jueves, 16 de noviembre de 2017

Manual de jardinería (para gente sin jardín)



Hay libros ante los cuales el crítico se queda pensando sobre qué decir de la obra y, al final, se rinde ante una idea muy sencilla: lo único que quiere explicar en realidad es que está fascinado, que le ha parecido muy buena, que ha disfrutado, que se ha emocionado, que le irritó que se acabase. Así de simple. (Quizá se trate de la crítica menos profesional o menos erudita, pero también es posible que se trate de la más sincera o adecuada).
A mí me ocurre con Manual de jardinería (para gente sin jardín), que la editorial Relee le publicó a Daniel Monedero. Nada más sumergirme en las páginas líricas de “Universos paralelos” o en ese hermoso relato crepuscular sobre un Huck Finn que no ha dejado nunca de añorar a Tom Sawyer y que en su vejez lo rememora y busca (“Llamadme Mississippi”) ya supe que estaba ante un volumen especial, seductor y magnético. Pero es que luego vinieron “Manual de jardinería” (ese voluminoso chico negro que descubre en su interior el alma de una poeta polaca de gran fama internacional) o “Último verano en Seattle” (deliciosa crónica lánguida del final de la adolescencia, que me hizo recordar inmediatamente algunos textos de Los pobres desgraciados hijos de perra de Carlos Marzal) y ya me rendí: estaba ante uno de esos libros. Uno de esos libros.

Me resisto a aplicar a estos relatos las habituales categorías del crítico literario que en el fondo no soy, así que me limitaré a ponerme en pie, aplaudir e invitar a todos para que acudan a este libro. Es mágico. Es brillante. No les defraudará.

martes, 14 de noviembre de 2017

Guerra y pan



Jesús Zomeño lo ha vuelto a hacer. Tras publicar aquel libro excepcional de relatos titulado De este pan y de esta guerra (Contrabando), que nos trasladaba al mundo de la Primera Guerra Mundial y por el que recibió el premio de la Crítica Valenciana, amplía ahora el ciclo con Guerra y pan, que no desmerece ni un ápice del anterior.
Los protagonistas de estas nueve historias vuelven a ser combatientes ingenuos o tristes, mutilados de guerra o viudas arañadas por la melancolía. Seres, en suma, heridos por la ignominia bélica, que sobreviven como buenamente pueden: unos consiguen quedar protegidos por la amnesia (como en el relato anafórico del soldado Rusty); otros se envolverán en un humor triste, tras el que se esconde una lección espeluznante (Marcel Galliard); y otros, en fin, cazarán moscas en las trincheras, para matar el tiempo y soportar la vileza y el horror que los cercan.
De las nueve historias, que están magníficamente construidas y donde el lirismo aflora en los lugares más insospechados (la estructura epitafial de “Hablemos de la belleza” es sobrecogedora), dos sobresalen a mi entender por encima de las demás: “Máscaras” y “Moneda francesa”. En el primer texto asistimos al diálogo entre dos mutilados faciales, un inglés y un alemán, que abordan temas como el odio, la conmiseración o la divinidad y que culmina con un cierre de brutal intensidad psicológica; en el segundo veremos a un mendigo que recibe con amargura las monedas galas que una berlinesa deposita junto a él, y que acabará siguiendo a la mujer para descubrir el misterio que porta en sus ojos.

Libro duro. Libro magnífico. Libro canónico. De los que se pueden releer cada cierto tiempo para descubrir nuevas aristas y nuevos brillos. Guerra y pan confirma la calidad exquisita de este narrador albaceteño afincado en Alicante.

