domingo, 20 de enero de 2019

Atrapada




Los desórdenes familiares y la repercusión que tienen sobre los adolescentes es un tema que, literariamente, favorece unos argumentos muy llamativos. Ocurre también en esta narración de José María López Conesa, que lleva por título el de Atrapada y que vio la luz en el año 2006, con el sello Nausícaä.
Tres protagonistas (la triple A) construyen la base de la novela: Anabel (quien a sus 14 años está viviendo un auténtico infierno, con la separación traumática de sus padres), Aurora (la madre, que ha descubierto por fin la libertad y que la está gozando sin cortapisas, en medio de salidas nocturnas y compañías masculinas de lo más variadas y frecuentes) y Augusto (quien ha sucumbido al canto de sirena del alcohol y que vagabundea en medio de perdularios y maleantes, durmiendo en lugares infectos y con la autoestima a la altura del betún). Sobre ese triángulo incidirán diversos vectores, positivos y negativos. Entre los primeros se encuentra Roxi, maestra de Anabel, que intenta ayudarla a conseguir el equilibrio en sus emociones; entre los segundos, Bustelo o Walter, que se afanarán en utilizar de mala manera a la incauta adolescente.
Con una acción rápida y llena de meandros, el escritor molinense nos presenta una importante cantidad de reflexiones sobre la vida, la rectitud, los nexos familiares o el amor; y también sobre los cambios íntimos (y también sociales) que van experimentando sus personajes a lo largo del tiempo, sin permitir que los lectores se aburran en ningún instante. Una propuesta llena de interés.

sábado, 19 de enero de 2019

Caminos de otoño



Cuando apenas tenía 28 años, José Ignacio Nájera (Xauen, 1951) se fue a vivir a Murcia, y allí se dedicó a impartir clases de filosofía. Comenzó su andadura con la publicación de algunas novelas, como Olvídate de Alcibíades o Hermanos mayores; y luego obtuvo (en medio de una sonora polémica) el premio Pío Baroja por su obra El enfermo epistemológico (1991). Pero hoy lo traigo a esta página por Caminos de otoño, el ensayo que le publicó la Editora Regional de Murcia tras haber obtenido con él el premio Miguel Espinosa.Nájera, camuflado bajo la piel de un librero que toma nota de sus ideas para entender mejor el mundo (y para entenderse mejor en él), se planta inflexible ante los filósofos más conspicuos, ante las ideologías, las religiones, la Historia, los grandes santones culturales, los poetas, los cineastas, las Torres Gemelas, el fundamentalismo, el racismo o la política nacional; y a todos los somete a la más dura de las pruebas: la del análisis inteligente y desprejuiciado, huérfano de tabúes. Así, liberado de cortapisas que condicionen el rigor de su pensamiento, Nájera se negará a la comodidad confortable de las creencias trascendentes, y nos dirá que la religión es “la locura que saca de la locura” (p.11); se pondrá cartesiano (en su variante alicaída) y nos comunicará que la última certeza absoluta del ser humano es “Pienso, luego muero” (p.79); se negará a una posible adscripción ideológica inocente, afirmando que “la Historia ha dado ya tantas vueltas que nos ha dado tiempo a ver el crimen en todos los puntos cardinales” (p.147); descreerá inflexible de los políticos y concluirá que “nadie que detente el poder evoluciona desde sí mismo” (p.180); o, en fin (y no agoto, ni mucho menos, el catálogo de sus zarpazos), jugará a la boutade diciendo (y lo dice en serio, y lo argumenta) que “la defecación y el parto son los dos actos más parecidos que hay” (p.103).

En suma, una propuesta ideada para lectores inteligentes y con ganas de pensar, que estén dispuestos a despojarse de todo prejuicio antes de entrar en el tomo, y que saldrán del volumen pletóricos, liberados y excitados desde el punto de vista intelectual.

