hacerlo, lo sé, pero hay que disfrutar cada brazada. Cada metro recorrido. Es lo que yo llamo el arte de mantenerse a flote”). Y digo que sería “suficiente” porque la mayoría de los personajes que nos son presentados en estas magníficas páginas convierten la vida en una aventura, en una gozosa y perenne pirueta, en un presente ecuménico que se saborea con placer. A ratos, como es natural, brota el desánimo, florecen las dudas y palpita el desierto de la incertidumbre; pero el jazz, el alcohol o el sexo contribuyen a que de inmediato se restablezca el orden. O el desorden. O el orden paralelo, personal, subjetivo, que a la postre es el único que nos consigue hacer felices.

En este cosmos narrativo nos encontramos con camareros que no reprimen las ganas de contestar de forma cáustica al cliente maleducado; con desempleados que intentan escribir para rellenar sus horas vacías y que son sometidos a la vigilancia de unos burócratas muy singulares; con inspectores de policía que acaban de ser jubilados y chapotean hacia un futuro agrio; con españoles que buscan la estabilidad laboral en Chile; o con jóvenes que languidecen en la grisura de una fábrica de bizcochos y que encuentran en la música una ventana por la que huir. Añadamos el desasosiego que se respira en el relato “Moloch 3000”; añadamos la delicada belleza existencial de “Mecanografía”; añadamos el humor paródico de “Ganapanes” (donde el protagonista es un escritor español, fácilmente reconocible). ¿De verdad que necesitan más motivos para adentrarse en ese volumen?

Háganme caso e inténtenlo.

1 comentario:

La Pelipequirroja del Gato Trotero dijo...

Pues ahí radica uno de los mayores miedos de mi vida: el miedo a ahogarme en el mar. Todo me viene de pequeña que caí al pantano desde una rueda gigante que usábamos de flotador, continuamente me daba en la cabeza y no me dejaba emerger. Todos me gritaban: ¡nada hacia un lado, nada hacia un lado! pero yo todo era intentar salir hacia arriba, y no podía, hasta que me sacaron 😣😵
Pocas veces disfruto los caminos porque mi cabeza no deja de pensar en el final.

Oye, que me encanta el libro, así te lo digo 💋💋💋