Si el lector tiene ante sí el volumen de relatos La vida anticipada, de Francisco Javier
Guerrero (Adeshoras, 2020), permítame que le ofrezca dos consejos de amigo: el
primero, que no dude sobre si sumergirse o no en las páginas del tomo. Hágalo.
Es una obra estupenda. El segundo consejo, que se arremangue y se disponga a
concentrar toda su atención en cada página, en cada párrafo, en cada línea,
pues el libro es exigente. No hay aquí un desarrollo o avance clásico, donde
los hechos y caracteres se van exponiendo de forma lineal, sino un susurro de
frases cortas, de elipsis, de aproximaciones tangenciales, que requiere la
ardua y constante participación de la persona que está leyendo. Hay viajes en
el tiempo, hay niños que desaparecen antes de una explosión nuclear, hay
emociones que se ofrecen resguardadas en burbujas de difícil acceso e incluso
propuestas de formato visual infrecuente (“Los mares de Dirac”). Y todo ese
universo compacto, lírico, hermético, cuajado de laberintos, ouijas, cobertizos
e insinuaciones, no está esperando para revelarnos sus tesoros ocultos, que son
muchos y se encuentran a diferentes niveles de profundidad.
Una obra que sin duda resultará incómoda para un cierto tipo de lectores, pero que ofrece gratificaciones para quienes se sumergen en ella con el neopreno de la curiosidad.
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