viernes, 18 de enero de 2019

Factbook




Acudamos a una cita de la página 216 de esta novela: “La pregunta de Factbook no es ¿qué estás pensando?, sino ¿qué has hecho?”. Es la forma que tiene el autor, Diego Sánchez Aguilar, de recordarnos que el mundo que nos rodea, acelerado vertiginosamente hacia el desastre, ya no exige de nosotros una actitud pasiva o contemplativa, ni la adopción de una pose testimonial, sino que requiere nuestros actos, nuestra implicación enérgica, la voz muscular de nuestra ira. Entre otras pocas porque es hora de plantearnos en serio la pregunta fascinante y frontal que nos lanzó el catalán Kiko Veneno en una de sus canciones: “¿Para qué quieres la información, si no la usas?”.
En esa línea, Factbook (Candaya, 2018) es la novela del despertar, el chasquido de dedos que pretende sacarnos de la hipnosis interesada en la que los poderes políticos y las elites económicas han logrado sumergirnos desde hace décadas, convenciéndonos de que el curso de la Historia circulaba por los carriles adecuados, y que pretender explorar otros diferentes constituía un desatino. Por eso, Diego Sánchez Aguilar, que ya había hecho saltar la banca de la excelencia con su libro de relatos Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino repite éxito con esta novela auroral, densa, vigorosa e inteligente, en la que los desahucios, la corrupción, la especulación inmobiliaria, la muerte de las ilusiones, el capitalismo salvaje, las manipulaciones mediáticas, la erosión calculada de la educación pública, las series de televisión en las que se maneja la conciencia y la ideología de los espectadores, las hipotecas subprime, el Fondo Monetario Internacional, la CEOE, las redes sociales entendidas como narcótico o desahogo, los gestos éticos en Change.org o el saqueo infame del dinero público se van trenzando para conformar una malla que asfixia y que revela minuciosamente el mundo real (¿o quizá irreal?) en el que vivimos.
Nos encontramos en estas páginas a Rosa, una profesora de instituto con un alto nivel de compromiso político y social, que ha participado en infinidad de manifestaciones y que lucha contra los desmanes del Sistema desde la PAH y desde su centro de enseñanza. Nos encontramos también con Gustavo, un guionista televisivo de éxito que ha decidido acudir a un hotel abandonado de La Manga del Mar Menor para someterse a un curioso tratamiento. Y encontramos, como telón de fondo, los Toros de Osborne (que empiezan a servir como patíbulos para que anónimos vengadores ahorquen a algunas de las personas que han provocado la brutal crisis económica que padece el país) y una extraña organización llamada Factbook, tan inquietante como nebulosa.
Nada más que añadir. Quede el resto (y el reto) en manos de cada persona que lea el libro. Esta novela egregia, de la que esperaba mucho pero que me ha dado más, no admite resúmenes ni etiquetas: es brillantez e inteligencia en estado puro. Diego Sánchez Aguilar, increíblemente, lo ha vuelto a hacer.

miércoles, 16 de enero de 2019

Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible




Lo dice Constance de Salm en la introducción de la obra (“Quería esbozar un cuadro o, mejor dicho, una especie de estudio sobre el corazón de una mujer”, p.11), y a fe que lo cumple con anonadante precisión, porque las cartas que la protagonista de este libro va dirigiendo a su amado conforman un dibujo tan delicado, tan exhaustivo, tan profundo, que terminas sintiéndote subyugado por él… En síntesis, asistimos al proceso anímico que experimenta una mujer que observa a su amado marchándose de una fiesta junto a otra dama. Al principio, trata de distraerse de esta imagen paseando o pintando, pero su recuerdo llega a torturarla hasta extremos inauditos. ¿Por qué se ha ido con la señora de B.? ¿No se da cuenta del dolor que le están provocando los celos? ¿O es que acaso le da igual causarle esa aflicción? “Creía respirar fuego”, anota con rabia en la página 26.
Durante todo el día, con su noche, la dama escribe y escribe, desgarrada, febril, compulsiva, y va haciendo que su sirviente Charles lleve lo escrito a casa de su ingrato enamorado, quien no puede recibirlas por encontrarse ausente. ¿Tal vez sigue con ella? ¿Son ciertos los rumores que le llegan a la narradora acerca de un matrimonio secreto que está a punto de celebrarse y en el que el nombre de su amado aparece comprometido? Por fin, cuando el vértigo y la decepción alcanzan sus límites máximos, la noble y sensible dama piensa en la posibilidad de poner fin a su vida, que considera vacía sin la presencia del inesperado traidor; pero una noticia sorprendente vendrá a rematar la obra con un tirabuzón narrativo, que la autora gradúa y expone maravillosamente.
El único inconveniente que le veo a la obra pertenece, me temo, más a la labor de la traductora que a la pluma de Constance de Salm: la impericia a la hora de mantener los tratamientos de “tú” y de “vos” de forma coherente y homogénea. Así, no es raro encontrarse con galimatías lamentables como éste: “Os lo he dicho cientos de veces: Amor mío, ándate con cuidado; tu infidelidad me mataría; y me matará, os lo repito” (p.66). Si tal desliz se cometiese una vez, ni lo mencionaría; pero su proliferación, más que notoria, aconseja a la editorial Funambulista que revise el texto para una posible y merecidísima nueva edición.