lunes, 13 de noviembre de 2017

La Cofradía de la Luz de Gas



Escribir para niños y jóvenes no es tarea en absoluto sencilla porque, como muy bien se ha indicado, este grupo constituye el segmento más crítico de la masa lectora: jamás maquillan su decepción con afeites moderados; jamás incurren en el elogio cortés; jamás renuncian a decir en voz alta su verdad. Por tanto, quien ose presentarse ante ellos con una novela se arriesga a enfrentarse con el público más exigente y sincero.
Carlos de la Fé lo hizo en La Cofradía de la Luz de Gas, que obtuvo en 2011 el premio Francisco González Díaz de novela juvenil y que fue publicada por Anroart Ediciones en 2013. En estas simpáticas páginas nos encontramos con María del Pino, una niña que se ve forzada a pasar unas vacaciones veraniegas en la Villa de Teror, en la casa de sus abuelos, y que se verá envuelta allí en unos extraños sucesos. Años atrás, la iglesia local sufrió un espectacular robo, que supuso la desaparición de todas las joyas de la Virgen, sobre todo una rana de oro con cuatro esmeraldas que donó al templo, en 1691, doña Luisa Antonia Trujillo y Figueroa. Pero ahora, tras leer una vieja carta dirigida a su abuelo, la niña comienza a sospechar que dicha rana podría haber sido robada por alguien de la familia.
Con la ayuda de algunos niños de Teror (Néstor, Jacinto, Anita) comenzará sus investigaciones, que la llevarán a un descubrimiento más que sorprendente.

Ágil en las descripciones, fluido en la composición y certero en los diálogos, Carlos de la Fé logra una novela muy estimable, que se lee con agrado y que deja un estupendo sabor de boca.

sábado, 11 de noviembre de 2017

La hipótesis Saint-Germain



Lo dijo William Shakespeare, por la boca del príncipe Hamlet: “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de las que han sido soñadas por tu filosofía”. Y lo podríamos repetir después de terminar esta novela de Manuel Moyano, que se titula La hipótesis Saint-Germain y que obtuvo hace no muchos meses el XVII premio Carolina Coronado de novela.
Desde el principio, con esa capacidad mágica que tiene el escritor cordobés para erigir atmósferas de la más delicada y convincente textura, nos vemos inmersos en una asombrosa concatenación de sucesos: el editor Daniel Bagao, director de la revista esotérica Mundo Oculto, recibe la visita del desmañado Ismael Koblin, quien asegura haber descubierto la actual identidad del escurridizo conde de Saint-Germain, aquel personaje que, desde el siglo XVIII, ha sido visto en varios países y por diferentes personas, y a quien se atribuye el don de la eterna juventud. Según afirma, ahora se hace llamar Joseph Curran, y es un conocido y misterioso multimillonario que vive en Estados Unidos, alejado de cualquier forma de publicidad. Bagao, que se muestra escéptico ante estas revelaciones pero que no pierde su olfato comercial, le concede un cierto margen de maniobra a su estrafalario visitante, para que prosiga sus investigaciones. Pero muy pronto comenzarán a acumularse las perplejidades, los nuevos descubrimientos… y las contundentes amenazas de Curran, a través de uno de sus sicarios.
Decir que la novela es magnética se antoja insuficiente: es un maravilloso reloj narrativo, en el que Manuel Moyano ha vertido sus mejores habilidades como documentalista, como ingeniero de la trama y como prestidigitador de la intriga. Y todo ello, huelga precisarlo, con la prosa excepcional que ya conocemos por sus libros anteriores.
Durante las primeras doscientas treinta páginas, el lector queda hechizado por la inquietante solidez del argumento, que apenas concede (y es un elogio) respiros. Pero cuando se adentra en las cuarenta últimas es cuando el novelista lo deja clavado al asiento y sin poder apartar los ojos de las líneas. Es tal el despliegue de fantasía y la magnitud científica e histórica de lo que cuenta Manuel Moyano que lo sumerge en un crescendo difícilmente superable, del que emerge como dijo Julio Cortázar que salió de las páginas de Paradiso: con los pulmones a punto de explotar.
Insisto e insistiré: por su imaginación, por su léxico siempre luminoso, por su sintaxis fluente, por la sabiduría de su ritmo novelesco, Manuel Moyano es uno de los mejores narradores vivos de nuestro idioma. Dicho queda.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Cuaderno de Sarajevo



