martes, 31 de mayo de 2022

El pasajero de la noche

 


Vuelvo al teatro de María Manuela Reina y vuelvo a salir muy satisfecho de la decisión, porque El pasajero de la noche se me antoja una obra espléndida, casi oftalmológica (en el sentido de que limpia y abre tus ojos como ser humano). Al principio, cuando un tímido Juan Pérez García consigue penetrar de noche en la casa del millonario Javier, protegida por alarmas, guardias armados y perros feroces, no entendemos muy bien cuáles son sus propósitos, porque el intruso se obstina en decir que solamente quiere hablar con el propietario, que además es el jefe de la empresa en la que Juan trabaja. ¿Ha sido despedido y pretende que su contratador rectifique o reflexione? ¿Planea asesinarlo, para vengarse de su descalabro profesional y económico? Nada sabemos, hasta que él mismo, cuando se encuentra a solas delante de Javier, le explica la amarga verdad: Juan acaba de descubrir que su esposa (ahora fallecida) y su jefe eran amantes. Ha llorado de tristeza y de decepción al descubrir que era “un ridículo marido engañado” (p.38), y eso le ha hecho comprender lo endeble que es nuestra felicidad como seres humanos (“Se ama a una persona y resulta que es una desconocida, que no se sabe nada de ella. Se confía en alguien y resulta que lleva una doble vida y que te traiciona”, p.41). ¿Viene Juan a vengarse? Sin duda. Pero quiere hacerlo de una forma poco calderoniana, diríamos, porque le acaba confesando a Javier que su manera de devolverle la ignominia ha sido acostarse con la esposa del jefe y con su poco agraciada hija, de las que se convirtió en amante simultáneo.

En ese instante, cuando el lector prevé que se va a producir un enfrentamiento entre ambos, aflora la parte más asombrosa de este vodevil: Javier y su esposa, Ernesto y la suya, todos los protagonistas, aceptan una cómoda situación de “elasticidad moral”, que les permite vivir sin daño en ese lodazal de infidelidades y camas giratorias. Pero es que incluso van más allá, porque tienen una propuesta para el sorprendido y asqueado viudo, que le exponen sin rubor.

Retrato de una sociedad hipócrita, millonaria, poderosa, huérfana de valores, manipuladora y snob (“Para mí no existen las tentaciones desagradables, como trabajar o tomar las cosas en serio”, expele Matilde), el círculo que Juan se ha atrevido a invadir establece sus propias normas… y también estipula sus propias venganzas. Pronto va a descubrirlo.

lunes, 30 de mayo de 2022

Primeros diarios

 


Hace años que estoy enamorado de varias editoriales. Entre ellas ocupa un puesto especial el sello Funambulista, que publica libros espléndidos, a los que acudo con devoción. Esta vez, se trata de los Primeros diarios de la gran Virginia Woolf, que traduce y anota Arcadia Molinas y que se centran en el período comprendido entre 1897 y 1909. Es decir, entre los 15 y los 27 años de la autora británica: su adolescencia, su primera juventud, su iniciación en los mundos de la lectura y la escritura.

Al principio, como es lógico, las anotaciones son breves e ingenuas, con una chica que nos cuenta su asistencia a recitales, la desaparición de una de sus zapatillas (se considera culpable al perro de la casa), las partidas de billar con su padre, sus estudios de alemán y latín, los juegos con su ratón Jacobi o las óperas a las que asiste. También se nos deja constancia de su tempranísima vocación ficcional, pues se nos habla de una novela (hoy perdida) que estaba componiendo y para la cual tenía pensado el título de The history of Maria’s and Jan’s Grand Tour. Y, salpicando el texto de forma continua, sus inteligentes y variadas lecturas (no pocas le fueron sugeridas por su padre), que incluyen a Dickens, Washington Irving, Henry James, Pepys, Hawthorne, Carlyle, Brontë o Walter Scott. Así, no sorprende que la muchacha llegue a afirmar que “los libros son el mayor refugio y consuelo” (p.67); y que incluso se plantee estudiar una “Licenciatura en Artes (si triunfan las mujeres)” (p.72): es su primer “pensamiento feminista”, a la muy temprana edad de 15 años.