martes, 15 de enero de 2019

Literatura y Guerra Civil




Ramón Jiménez Madrid (Águilas, 1945), uno de los estudiosos más serios y constantes que ha tenido la historia de la cultura murciana del siglo XX, nos ofrece en su trabajo Literatura y guerra civil (Nausícaä, 2006) un recorrido por la obra de todos los poetas, novelistas y dramaturgos que, de forma directa o tangencial, han utilizado en nuestra región el tema de la guerra civil de 1936 como sustancia o telón de fondo para alguna de sus producciones. Y de ese empeño (que era arriesgado y tortuoso, aun a la altura en que nos encontramos) sale indemne gracias a una enorme capacidad para objetivar los análisis, para no sucumbir a la tentación del panfleto, para no cargar las tintas en ninguno de los frentes y para tratar, siempre, de mostrarse integrador, comprensivo, lúcido y dueño del arma más poderosa e insobornable que puede esgrimir un crítico: la inteligencia.
Este trabajo, en palabras de su autor, se plantea como “un libro sencillo que pretende ser claro” (p.27). Y a fe que consigue su propósito. El profesor Jiménez Madrid ordena a los escritores en tres grupos diferenciados, según su edad y su cercanía al conflicto (los participantes en la guerra, los hijos de la guerra, los nietos de la guerra); y luego va aproximándose a sus obras (incluidas algunas inéditas), extrae de ellas las más jugosas citas, entresaca la esencia de su ideología y nos va dibujando, con pinceladas sutiles, el espíritu de estos hombres y mujeres que escribieron desgarradamente sobre “aquella trágica noche española que duró casi tres años” (p.121). Entran aquí poetas (Carmen Conde, Eliodoro Puche, Vicente Medina), autores de cuentos (Alfonso Martínez-Mena), dramaturgos (Fernando Martín Iniesta) o novelistas (Gregorio Javier, Jaime Campmany, Salvador García Aguilar), que escribieron en tiempos difíciles y que se obstinaron en dejar su testimonio para que las generaciones futuras tuvieran noticia de aquellos años atroces y fratricidas, en los que tantos horrores y errores se cometieron.
Refiriéndose al novelista lorquino José María Castillo Navarro dice el autor que es un hombre “imparcial y que trata de mantener una ecuanimidad y un equilibrio admirables” (p.203). Lo mismo se puede pregonar, sustantivo a sustantivo y adjetivo a adjetivo, del propio Ramón Jiménez Madrid, que reniega de fundamentalismos caducos y nos entrega en este volumen un apasionante vademécum de citas, reflexiones, sugerencias y análisis, que nos ayudan a entender mejor de dónde venimos. Y éste es, siempre, el primer paso para saber hacia dónde vamos.

lunes, 14 de enero de 2019

Ayer, sin ir más lejos




Ana y Teo se encuentran desmantelando su casa, al mismo tiempo que proceden a la desintegración de su matrimonio. El hijo común, Enrique (un bigardo carota y chantajista), no constituye suficiente motivo para seguir juntos, sobre todo tras haber constatado que uno y otra se han sido, sucesivamente, infieles: en el caso del marido, con una catedrática de lengua y con una estudiante de Sociología; en el caso de Ana, con un amigo de la pareja (Arturo).
Utilizando continuas e interesantes analepsis, Jorge Díaz nos va mostrando el camino que siguió el matrimonio desde sus albores: compromiso político muy vinculado a la izquierda, consumo de drogas blandas, interés por el sexo tántrico y por las hierbas naturales, etc. Es decir, el modelo progre convencional de aquellos años del tardofranquismo, del que han ido saliendo a trancas y barrancas (con éxitos y, sobre todo, con decepciones). Nada fue al final como esperaban o soñaban; y en ese camino no dudaron en envilecerse hasta límites bochornosos (Teo permitió que su esposa se convirtiera en amante de Arturo para obtener de él un destino político que lo ayudara a despegar en el mundo de las finanzas). Ese ambiente de desencanto queda bien resumido en la página 70 de la obra, en la voz de Teo: “Ha sido una lenta transfusión: de sangre revolucionara a horchata de chufas. Si hubiera usado lentillas a tiempo no me habría equivocado tanto. He repartido mis abrazos a gente sin futuro. Debía haber estado en Suresnes, por lo menos, llevándole un cafetito al compañero Isidoro. Habría hecho carrera y hubiera acabado con una pensión maja, esperando el infarto en Marbella”.
Crónica de un tiempo aciago, en el que las esperanzas apenas alcanzaron a ver cumplimientos tibios, y del que ambos personajes salieron erosionados, Ayer, sin ir más lejos, es una pieza elegante, melancólica y bien trabada, que se lee con un punto inevitable de tristeza.

domingo, 13 de enero de 2019

La mujer burbuja




Una mujer, después de muchísimos años viviendo dentro de una burbuja médica a causa de un accidente (recibió importantes injertos de piel, le pusieron ojos nuevos, etc), recibe la visita de Margus, un prestidigitador que dice conocerla desde hace cuatro décadas y que puede ayudarla a recuperar la memoria perdida. Se llama, le dice, Nadia; y que ambos formaban grupo artístico. Le explica que en marzo de 1939 cruzó la frontera de La Pertus y que, mientras que a él lo recluían en un campo de concentración, ella logró llegar hasta el pequeño pueblecito de Saint Jean de Brel… El proceso de salida de la amnesia llega hasta el año 1988, que es cuando se está produciendo el encuentro: Franco ha muerto, en España hay una monarquía parlamentaria y gobiernan un partido de izquierdas (ante la afirmación de Nadia sobre que “triunfó el socialismo”, Margus aclara: “No, los socialistas”).
La obra, que circulando por esos carriles podría haberse convertido en una pieza notable, se malbarata a partir de ese punto, con personajes que se ponen y que se quitan máscaras, con parlamentos ambiguos y de una simbología mentecata, y con un final en verso (no me atreveré a decir que es poema, porque respeto mucho la poesía) tras el que explota un globo.
En fin. Veinte minutos de lectura distraída y cinco minutos finales de “¿Pero esto qué mierda es?”. Papel para envolver sardinas.