domingo, 19 de octubre de 2014

Los aires difíciles



Todos los libros que Tusquets le había editado a Almudena Grandes hasta la aparición de Los aires difíciles (es decir, Las edades de Lulú, Te llamaré Viernes, Malena es un nombre de tango, Modelos de mujer y Atlas de geografía humana) coincidían en el hecho de reproducir en su portada la imagen de una sola figura femenina, sin paisaje de fondo. Con este volumen se ampliaba la propuesta iconográfica y nos ofrecía en su cubierta dos figuras (un hombre y una mujer) que paseaban por la arena de una playa. Era, pues, una obra que se nos avisaba, ya desde su arranque visual, más densa y compleja que las anteriores. Y basta sumergirse en sus casi 600 páginas para descubrir con gozo que es efectivamente así.
Almudena Grandes se propone (y consigue) reconstruir la vida de sus variados protagonistas (Sara, Juan, Maribel, Andrés, Charo, Damián, Nicanor, Alfonso, Tamara) con escrúpulo arqueológico, detallando con fruición todos sus pliegues biográficos y espirituales, registrando filatélicamente sus emociones, sus miedos, sus zozobras y sus esperanzas. Todos ellos, de un modo u otro, confluyen en la costa gaditana con el objetivo de aclarar, rehacer o varar allí sus vidas; y la autora, Relojera Mayor de esas existencias millonarias de detalles, juega con el curso de las historias y las reconstruye y perfila hacia adelante y hacia atrás, consciente de que “el tiempo no sabe avanzar en línea recta” (p.480) y de que sus protagonistas luchan por ponerse en limpio mientras sienten en sus rostros “el exacto peso del aire” (p.192). Son vidas zarandeadas por el viento, cruzadas por esos aires difíciles que orientan secreta y férreamente sus existencias, hasta que acaban por descubrir que “el levante se lo lleva todo” (p.593).

Estamos ante una obra monumental, definitiva, ciclópea, con una espesura amazónica de detalles, con auténtica densidad geológica; un vendaval de aires y espléndida prosa; una summa novelística que instalaba a la madrileña Almudena Grandes en el territorio literario más difícil de todos: el de la perdurabilidad, que luego ha ido matizando y completando en sus siguientes obras. Compruébenlo si tienen dudas.

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