En los años siguientes, Virginia Woolf va acendrando su estilo, intensificando su mirada y perfeccionando sus manejos estilísticos. Es consciente de que “la escritura no tiene fin, y cada vez espero hacerlo algo mejor” (p.119); y también es consciente de que se siente más cómoda entre libros y paisajes que entre los seres humanos (“Encuentro que la soledad es suficiente”, p.138). De esa forma, cada vez más silenciosa y observadora, cada vez más concentrada en su mirar y en su escribir, las páginas se van volviendo densas, profundas, introspectivas. Eso no impide que, en ocasiones, también se deje llevar por pulsiones más livianas, que incluso rozan el humorismo. Como ejemplo, invito a los lectores a que visiten las páginas 138-139, en las que Virginia Woolf desgrana un hilarante discurso sobre los balidos de las ovejas y su posible interpretación.

Los admiradores de esta exquisita narradora del Círculo de Bloomsbury disponen ahora, gracias a este libro que Funambulista vierte por primera vez al español, de un documento impagable sobre los primeros años de la autora de Orlando, Las olas o Al faro, y se sorprenderán de su precocidad.

Maravillosa apuesta editorial, que aplaudo con gratitud.

sábado, 28 de mayo de 2022

Inés y la alegría

 


Inés se define con tanta exactitud en la página 709 de esta novela que me voy a limitar a copiar sus palabras: “Una mujer joven, feliz, enamorada de un hombre y de muchos hombres, de un sueño roto y de sus pedazos, de una causa enterrada, más que perdida, condenada a una inexistencia más injusta que el olvido”. No son palabras casuales. La chica se educó en una familia de ideas falangistas, aunque ella desarrolló muy pronto las suyas (“En aquella época, yo ya había empezado a pensar por mi cuenta”, p.57), que la llevaron a frecuentar el Lyceum Club, donde se entera de la existencia de las Misiones Pedagógicas. Denunciada por un amigo de su hermano en 1939 terminó recalando en la cárcel de Ventas, y después en un convento (donde intentó suicidarse), del que salió para “reinsertarse” gracias a la intermediación de su hermano Ricardo y su cuñada Adela, pantomima que se prolonga hasta el año 1944, en que un acontecimiento crucial transformará su vida por completo: la invasión del Valle de Arán por tropas antifranquistas que se planteaban la reconquista de España. Tras unirse a los combatientes, conoce al capitán Galán y surgirá un amor impetuoso, irrefrenable, que la empapará hasta el tuétano (“Entre la invasión y él, entre España y él, entre la Historia y él, me quedaba con él”, p.316); a su lado sentirá el impulso de devolver la democracia a España, de luchar con entusiasmo por unos ideales de igualdad, de justicia y de libertad que se opongan a la asfixia dictatorial que domina su país. Tendrán que pasar por los disparos, por los escondites, por la clandestinidad, por documentos de identidad falsificados, por disimulos, por el hambre, por el exilio intermitente. Pero todos habrán de hacerlo, pese a los instantes de desánimo (y de ahí el título de la novela) con alegría. “Esa es la consigna, alegría. Para no acusar los mordiscos del destino, la muerte, el hambre, la farsa intolerable de los tribunales, el frío de los paredones al amanecer, la tenaz crueldad de una derrota que renace en la luz de cada mañana. Alegría para no venirse abajo, para no ablandarse, para no ceder al desánimo, para soportar las caídas, para caer con entereza, para aguantar la tortura con la boca cerrada en los sótanos de las comisarías” (pp. 458-459).

Personajes históricos como Santiago Carrillo, La Pasionaria o Jesús Monzón, se mezclan con Galán, Comprendes, Adela, Amparo, Montse o la propia Inés, para componer una novela densa, con hilos que cruzan del presente al pasado, con narraciones que se mezclan y se enriquecen, llena de emociones, de vibraciones y de anhelos, para terminar con una imagen melancólica, de éxito y de fracaso, de alegría triste, de tristeza alegre, en la que los supervivientes de aquellas luchas y de aquellas esperanzas posan, junto a una caja con cinco kilos de rosquillas, para que una fotografía los inmortalice.

