sábado, 24 de julio de 2021

Lais

 


Me dejo seducir durante unas horas por los Lais, de María de Francia, que abordo en la traducción de Luis Alberto de Cuenca (Acantilado). Y es que algunas veces apetece desconectar de la actualidad, de las complejidades del presente, y sumergirse en ingenuas historias del pasado. Para esa función me han servido maravillosamente estos relatos, que son unos cuentecillos medievales narrados con gracia y con sencillez, donde los tópicos de la época (el elegante caballero gallardo, airoso y lleno de virtudes; la dama purísima, cuyos ojos son siempre el espejo de un alma intachable; los amores secretos, que conviene resguardar de las miradas ajenas) se deslizan ante los ojos de una manera suave. En suma, unas horas de lectura ingenua y llena de encanto, que se agradece como beber un buen trago de agua fría en verano.

Y una frase que subrayo y que transcribo aquí: “El que ha recibido los dones divinos de ciencia y elocuencia no debe quedarse callado ni esconderse”.

Sé que releeré este libro dentro de unos años.

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