lunes, 16 de octubre de 2017

La relatividad del error



Me leo un libro de Isaac Asimov que se titula La relatividad del error (RBA Editores, Barcelona, 1994). Admito que algunas de las cosas que este científico explica no consigo entenderlas, porque mi preparación en estos terrenos del saber es más bien escasa. Pero como tengo curiosidad por acercarme a todo (bueno, tampoco me pasaré de pedante: a muchas cosas), creo que seguiré en esta línea de trabajo. De la parte “científica”, diré que me han llamado la atención varias cosas: la demostración de que la luna no tiene nada que ver en el ciclo menstrual de las mujeres (yo creía que sí, por informes leídos en revistas de divulgación); tener noticia de que el primer “marcador radiactivo” se utilizó por parte del químico húngaro Hevesy para descubrir si su patrona usaba restos de comida de unos días para servírselos en otros; que la velocidad de la luz no es (como me enseñaron en el instituto) un máximo insuperable; etc.
Pero me han llamado más la atención todavía las petulancias (no diré que estén injustificadas, pero sí que resultan chocantes) de Asimov. En general, éstas se desprenden de todas las “introducciones” que realiza para los distintos capítulos del libro; pero en ocasiones, hay frases sorprendentes por su soberbia. Así, tras proponer algunos vocablos científicos nuevos (en la página 138), afirma que ojalá los demás astrónomos adoptaran dichos términos, por ser una “propuesta eminentemente inteligente”. Otras veces, la jactancia se disfraza de humor... pero sigue siendo jactancia, indudablemente: “Ni siquiera un tonto lo es hasta el punto de que quiera renunciar a uno de mis libros cuando lo tiene en sus manos” (página 34). Supongo que son ínfulas que harían sonreír formuladas por otros, pero que se pueden perdonar a alguien como Isaac Asimov.

“Cuanto más sé, más plena es mi vida y mejor aprecio mi propia existencia”. “En mi opinión las mujeres han sido creadas para que las besen”. “La seudociencia de la astrología, que todavía impresiona a personas poco cultas (es decir, a la mayoría de la humanidad)”.

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