Con este volumen, la escritora madrileña comenzó su proyecto “Episodios de una guerra interminable”, compuesto por seis tomos, de los que sólo cinco vieron la luz antes de la muerte de la autora. El titular genérico (ella misma lo explicó) suponía un homenaje a don Benito Pérez Galdós, quien tampoco pudo terminar sus propios Episodios.

Da igual que sean ustedes de derechas o de izquierdas, da igual lo que ustedes opinen sobre Franco, la IIª República, Almudena Grandes o el comunismo: esta obra es un auténtico monumento de la literatura española reciente. Por su belleza formal, por su estructura, por su documentación, por su solidez narrativa. Léanla y se convencerán.

jueves, 26 de mayo de 2022

Papi

 


Después de leer la novela corta Harvey pensé que sería interesante acudir a otro libro de Emma Cline para formarme una idea mucho más completa de su talento narrativo. Pensé, obviamente, en Las chicas, un trabajo que varias personas me habían recomendado en redes sociales; pero justo entonces surgió la noticia de que Anagrama lanzaba su obra Papi, traducida por Inga Pellisa, y decidí que me sumergiría en sus páginas. Ha sido, sin dudarlo, una estupenda idea.

Diez relatos le bastan a la escritora californiana para embriagar a los lectores con su carrusel de personajes (editores que se ponen al servicio de un excéntrico y caprichoso millonario para escribir su vida; reuniones familiares en las que se extiende el aroma de la frustración y de las viejas rencillas nunca resueltas del todo; personajes respetados del mundo del cine que se ven obligados a acudir al estreno de una sandez filmada por su hijo; actrices primerizas que encuentran un trabajo provisional en una tienda de ropa), con su habilidoso manejo de los tiempos narrativos y con su inteligente observación de los pequeños detalles (no es frecuente que la mirada de alguien tan joven alcance sus elevados niveles de profundización). Al final, cuando se cierra el volumen, se queda uno en silencio y se pregunta cuál será el siguiente paso de esta narradora.

Frente a las numerosas promesas incensadas hiperbólicamente por su primer libro que, al lanzar su segunda o tercera obra, comienzan a mostrar sus fallos y su inanidad, da la sensación de que Emma Cline tiene mucho más que ofrecer en el campo de la literatura: una voluntad firme y continua de observar y diseccionar los meandros del comportamiento humano, un espesor estilístico tan eficaz como invisible; y, sobre todo, la contundencia serena de quien sabe mirar y sabe contar. No es tan frecuente, créanme. Acérquense a sus páginas y compruébenlo.

martes, 24 de mayo de 2022

La libertad esclava

 


Dentro de mis oceánicas ignorancias en el mundo de la literatura ya no puedo incluir el nombre de la andaluza María Manuela Reina, de quien acabo de terminar con alegría y gratitud su obra teatral La libertad esclava, que obtuvo el premio Calderón de la Barca y que publicó el sello Antonio Machado. Qué maravilla. En ella me he tropezado con las figuras colosales de Martín Lutero y Erasmo de Rotterdam, que mantienen un encuentro tenso y fructífero (tras años de polémicas a distancia) en el que cada uno trata de explicar sus ideas al otro, para vencerlo o convencerlo.

Lutero se muestra desde el principio como un hombre sensual, interesado por las mujeres, buen bebedor y con aires manifiestamente soberbios (“Yo no puedo obligar a nadie a que comparta mis ideas. Quien desee equivocarse, que lo haga”, acto I); Erasmo, por el contrario, es meditabundo, reflexivo, prudente y humilde (“Sigo careciendo de certezas”, acto I). De tal forma que el diálogo que se establece entre ellos alcanza instantes de enorme tensión, sobre todo por parte de Lutero, que se deja llevar por su parte sanguínea y eleva mucho la voz, llegando incluso a zarandear al viejo Erasmo, del que lo enerva su imperturbable calma (“Yo soy un puñetazo en la mesa y vos un encogimiento de hombros”, acto II). El pensador neerlandés considera que la escisión generada por Lutero en el interior de la iglesia católica no se saldará con la desaparición de una de las dos partes, sino que provocará una lucha perpetua entre ambas, dada la innata inclinación hacia la violencia que late en el alma del ser humano.

