lunes, 7 de octubre de 2019

Una de cine negro




Solamente dos relatos contiene este volumen que el sello Alcancía le publicó a Pilar Galán. Dos relatos elegantes, densos, certeros y de neta brillantez, en los que el arte literario de la escritora extremeña vuelve a aflorar en todo su esplendor.
En el primero, titulado “Una de cine negro”, nos encontramos con un asesino profesional, frío y desapasionado, que entiende su actividad como un oficio: no deben mediar las emociones, ni los remordimientos, ni los aspectos personales. Se recibe un encargo, se cobra y se ejecuta. Punto final. En ocasiones, acude a un sitio para beber y resume el crimen que acaba de realizar para algunos oyentes. Una despampanante rubia platino que aparece en escena y un marido muerto en extrañas circunstancias complicarán la serenidad apolínea de su trabajo.
En el segundo, “Juicio final”, conoceremos a un chico que soñaba de niño con ser explorador y que, por culpa de la droga, acaba convertido en un desecho humano, para desesperación de quienes le conocen. Uno de ellos será el encargado de cancelar la angustia de su erosión, de un modo sorprendente.
Este delicado volumen, que se lee en poco tiempo, puede servir como prueba para que algunas personas accedan a la narrativa de Pilar Galán. Seguro que después buscan sus restantes libros.

domingo, 6 de octubre de 2019

Golfos de cinco estrellas




Resulta bastante fácil resumir el contenido de la comedia Golfos de cinco estrellas, de Juan José Alonso Millán (Ediciones Antonio Machado, Madrid, 1989), pero ni me apetece acometer ese esfuerzo, ni creo que merezca la pena. Nos encontramos ante el típico enredo presuntamente gracioso donde salen muchos personajes, cuyas identidades resultan ser falsas o andar trastocadas, que luego se lían unos con otros; unos entran y otros salen; unos hablan más y otros menos; algunos pronuncian frases con doble sentido; aparecen algunos señores en calzoncillos y algunas damas con liguero; se esparcen chispitas de erotismo en las conversaciones; resuenan algunas frases pseudofilosóficas, para que el público crea que se está diciendo algo medianamente inteligente; y hay un final tan tonto como previsible.
O sea, pura originalidad teatral.
No sé cómo podría haber sobrevivido sin leer esta pieza.

sábado, 5 de octubre de 2019

Tiempo cenital




Resulta extraño que Antonio Oliver eligiese el adjetivo “cenital” (relativo al cenit, el punto más elevado que alcanza el sol en su carrera) para el bautismo de este libro juvenil. Es verdad que el optimismo preside todas sus páginas (recordemos que el primer verso del tomo es “Declaro abierto el mundo”) y que el entusiasmo guía sus exploraciones temáticas y lingüísticas; pero no es menos cierto que el escritor aún no había cumplido los treinta años, así que le quedaba mucho tiempo para llegar, presuntamente, al cenit pregonado.
Sea como fuere, el caso es que modeló un libro prometedor, tejido con breves poemas donde encontramos juegos religioso-matemáticos (“Si eleváramos los corazones al cuadrado”), personalizaciones sorprendentes (“La colina va descalza”), paradojas de inspiración mística (“Cuánta hoguera de escarcha”) y guiños técnicos que el poeta sublima a dimensiones astrales (“¡Cerrad el conmutador de la luna! / ¡Apaguemos el mundo!”).
En general, todo el volumen está atravesado por lo que Alfonso Martínez-Mena hubiera llamado “las eternas palomas de la fantasía”, porque Oliver Belmás cuida y acendra la expresión hasta los límites de la miniatura, tanto en la órbita de las metáforas (“La canción de escarcha de los timbres”) como en el ámbito de las adjetivaciones, donde evidencia su cuna vanguardista (“árboles halógenos”, “días tetradínamos”).
El autor dice en una página del tomo que un buen poema es siempre una claraboya al sueño. Algunos de este libro, desde luego, lo son.