Un libro terrible y que mete la impertinencia del dedo en el dolor sangrante de la llaga. Hablo del Cuaderno de Sarajevo, de Juan Goytisolo (El País/Aguilar, Madrid, 1993), que lleva el clarificador subtítulo de “Anotaciones de un viaje a la barbarie”. Describe en él la brutal matanza que los serbios perpetran contra los bosnios, ante la pasividad (o con la connivencia callada) del mundo “civilizado”. Goytisolo amontona palabras espantosas e imágenes impactantes para denunciar la atrocidad, pero hay cosas que en esta actitud suya me disuenan. Por ejemplo, se burla de que un tal general Morillon regalase a los niños destrozados de un hospital “un gran oso de felpa” (p.35), pues le parece un gesto vacío, gratuito y tontucio; pero, en cambio, sí ve muy normal lo que él hace: proponer al poeta Abdulah Sidran, en medio de los terribles bombardeos y los francotiradores, elaborar “una antología literaria bosnia” (p.104). No sé, ese tipo de intelectualismos snobs.

Por otro lado, el libro escarba en la herida más cruel de todas: el doloroso desentendimiento de un mundo rico que no se implica en los problemas que no afectan a su cartera. Pero que Goytisolo descubriese eso a la altura de 1993 se me antoja de una ingenuidad infantiloide. Un tomo, en fin, para la reflexión.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Impacto narrativo



Se ha vuelto a hacer. Después de las monumentales aproximaciones a la literatura murciana elaboradas por Francisco Javier Díez de Revenga, Mariano de Paco, Santiago Delgado o Ramón Jiménez Madrid, la investigadora Consuelo Mengual ha decidido sumarse a esa línea, tan exigente como ambiciosa, y ha publicado en el sello La Fea Burguesía su trabajo Impacto narrativo (Ecos de un meteorito), donde lejos de concentrar sus energías críticas en los autores de Molina de Segura (como parece deducirse del título) ha tenido la generosidad y el ímpetu de expandirlas a todos los rincones de la Región de Murcia.
De tal manera que ha incluido en este recorrido a un elevado número de autores de procedencia o de radicación regional, de quienes deja en estas páginas unas completas notas bio-bibliográficas, muy útiles para situarlos en el panorama literario. Y todo ello enmarcado por unas reflexiones teóricas de gran interés, que fueron el núcleo de su investigador doctoral y que ahora, por suerte para los lectores, salen del mundo universitario para incorporarse a las bibliotecas, donde podrán ser conocidas y valoradas por el gran público.

Una estructura perfectamente organizada, una selección de informaciones muy cuidadosa y unas citas siempre plásticas y atinadas son detalles que convierten esta obra en un documento excepcional para los amantes de la literatura.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Amapola entre espigas



Voy hasta la novela corta Amapola entre espigas, de Eugenio Noel (Emiliano Escolar, editor; Madrid, 1980), y es realmente pasmoso el número de errores gramaticales, fallos rítmicos, desajustes psicológicos, parlamentos de plastilina e ingenuidades ideológicas que el volumen contiene. Qué narrador más torpe, Dios mío. Primero, nos planta ante los ojos a la señorita Marga, angelical, bella, dulce, inteligente, alegre, seductora y candorosa; luego, nos muestra sin transición a sus dos pretendientes: Pedro Juan (fino, educado y culto) y Nicolasón (un bruto analfabeto cargado de millones); más tarde, ella “pigmalionea” al segundo y, una vez desbastado, se decanta por él; y como colofón blando y chorreante de melaza le dice que todas sus tierras (ahora ya comunes) deben dárselas a los campesinos, pues ellos sólo precisan para vivir de su mutuo amor. Cágate, lorito. Y si se pretende decir que Marga es un símbolo del intelectual regeneracionista, y que Nicolasón es la España protocultivada de principios del siglo XX, yo digo que tururú. Alguien con esta prosa no pudo cobijar ideas tan hondas (y si lo hizo, las formuló de auténtica pena). Hay, eso sí, algún instante estilísticamente llamativo, como cuando dice de las manos de Nicolasón, para indicarnos su enormidad: “corridas de toros podía haber en ellas y sobraba sitio” (p.72). O cuando alude a “la cima escabrosa de los treinta años” (p.70). Pero, en bloque, esta obra no pasa de ser una trama absurda hilvanada con personajes insostenibles.