Pero el objetivo último de la visita no es el mantenimiento de esta polémica (tan intelectualmente seductora como brillantemente literaria), sino otro bien distinto: Erasmo, llegado al final de su vida, alberga serias dudas sobre el sentido de la existencia y desea que Martín Lutero lo ayude. Y ahí la charla se adentra en lo más cálidamente personal, en lo más desgarrado, en lo más profundo.

Una magnífica obra de teatro que nos acerca, bajo el disfraz de la religión, a las grandes e insolubles preguntas sobre nosotros mismos, Dios y la muerte.

domingo, 22 de mayo de 2022

Mejor que no me lo expliques

 


Leamos el cuento que Imma Monsó coloca al frente de su libro Mejor que no me lo expliques, que publica el sello Alfaguara con la traducción de Roger Moreno: una mujer se obsesiona con descubrir la contraseña con la que su marido protege un documento donde, presuntamente, habla de ella. Incapaz de deducirla (o adivinarla) le pregunta de forma insistente a su esposo, pero él responde que, de vez en cuando, se la dice cuando ella está durmiendo. Leamos ahora el segundo de los relatos: una joven madre recibe la llamada telefónica de una amiga de más edad, francamente pesada, que la entretiene con sus bagatelas y meandros verbales durante el suficiente tiempo como para que se le quemen las cosas que tiene al fuego y su hijo pueda hacer las peores trastadas del mundo, huérfano de vigilancia. Leamos ahora el tercero, en el que un matrimonio formado por un hombre metódico y una mujer aburrida de la inercia conyugal experimentan una importante crisis que se resuelve con una carta larguísima, que el marido ni siquiera llega a leer... Podríamos extender este recorrido de resúmenes a los demás relatos del tomo, y los lectores advertirían de inmediato cuál es uno de sus temas nucleares: la incomunicación, que aquí queda envuelta en la fermosa cobertura de seis historias espléndidas.

Con gran elegancia expresiva, Imma Monsó nos hablará de muchachas que descubren paulatinamente a sus parientes de Burdeos, de chicas que viven en la ciudad de Asfixia o de mujeres casadas que, tras descubrir que en su interior crece un cáncer, descubren un nuevo modo de afrontar y expresar sus emociones.

Sin duda, un trabajo magnífico de la multipremiada y talentosa ilerdense, a la que terminaré (seguro) volviendo.

jueves, 19 de mayo de 2022

La finalista

 


Leer este libro e imaginárselo en la voz de Marisa López Soria es todo uno. Es habitual que suceda con sus historias, pero en ésta, especialmente, la sensación es vívida, inmediata, rotunda: ves la cara sonriente de Marisa; oyes la voz dulce y simpática de Marisa. De esa forma, la historia que nos cuenta La finalista (muy hermosamente ilustrada por Moisés Yagües y publicada por la editorial Mil y un Cuentos en 2013) adquiere unos tintes y unas resonancias especiales.

En sus páginas nos encontramos con la inagotable y ambiciosa Petigrís, una niña que corre, y corre, y corre, con el único objetivo de convertirse en ganadora de la carrera, de cualquier carrera en la que participe; pero el Destino le tiene siempre reservado el papel de finalista que, siendo honroso, a ella le parece insuficiente. Su obsesión es ganar, ganar, ganar. Para ello, practica, entrena, se esfuerza, se deja galvanizar por sus amigos, echa el bofe… pero nada parece ser bastante. Nunca accede a lo más alto del podio. Y, como es lógico, llega un momento en el que se impone reflexionar.

Un libro divertido, ágil y educativo, donde la competitividad y la insatisfacción permanentes son puestas en tela de juicio.