sábado, 18 de mayo de 2019

Sab




Lo bautizaron como Bernabé, aunque prefiere ser conocido por otro nombre, con el que se identifica más cordialmente: Sab. Vive en Cuba, es mulato, procede de una estirpe muy elevada (afirma ser hijo de una princesa)… y es esclavo. Toda su vida ha transcurrido en la hacienda azucarera de don Carlos, donde jamás ha recibido (así lo asegura) vejaciones ni palizas. En su situación, incluso podría sentirse razonablemente dichoso (si cabe la dicha cuando se encuentro uno privado del derecho a la libertad), pero el problema es que está enamorado de su señorita, Carlota, la hija adolescente de don Carlos. Esta arrebatadora pasión, que logra mantener en secreto ante todo el mundo, sufrirá un duro golpe cuando se entere de que un rico heredero acaba de pedir la mano de la muchacha, y que los padres de ambos se muestran de acuerdo con la unión. Y el golpe es más duro todavía porque Sab está convencido de que el joven viene a conquistar a la chica no por su belleza o dulzura sino por el dinero de su progenitor.
Así arranca la novela escrita en el siglo XIX por Gertrudis Gómez de Avellaneda, una escritora hispanocubana que se inscribe en la corriente romántica y que nos muestra aquí sus opiniones sobre el amor, sobre la renuncia, sobre el sacrificio, sobre la esclavitud y sobre otro buen número de sentimientos humanos. A veces, éstos resultan exageradamente histriónicos, sobre todo en los tramos en que se dibuja al personaje protagonista como una especie de santo laico, virginal y abnegado, capaz de renunciar a todo por el amor purísimo de la jovencísima Carlota; pero en líneas generales se puede leer la obra sin demasiado fastidio.

viernes, 17 de mayo de 2019

Quién de nosotros




Ignoraba la existencia de esta primera novela de Mario Benedetti, publicada en el año 1953 con el título de Quién de nosotros. Para mí, erróneamente, La tregua (1960) constituía su primer asalto novelístico. Por fortuna, esta edición que ha caído en mis manos ha deshecho el equívoco y he podido acercarme a la historia protagonizada por Miguel, Alicia y Lucas, que se inicia convencional y se clausura sorprendente.
Miguel es un muchacho tímido, hijo de un padre brusco y enérgico y de una madre apocada. Nunca se ha considerado especial por ningún concepto: ni es brillante, ni resulta un gran conversador, ni destaca por su belleza física. Así que cuando en el liceo conoce a la fulgurante Alicia no alberga demasiadas esperanzas de llegar a resultarle atractivo. Son amigos, eso sí; y caminan siempre juntos hacia casa. Pero el muchacho siente que no logrará pasar de ese punto, y que en realidad está bien que así sea, porque él no se merece (ni sería capaz de retener) a una joven como ella. Es entonces cuando surge Lucas, de verbo fácil y ademanes bastante desenvueltos, que se situará involuntariamente entre ambos.
Dividida en tres bloques narrativos (donde toman la palabra cada uno de los tres implicados para dar su particular versión de los hechos y resumirnos el devenir de sus vidas), Quién de nosotros plantea el tema del triángulo amoroso (con sus mieles, pero sobre todo con sus acíbares) desde un enfoque muy original, sobre todo con el giro que Benedetti imprime a la historia desde el personaje de Lucas, que es escritor y que obliga a ralentizar la lectura para comprender los matices y los nuevos laberintos de la historia. Tras haber asistido a una narración bastante previsible en su línea argumental durante los dos primeros bloques, Benedetti nos zarandea por sorpresa en el tercero.
Un inusual debut del escritor uruguayo que, al parecer, pasó bastante inadvertido entre críticos y lectores.

jueves, 16 de mayo de 2019

Campos de Níjar




Acabo, en muy pocas horas, el libro de viajes titulado Campos de Níjar, de Juan Goytisolo, en una hermosa edición de Seix Barral. Y, a riesgo de convertirme en objeto de críticas o de dar una imagen siempre negativa de este autor, diré con claridad que no me ha convencido.
Me parece ridículo elegir como lugar de visita y crónica un territorio por el mero hecho de que otros lo omitieron en sus viajes (ese "descuido" achaca Goytisolo a los autores de la generación del 98 con respecto a esta tierra). Además, veo muy pocas “gracias literarias” en este texto. Quizá (habrá quien aventure esa explicación) ha querido reflejar con esta ausencia de “literatura” la sequedad de la zona descrita, pero conviene añadir de inmediato que Juan Rulfo lo hizo mejor: no se antoja excusa válida. 
Veo también falso el sentimentalismo llorica de las páginas finales, cuando el narrador ha tenido los santos cojones de dejar con la palabra en la boca al pobre Juan, quien en el capítulo IX le pedía que lo llevase a Barcelona para tener una meta en su vida: ¿cómo se pasa de la imperturbabilidad al llanto estremecido en cuestión de unas pocas líneas?
Lo que sí me ha impactado ha sido la descripción del vendedor de tunas en el capítulo V: sabe que el narrador se las compra por lástima y, por tanto, se niega a cobrárselas; pero le acepta el dinero… ¡como limosna!
Si efectúo la comparación de esta obra con los volúmenes de viajes de Camilo José Cela (por citar un solo caso egregio), esto no vale gran cosa.
Dudo que repita con este autor.