viernes, 4 de octubre de 2019

Canto a Buenos Aires




Pocas estrofas incorporan mayor pesadez formal que los pareados, cuyo ritmo tedioso y machacón ayuda eficazmente, salvo raras excepciones, al florecimiento de los bostezos desde la línea vigésima. Pero el argentino Manuel Mujica Lainez (1910-1984) tuvo el coraje estilístico y poético de servirse de ellos para elaborar esta crónica, apolínea en la forma y dionisíaca en el espíritu, de su Buenos Aires natal. Casi un centenar de páginas sin salirse del esquema de los pareados (alejandrinos, además) podría inducirnos a sospechar que la monotonía, el runrún soporífero o la condición chata impregnan el texto, pero esta suposición se diluye en cuanto buceamos en las primeras hojas y sentimos la embriaguez de la mejor literatura: léxico amplio, ritmo sabiamente dibujado, mujeres que bordan banderas patrias, pólvora cuyo olor se extiende por la llanura, galopadas de potros, salones virreinales, caserones criollos, testaruda sangre vasca mezclándose con la sangre indígena, heridas que se reciben con heroísmo…
Todo el universo bonaerense aparece condensado aquí, desde que Juan de Garay fundara la ciudad en 1580, y en él burbujean los nombres de Pedro de Mendoza (de la estirpe del marqués de Santillana), Pedro de Melo, Pueyrredón, San Martín o Rivadavia; pero también encontramos un prodigioso número de personajes anónimos (cocheros, ancianas, sirvientes, matronas, fotógrafos), que forman el tejido nutricio de la ciudad, al modo whitmaniano. Se avanza así desde la época antigua (“Los hombres que hoy son calles recorrían la calle”) hasta un presente en el que los hinchas de Boca o San Lorenzo acuden a animar a sus equipos… De ese viaje patriótico, extasiado y multicolor me gustaría entresacar unos versos del cuarto libro, donde nos habla del paso del tiempo de una forma especialmente hermosa, que entenderá cualquiera que haya visto la foto de un antepasado suyo, de cuya existencia ignora casi todos los detalles: “Hasta que al fin la historia se deshace en perfume / y el retrato se borra y el bisnieto no sabe / quién es ese señor de la apostura grave, / sin firma en el reverso ni más anotación / que Nadar, photografe, y alguna dirección”…
Delicado y poeta, Manucho consiguió en estos versos compuestos entre 1941 y 1942 un canto admirable a la ciudad en la que nació.

jueves, 3 de octubre de 2019

Luna menguante




Para alegría de lectores, vuelve José Cubero Luna a las librerías; y lo hace de la mano de la editorial que ha decidido apostar, inteligentemente, por su obra: el sello MurciaLibro.
En esta ocasión nos encontramos con veintiocho historias de generosa amplitud temática y exquisito tratamiento literario, en las cuales el escritor extremeño (o catalán, o murciano) nos permite sumergirnos en situaciones y personajes de lo más atractivo: los humorísticos paseos de un escritor aturullado por su tardanza en terminar un cuento, que le reclaman por teléfono desde una revista (“Entrega inmediata”); el miedo paralizante que acomete al contable López en el momento más inoportuno (“Aracnofobia”); el inesperado giro actualizador que adquiere en sus líneas finales la historia de un rebelde (“Los trabajos de Sísifo”); la modernidad de un cuadro de Goya (“El viajante”); un futuro distópico de lo más inquietante (“Una taza de café”); el germen de una novela de terror, que nos es ofrecido sinópticamente (“El paciente”); las anomalías de una persona con poderes anticipatorios o kinésicos, que le producen espanto (“Premonición”); y, para dejar que los lectores se extasíen por sí mismos, relatos de ambientación náufraga, onírica, bíblica, bélica o nazi, que te van llevando de universo narrativo en universo narrativo, sin que jamás salgas del asombro y el aplauso.
No hay aquí, pese a la ironía del título, luna menguante, sino Luna llena, brillante y espectacular, de la que esperamos seguir gozando frutos durante muchos años.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Naranjas de la mar




