sábado, 3 de marzo de 2018

Esperanza en la oscuridad




Sólo hace falta mirar unos instantes a nuestro alrededor para comprender que el mundo en el que vivimos está infestado de agresiones al clima, devastación de los recursos naturales, injusticias, inquietudes y miles de motivos para la congoja. Pero cometeríamos un error si nos amparásemos en ese panorama terrible para justificar nuestra parálisis, nuestra decepción, nuestro inmovilismo. Inquieta por esta posibilidad, la ensayista Rebecca Solnit nos muestra en este libro un enérgico manifiesto por la esperanza, que consiste según ella en “abrazar lo desconocido y lo incognoscible, una alternativa a la certeza tanto de los optimistas como de los pesimistas”. No se trata de mirar y lamentar; no se trata de mirar e ignorar; no se trata de mirar y confiar. Se trata de implicarse en un cambio activo, por pequeño que resulte. Ningún problema es solventado si no nos enfrentamos con él con determinación, con constancia, con ilusiones. En ese sentido, nos explica que no debemos concebir la esperanza como un billete de lotería (algo pasivo, en suma), sino como un hacha para derribar puertas,
Desde el poder y sus adláteres se nos pregona machaconamente que los movimientos de protesta, las manifestaciones o los gestos simbólicos no sirven para nada, pero Rebecca Solnit discrepa con esa explicación interesada y manipuladora (“Aquellos que pongan en duda la importancia de estos momentos deberían observar lo aterrorizadas que se sienten las autoridades y las élites cuando estallan”). Resignarse es un modo de contribuir al triunfo del desastre, y por eso son tan importantes y tan necesarias las indicaciones de la pensadora y activista estadounidense, partidaria de ese “hacer camino al andar”, que propusiera Antonio Machado.
En esta obra nos presenta la crónica de varias pequeñas batallas imprescindibles, de diminutas rebeliones que cambiaron cosas y que conviene tener muy presentes, “porque las derrotas y los desastres ya están suficientemente documentados”: grupos que evitaron vertidos tóxicos, que lograron cambiar leyes estatales, que coordinaron labores solidarias después del 11-S o del huracán Katrina, etc. En esos momentos críticos, en esos puntos de inflexión de la cotidianeidad hay que estar convencidos de que “los muros pueden justificar que estemos bloqueados; las puertas exigen paso”, lo que nos servirá como acicate y como impulso. Rendirse no es una opción cuando nos estamos jugando el porvenir de nuestros hijos, así que conviene limpiar nuestro corazón de fatigas, perezas o mentiras piadosas. El trayecto será difícil y apenas nos mostrará cambios infinitesimales, pero merece la pena. “El activismo (dice Solnit en la página 98 del volumen) no es un viaje a la tienda de la esquina, es una zambullida en lo desconocido. El futuro siempre está oscuro”. Los mecanismos de construcción de un nuevo horizonte han de combinar energía e imaginación, así como estar bien empapados de tenacidad, porque los mecanismos disuasorios que tratarán de desmoralizarnos son tan fuertes como evidentes. Y la respuesta final es “no”: no lograremos el triunfo absoluto. Nunca. Ha pasado el tiempo de las grandes revoluciones utópicas, que preconizaban un mundo idílico carente de chirridos, fricciones y manchas. Aspirar al “todo o nada” es tan absurdo como contraproducente, porque usando la vara de medir de la perfección todo se antoja corto o desilusionante. La ensayista de Bridgeport nos lo deja claro en un párrafo magnífico: “Esto es la tierra. Nunca será el cielo. Siempre habrá crueldad, siempre habrá violencia, siempre habrá destrucción. Ahora mismo se está produciendo una tremenda devastación. En el tiempo que se tarda en leer este libro desaparecerán acres de selva tropical, se extinguirá una especie, gente será violada, asesinada, despojada o morirá por causas fácilmente prevenibles. No podemos eliminar para siempre toda la devastación, pero podemos reducirla, prohibirla, reducir sus causas y socavar sus bases: esto son victorias. Un mundo mejor, sí; un mundo perfecto, jamás”.
Ha llegado el momento de tomar partido.

1 comentario:

Luisa Horno dijo...

Muy buena reseña. Voy a comprar el libro, porque estoy de acuerdo con la tesis que expone. Al principio pensé "parece autoayuda", pero a las tres líneas ves que no, que va en serio. De nuevo gracias, Rubén.