martes, 14 de mayo de 2019

Veinte poemas para ser leídos en el tranvía




Cuarto libro de poesía que leo o releo en este mes de mayo, y todos me aportan gratos instantes de felicidad. Ahora me sumerjo en las páginas de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de Oliverio Girondo, en la edición de Trinidad Barrera (Visor, Madrid, 1995). Son espléndidos los juegos de palabras de este autor, su búsqueda de expresiones líricas renovadoras, su coqueteo constante con el ritmo, la sintaxis y el vocabulario. Formidable, formidable de verdad. Podría ahora añadir más explicaciones, pero serían palabrería innecesaria: me deja tan delicioso sabor de boca que lo más oportuno es, creo, comprometerme a seguir con sus versos dentro de unos días. Es el mejor homenaje.
Me encanta que explique cómo “las olas alargan sus virutas sobre el aserrín de la playa”, que nos hable de “chicas que se inyectan novelas y horizontes”, que nos indique que “no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme” o que nos retrate “unos ojos excesivos, que sacan llagas al mirar”.
Delicioso.

lunes, 13 de mayo de 2019

El invierno en sus brazos




Me apetecía releer, dieciocho años más tarde, el libro de poemas El invierno en sus brazos, de mi hermano Pascual García (Universidad, Murcia, 2001), un ejercicio espléndido de bellezas y Belleza. Hay en su poesía latidos, emoción, susurros de un viento que pasa y se lleva la vida, latidos de un corazón que se asoma con timidez al brocal de los labios y expande su melancolía. Pascual ha encontrado el modo de decir con sus palabras la Palabra, y en eso se revela que es un poeta de honda configuración y de inquebrantable futuro, cuyos versos no son (no lo han sido jamás) meros pasatiempos estilísticos, sino profunda verdad revelada e inmortalizada en el papel.
Pascual ha habitado las palabras y se ha hecho en ellas refugio, vivienda, hogar; y ha aprendido a usarlas como un manto contra los fríos del tiempo. He aquí el amor, y las caricias, y la cascada de los meses, que moja el alma de los hombres. No es Pascual un poeta del tiempo, sino “de tiempo” (lo cual es más).
En la lectura inicial, que hice en diciembre de 2001, subrayé en el libro estos dos versos, que sigo encontrando magníficos: “Pasan los años y la vida tiene / el color de los sueños incumplidos”.
Es uno de mis poetas.

domingo, 12 de mayo de 2019

El mundo es ansí




Sacha es una joven rusa, altamente idealista, que ha decidido estudiar medicina para contribuir a la mejora del mundo. Y lo hace pese a la oposición de su padre, el despótico y arbitrario general Savarof, quien no se muestra nada partidario de las ideas avanzadas de su hija y quien tolerará de mala gana su dedicación a los estudios, las reuniones de jóvenes revolucionarios y la vida bohemia, en la cual se relacionará con todo tipo de personajes, desde la ingenua Vera hasta el ambicioso Klein. Dos matrimonios fracasados, viajes por numerosos países y una llamativa frase grabada en piedra en el pueblo español de Navaridas impregnarán al final el alma de Sacha.
Con prosa rápida, párrafos cortos y capítulos ágiles, Baroja nos va retratando no sólo la vida de los protagonistas, sino también mil y una anécdotas de personajes secundarios, que se cruzan con ellos y enriquecen nuestra visión de aquel mundo y de aquel tiempo.
Obviamente, nos encontramos en estas páginas con lo más representativo del escritor vasco: un cierto desaliño estilístico, la tendencia a presentar ideas chocantes en forma de diálogo entre sus criaturas, sus constantes ataques a los judíos, la admiración evidente por Tolstoi y Dostoievski, su fobia por Calvino (“sombrío dictador de Ginebra”), su rechazo por el Corán (“Es la cosa más pesada y fastidiosa que pueda usted imaginarse”) o su visión sarcástica del amor (“Es una mentira que a la luz de la ilusión tiene el carácter de la verdad”). En suma, un volumen con el que resulta imposible aburrirse, aunque no se encuentre entre las producciones más señeras del donostiarra.

viernes, 10 de mayo de 2019

Tanta pasión para nada




Muy variados son los argumentos que nutren Tanta pasión para nada, de Julio Llamazares, pero el efluvio que todos desprenden y que se traslada hasta los ojos del lector y penetra en él es uno solo: la melancolía. O, dicho con más palabras y con más detalle: la impronta que la tristeza, la añoranza, la derrota o el fracaso graban sobre la piel del corazón.
Y muchas serán las vasijas argumentales que maneje el gran autor leonés para servirnos ese licor: el futbolista que se enfrenta a la jugada más difícil de su trayectoria profesional, mientras recuerda cómo lo ha tratado la vida hasta llegar ahí (“El penalti de Djukic”); el jubilado de Correos que, embarcado en un amargo proyecto de despedida, se reencuentra con alguien imprescindible de su ayer (“Los viajes del tío Mario”); el periodista que, en plena Nochebuena, se descubre solo e idea una farsa para disminuir la acrimonia del instante (“El amigo invisible”); y, sobre todo, una gran número de personas avasalladas por la guerra civil de 1936, de quienes conocemos su amargura íntima (creo que “El médico de la noche” es el relato más perfecto en ese ámbito).
Un libro para degustar en silencio y con lentitud y que nos deja perlas como esta fábula con la que cierra sus páginas y que no me resisto a copiar: “Mis padres se pasaron la vida pensando en el día de mañana. Tú piensa en el día de mañana; tú ahorra para el día de mañana, me decían. Pero el día de mañana no llegaba. Pasaban los meses y los años y el día de mañana no llegaba. Hoy, de hecho, mis padres ya están muertos y el día de mañana aún no ha llegado”.