domingo, 12 de julio de 2026

Clarissa


 

Sigo con los libros de Stefan Zweig, de quien ahora recorro su novela inconclusa Clarissa, en la traducción de Marina Bornas Montaña para el sello Acantilado. Su protagonista es la hija de un militar austríaco que, huérfana de madre y criada en el colegio de un convento en Viena desde los ocho hasta los dieciocho años, tiene que enfrentarse sola al mundo cuando su progenitor, apartado del servicio, decide irse de la ciudad. Tanto su hermano como ella tendrán que abrirse camino en la vida de un modo autónomo: él, como militar; ella, como ayudante del psiquiatra Silberstein, quien no comparte con su colega Sigmund Freud la idea de que conocer el origen de las neurosis sea positivo para sanarlas: él prefiere aportar al paciente otra obsesión distinta, que le resulte inofensiva… y útil (“Más bien creo que se sienten mucho mejor los que no conocen sus puntos débiles. Es mejor no conocer jamás tus propias flaquezas”). Durante un congreso en Lucerna, al que asiste por indicación de Silberstein, conoce a Léonard, un profesor de instituto de Dijon, que cree en el poder de la educación, en el socialismo y en la importancia de la gente anónima (“¡Ah! Amo a la gente pequeña, a los no ambiciosos, a los que no hacen ruido, a los comedidos; son los fuertes y justos sobre los cuales, según la Biblia, se erige el mundo”), además de odiar la guerra y considerar las ideas nacionalistas como altamente peligrosas (“El nacionalismo lo corrompe todo. Es el mal que coloca una única patria por encima de todas las demás. Nos involucramos de lleno en las necedades que cometen nuestras naciones. En el patriotismo. ¿De qué nos sirve ser honrados y bienintencionados si encima de nosotros hay un puñado de personas que no quieren serlo? Ellos miran las banderas extranjeras con la hostilidad del toro que se abalanza sobre la tela roja. Tenemos que romper con el patriotismo. ¡Al diablo con las naciones!”). Fruto de esa relación, que se inicia como amistad y que culmina como amor, es el embarazo de Clarissa, que no descubrirá hasta que, unas semanas más tarde, se encuentren en plena Guerra Mundial, con él en Francia (su país de origen) y ella en Austria: el azar caprichoso de la geopolítica los ha convertido en enemigos.

Una novela excelente, como no podía ser de otro modo, llena de inteligentes reflexiones sobre el honor, la honradez, el amor, la fidelidad y la entereza; pero que deja un poso agridulce en los ojos cuando, al llegar a las páginas finales, comprendemos que la historia no terminaba ahí. Qué pena.

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