Durante el año 2003, el leonés Andrés Trapiello fue publicando artículos en el magazine de La Vanguardia; y en 2007 estos escritos aparecieron recopilados en el volumen Naranjas de la mar, que la editorial granadina Comares puso en las librerías…
En ellos encontramos todo tipo de reflexiones sobre el mundo que rodea al escritor, tanto en el plano literario como en el político, el publicitario, el económico o el costumbrista. De ese modo, cuando el lector del libro se enfrenta con estas páginas reunidas advierte el burbujeo cambiante de los tiempos y las influencias que éstos ejercen sobre el articulista. Nos hablará de un libro del siglo XIX que ha concitado su atención, de su antipatía por la figura quejumbrosa de Juan Goytisolo (“Sus monsergas, que algunos encuentran intemperantes y desabridas, resultan, sin embargo, comiquísimas, como esas acostumbradas y puntuales jeremiadas denunciando, a doble página en los periódicos más importantes, su marginación”), del desprecio infinito que siente por el turbio negocio de la guerra, de las mezquindades mercantiles que incorpora en nuestros tiempos la publicidad, de las fosas de la guerra civil, de la inminente guerra de Irak, del polémico asunto de los derechos de autor (que a su juicio deberían durar lo mismo que duran las herencias nobiliarias o la transmisión de patrimonio de padres a hijos, ad infinitum), de la relación fluctuante entre memoria y fotografía o del noviazgo entre el príncipe Felipe y la periodista Letizia Ortiz…
Ágil siempre en la elección de temas, Andrés Trapiello se muestra en estas páginas algo menos fluido y algo menos brillante que en sus análisis ensayísticos, en sus novelas o en sus páginas de diario, quizá porque en el formato del artículo no se encuentre tan cómodo.

martes, 1 de octubre de 2019

Ma(e)ternidades




Pocas experiencias humanas alcanzan la plenitud de la maternidad, esa función orgánica que acerca a la mujer al rango de los dioses, pues le otorga el sagrado privilegio de crear vida. Y pocas experiencias humanas se dilatan tanto en el tiempo como esa dedicación entrañable, que convierte a la madre, por lo general, en cuidadora perpetua de sus vástagos.
La escritora Zaida Sánchez Terrer mezcla ambas nociones en el original título de este volumen de cuentos que acaba de publicar MurciaLibro, donde se nos habla de adopciones movidas por un impulso azaroso (“Reconocimiento”); madres que comprenden el espíritu que alienta dentro de sus hijas, estando ya en el lecho de muerte (“El último secreto”); mujeres maduras que sufren un abandono conyugal y que deben pensar en la reconstrucción de sus vidas, por ellas y por sus hijos (“Comienzo”); diarios recuperados al cabo del tiempo, que permiten conocer a la persona que los escribió (“Ella, mi madre”); partes tortuosas de nosotros mismos, que emergen cuando nos hallamos saturados por la fatiga, la crianza o la ira (“El monstruo que llevo dentro”); o historias conmovedoras e ilustrativas, como la de la joven republicana Ángela, quien sufre los golpes abrumadores de la guerra civil y las represalias rencorosas de la postguerra, y que consigue mantenerse en pie contra todo pronóstico gracias al amor (“Orfandad”). También, para completar el ambicioso fresco narrativo, la autora nos propondrá relatos ambientados en un viaje espacial que se dirige hacia Marte, madres que se ven despojadas de sus bebés mientras ejercen la prostitución o parejas de lesbianas que difieren en la idea de tener o no tener una criatura.
En este amplísimo abanico de temas y situaciones, el lector encontrará todo un mundo de propuestas, llenas de elegancia formal y buena literatura, que le harán sonreír y llorar, reflexionar y comprender; pero que, fundamentalmente, le harán sentir. Es el atributo de los buenos libros.