viernes, 6 de noviembre de 2026

Billy Budd, marinero

 


Billy Budd, “el de los ojos cerúleos”, tiene 21 años y es gaviero de la Armada Británica hacia el final de la última década del siglo XVIII. Su forma de reclutamiento no ha sido voluntaria: cuando atravesaba el estrecho de Dover de camino a casa a bordo de un mercante inglés, su embarcación se cruzó con el H. M. S. Bellipotent, una potente nave de setenta y cuatro cañones, y el capitán del Derechos del Hombre (así se llama el mercante) no tiene más remedio que ceder a las pretensiones del capitán Edward Fairfax Vere, que lo reclama en nombre de Su Majestad. Como Billy Budd es un chico franco y amable, sin pizca de malicia, pronto se gana la admiración y el cariño de toda la tripulación, salvo la del maestro de armas Claggart, que lo toma entre ojos por algún motivo inexplicado. Con cierta saña, va reuniendo insidias contra el muchacho hasta que, por fin, lo denuncia ante el capitán Vere como participante en un presunto motín que se está fraguando a bordo. Tras varios interrogantes y una muerte accidental, Budd es sentenciado a la horca.

El argumento de esta novela de Herman Melville (que leo en la traducción de Miguel Temprano) es, como puede observarse, bastante simple; y ha llevado a un buen número de críticos a invocar el paralelismo con la figura bíblica de Jesús de Nazaret: William Budd es un muchacho candoroso, ajeno a cualquier rencor o maledicencia, que cuando está a punto de morir sigue mostrando amor por quienes lo condenan. Fuera esa o no la intención de Melville (la obra es tardía y se publicó, inacabada, de forma póstuma), lo cierto es que tal lectura no resulta descabellada. Y la narración, sin ser magistral, es hermosa.

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