sábado, 23 de noviembre de 2019

El hombre y la palabra




Diego García López (Mula, 1947) es un bibliófilo enamorado de la poesía que dispone de una colección de Quijotes absolutamente envidiada y envidiable y que irrumpió en el mundo de los libros con la obra titulada El hombre y la palabra, que apareció en 1987.
Con una bravura insólita en quien se lanza al ruedo de la publicación, el muleño se arriesgaba a la combinación de dos elementos peliagudamente matrimoniables: de un lado, la sencillez inmaculada de su léxico; del otro, el molde formal escogido para plasmar su mensaje: el soneto, una estrofa dura, exigente, que pone a prueba la templanza de los vates más experimentados. Pero Diego García superaba la prueba y, merced a su pasión lírica (“Este pecado, que asumo”, anota el autor en la página 51), era capaz de escribir con frescura y desparpajo sobre temas tan dispares como los políticos (p.54), las lluvias que se presentan en forma torrencial (p.58), el cante flamenco (p.69) o Jorge Luis Borges (p.85).
No obstante, y aun aplaudiendo la viveza de su diversidad, quizá los dos mejores sonetos del libro son aquellos que están situados en las páginas 82 y 83, y que dedica a dos mujeres cruciales en su vida: su madre y su esposa María.
Tanto el vocabulario como las metáforas o las rimas que Diego maneja son extremadamente sencillos. Pero que nadie busque en estas circunstancias un signo de la incapacidad del autor. Muy al contrario, se intuye que han sido pensadas, elegidas y decididas por él para trasladarnos una poesía que le nace del corazón y que quiere comunicarnos sin contaminaciones barrocas.

viernes, 22 de noviembre de 2019

Un dios salvaje




Camilo José Cela se definió ante Soler Serrano como una persona que intentaba pasar por el mundo “haciendo la puñeta a la menor cantidad de gente posible”. Y esa loable actitud, sublimada y acaso deformada esperpénticamente por la modernidad, ha generado lo que ha dado en llamarse “corrección política”. Pero, como siempre que adoptamos un disfraz, los problemas surgen cuando su tela comienza a picarnos o sus hechuras no responden con la flexibilidad que sería deseable. Es entonces cuando aparecen las fricciones, los reproches, la furia de la rabia represada.
Dos matrimonios se reúnen en la casa de uno de ellos, porque el hijo de los anfitriones ha sido golpeado con un palo por el hijo de los invitados; y todos, civilizadamente, quieren discutir la situación para llegar a un acuerdo pacífico, educativo y moderado. Al principio, el talante de los cuatro parece dialogante; después, las personalidades disímiles comienzan a extremar sus parlamentos. La anfitriona, que comenzó edulcorada (afirma en la página 30 que cree “en el poder pacificador de la cultura”), termina explotando ante la prepotencia de los visitantes (“No sirve de nada comportarse con educación. La honestidad es una idiotez, sólo sirve para sentirnos más débiles y desarmados”, p.59). Y el invitado (un abogado sinuoso y que recibe constantes llamadas en su teléfono móvil), harto de fingimientos, se quitará la máscara (“Ya hemos tenido bastante ración de arengas y sermones”, p.59) y vomitará sus ideas más primitivas (“Yo creo en un dios salvaje. Es él quien nos gobierna, sin solución de continuidad, desde la noche de los tiempos”, p.78).
Yasmina Reza nos traslada en esta obra una reflexión ácida y directa sobre el mundo en que vivimos, encorsetado por normas melifluas pero que hierve de brutalidad e instintos por debajo del disfraz. Una pieza de teatro muy reveladora y sincera, que nos obliga a reflexionar.

jueves, 21 de noviembre de 2019

El amor y los días




Un jovencísimo Antonio Aguilar (1973) se dio a conocer poéticamente cuando en el año 1997 le concedieron uno de los accésits del premio García Lorca, lo que se tradujo en la publicación de El amor y los días (Granada, Universidad, 1998).
Se trata de un poemario no muy extenso, donde ya se insinuaban destrezas que el autor iría incrementando en los años posteriores. Aquí observamos ya algunas inteligentes reflexiones sobre el flujo heraclitiano de las horas y advierte su condición imparable, que él sintetiza en una fórmula poética de alta belleza: “La vida que con ademán de estarse pasa” (p.16). Los versos de este volumen (en especial los endecasílabos) están manejados con elegancia, y su tino a la hora de encabalgarlos demuestra el largo y fecundo tiempo que el poeta ha dedicado al apartado rítmico (y también la sabiduría innata que en ese ámbito atesora).
Las ambientaciones que elige para sus poemas son muy amplias, y van desde los territorios urbanos de su Murcia natal (la plaza de las Flores) hasta los paisajes más añejos de Europa (la abadía de Westminster), pasando por algunos escenarios que quizá resulten más coyunturales (como la mención del río Darro, que cruza Granada y que protagoniza el tercer poema del libro).
Se nota, en fin, que Antonio Aguilar estaba buscando y encontrando músicas, que preludiaban lo que vendrían después en sus siguientes libros.
(Como detalle anecdótico, puede consultarse la página 21 de este libro y se observará que el poema está dedicado a un misterioso Ives de la Roca, que volvería a aparecer en su siguiente obra).

