domingo, 2 de mayo de 2010

Breve historia de la Región de Murcia




Se cuenta de un opositor a cátedras que, habiéndole correspondido exponer ante el tribunal el tema La guerra de los Treinta Años, abrió su disertación con esta asombrosa muestra de sangre fría: «Observen los señores miembros del tribunal qué raro prodigio: he de resumir en diez minutos una guerra que duró tres décadas». Juan González Castaño podría haber suscrito tan atinado dictamen en el prefacio de su Breve historia de la Región de Murcia, que le ha publicado Tres Fronteras Ediciones. Y es que, en efecto, la destreza de este tomo consiste en que su autor ha tenido que condensar en cuatrocientas páginas todo lo que sabe —que es mucho— sobre el devenir cronológico de nuestra provincia: años de investigación y centenares de trabajos eruditos, que él adelgaza con prosa asequible para que los ciudadanos de esta tierra conozcan de un modo ordenado y fácil los entresijos de su evolución, los pormenores y jalones de su decurso, y un selecto elenco de nombres indispensables que nos permitan saber quiénes somos, cómo somos y por qué somos.
Con cautela intelectual que le honra, el académico González Castaño utiliza en ese prólogo palabras humildes (compendio, divulgativo, rudimentos, someramente o sintéticamente), pero el resultado final es de un mérito incuestionable: desde el Paleolítico hasta la Constitución de 1978, Juan González nos lleva de la mano por el mundo de la historia regional y nos habla de pestes, catedrales, riadas, yacimientos arqueológicos, levantamientos militares, plagas, marqueses, juristas, escritores, guerras, heroicidades, santos, azudes, obispos y bandoleros. Un fresco milenario en el que el autor camino con paso firme por nuestra historia, auxiliándose con especialistas de probada solvencia en muchos campos del saber regional (Jorge Juan Eiroa, Guy Lemeunier, Pedro Lillo Carpio, Juan Torres Fontes, María Teresa Pérez Picazo, Ángel Luis Molina, Pedro Olivares Galvañ), pero sin alejarse nunca de una lectura personal de las cifras y de los hechos, que el autor consigna mediante fórmulas verbales muy claras y muy subjetivas: «Me centraré» (23), «Haré ahora» (58), «Paso a enumerar» (84), «Mencionaré» (159), «Destacaré» (315), etc. Huellas, en fin, de quien lee, conoce y reflexiona.
El resultado es un manejable tomo donde se sintetizan con singular eficacia las líneas maestras de la evolución regional: la Provincia Carthaginensis en los primeros siglos después de Cristo, los caracteres de la Murcia musulmana, el levantamiento mudéjar de 1264, la manera en que el conflicto de las Comunidades o la guerra de las Alpujarras afectaron en la zona, la expulsión de los moriscos en el siglo XVII, la guerra de Sucesión en el XVIII o la importancia de figuras claves como los Fajardo, los Vélez o el obispo Belluga. Pero también se pueden leer en sus páginas algunos cuadros de gran vigor descriptivo. Así, cuando explica cómo eran los núcleos de población de la Murcia medieval, el doctor González Castaño nos dibuja el panorama con innegable fuerza visual: «La higiene y la limpieza vial brillan por su ausencia, algo común, por otro lado, a las demás ciudades de España, y no es inusual ver animales muertos en las calles, hilillos de aguas residuales por su mitad y cerdos hozando en los montones de basura que se alzan por doquier» (115). Y a veces, incluso en situaciones de extrema gravedad, el humor irónico. Cuando se propaga una epidemia de peste a mediados del siglo XVII, el pueblo de Mula decide encomendarse a sus santos patronos san Sebastián y san Roque. Pero como los efectos de su protección no se dejaron sentir con la nitidez esperada, los pobladores de la localidad optaron por una medida tan respetable como curiosa: «Al no mostrarse sensibles ambos a las angustiosas plegarias de los habitantes, la villa optó por designar como patronos a santa Rosa, a santa Teresa de Jesús, santa Rosalía virgen y san Felipe mártir, cuyo cuerpo completo, hallado en las catacumbas romanas, fue remitido desde Baza» (191). Ante todo, el pragmatismo español.
Conózcase o no la historia de nuestros pueblos y ciudades, este volumen se me antoja riquísimo para leerlo con sosiego y pausa, porque nos ofrece un recorrido extraordinariamente ameno por varios miles de años de evolución. Léalo todo aquél que sienta curiosidad por la tierra donde vive. No le defraudará.

3 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Apuntado.

Leandro dijo...

Más aún que para leerlo, para tenerlo a mano. Éste cae

Gonzalo dijo...

Mi enhorabuena por aparecer entre los diez blogs del año según Care Santos. ¡Eso es un premio y no los Óscars de Hollywood!, jaja. Dale también mis felicitaciones a María, que dentro de poco la veremos escribiendo en Babelia o en el ABCD.

Un abrazo,

Gonzalo