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Acción, cámara, rodando




Tras acabar la colección de relatos Acción, cámara, rondando, de Antonio Llamas-Cánaves, descubro que lo único feo del volumen es el título. Todo lo demás, sin excepción, me gusta: el lirismo melancólico de “El grito”, el frenesí narrador de “Tito”, la originalidad espléndida de “Asesinato frustrado de Petrarca”, la dulzura amarillenta de “Apuntes para un final de otoño”, el juego compositivo (tan soberbio, tan eficaz, tan literario) de “El bucle”, etc.
Es una lástima que este narrador no se haya prodigado más, porque me parece que tenía bastantes cosas que decir en el mundo de la literatura regional.
Y subrayo (y copio aquí) una frase memorable: “La vida consiste en ver cómo amanece un día en el que descubres que todo ha cambiado”.

martes, 19 de noviembre de 2019

La voz interior




Leo la breve novela titulada La voz interior, de Jordi Sierra i Fabra (SM, Madrid, 1998), un ejercicio blanducho y descafeinado que a mis alumnos les gustaría más que a mí, y donde se cuenta la historia de una chica (Isabel Carreras) que ha sufrido un profundo shock (con intento de suicidio incluido) cuando una de sus amigas se ha chivado de que mantiene entrevistas, en la habitación del internado de monjas en el que se encuentra, con su novio.
Una monja (sor María, profesora de lengua) tratará de aclarar quién ha sido la amiga lenguaraz, para hacerle comprender a la muchacha que ha procedido inadecuadamente y evitarle así futuros remordimientos de conciencia.
Una viscosidad ideológica, ciertamente. Eso no obsta para reconocer que el autor ha sabido manejar un lenguaje y unas estructuras mentales muy adecuadas para su público adolescente. Pero, en fin, esto no va a ningún lado.

lunes, 18 de noviembre de 2019

El príncipe Caspian




Presentar a C. S. Lewis y sus historias de Narnia al público español es tan innecesario como absurdo: los miles de lectores que han devorado sus libros y los millones que han abarrotado las salas cinematográficas para ver las películas que se han adaptado desde ellos conocen las excelencias de su fantasía demasiado bien como para que se les importune con detalles accesorios o repetitivos. Todos hemos disfrutado alguna vez con las aventuras que Edmund, Peter, Susan y Lucy protagonizan en el mundo mágico de Narnia. Y en esta nueva entrega volvemos a encontrarnos con ellos.
Los cuatro hermanos están ahora en una estación de ferrocarril, cargados de baúles y cajas de juegos, cuando de pronto, sin previo aviso, una fuerza mágica tira de ellos y los devuelve al reino prodigioso del que una vez fueron reyes.
Pero las cosas han cambiado bastante. Miles de años han transcurrido, y el recuerdo de sus nombres y proezas se ha convertido en leyenda popular en la remota isla, dominada por un conflicto bélico de enormes proporciones: el príncipe Caspian, legítimo heredero del trono, es apartado del mismo por un usurpador llamado Miraz, que se ha rodeado de un ejército para consolidar su posición. Los seres de la naturaleza (árboles, faunos, animales parlantes) se alían con Caspian, pero otras fuerzas no menos poderosas eligen apoyar a Miraz, e incluso invocar a la Bruja Blanca (a quien los cuatro chicos protagonistas derrotaron en un episodio anterior).
¿Qué ocurrirá cuando se enfrenten las dos facciones? ¿Qué misterioso juego de fuerzas emergerá a la luz? ¿Quiénes saldrán al fin victoriosos de tan fabuloso choque?
De la traducción de este libro de Lewis (publicado originalmente en 1951) se ocupa Gemma Gallart y de las ilustraciones del volumen Pauline Baynes.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Memoria de Prácticas




Fijémonos en las tres figuras que conforman el esqueleto de esta pieza teatral. De un lado, Maite, una maestra de 55 años que se ha curtido en mil batallas docentes y que se ha acorazado contra ciertas implicaciones emocionales que, aunque plausibles, resultan poco prácticas para el desempeño de su trabajo; del otro, Alma, una joven de 26 años que acaba de aprobar las oposiciones y que llega a la enseñanza con el corazón limpio, la voluntad indesmayable y las ilusiones intactas. En medio, José, un chiquillo de 8 años que procede de un entorno familiar y social bastante delicado, y que se convierte en el centro de atención de Alma, que trata de protegerlo, encauzarlo y salvarlo.
Fijémonos ahora en el paisaje que rodea a estas tres figuras centrales: el colegio Federico García Lorca, situado en una barriada difícil, con una atmósfera de drogas, pobreza y delincuencia, que erosiona la fe de sus docentes y que dibuja para los alumnos un futuro nada halagüeño, que pasa casi inevitablemente por el robo de coches o el tráfico de estupefacientes.
Alma, durante los meses que dura su período de prácticas, centrará sus mejores esfuerzos en José, al que intenta redimir de su destino (que intuye más bien aciago) enseñándole a hablar, a escribir, a dibujar y a concebir ilusiones (promete llevarlo a conocer el mar). Acabado ese curso, tendrá que presentar un informe donde exponga y razone qué ha hecho y por qué lo ha hecho… Pero el azar, con su crueldad inmisericorde, va a convertir ese documento administrativo en un terrible documento humano.
La gaditana Raquel Pulido Gómez, con esta pieza emotiva y excelentemente construida, que publicó el sello Algaida en 2017, fue la ganadora del LIII premio literario Kutxa Ciudad de San Sebastián, en la modalidad de teatro.