miércoles, 7 de noviembre de 2012

Un día más y un dólar menos




No creo que pueda herir sensibilidad alguna si afirmo que Un día más y un dólar menos, libro firmado por la norteamericana Terry McMillan (y traducido por Mª Dolores Bueno) es una novela negra. Y no porque su género sea el policíaco, ni porque sus protagonistas estén alojados en la parte más suburbial de la ciudad, sino porque se nota con claridad meridiana que ha sido escrita por una persona de esa raza, como ocurría con los gozos precedentes de Raíces (Alex Haley) o El color púrpura (Alice Walker). Además, sospecho que la obra fue concebida desde el punto de vista argumental con el ojo puesto en el público consumidor también negro, porque nos relata los avatares de una extensa familia afroamericana, cuyos problemas, vocabulario y ansiedades son los típicos (y tópicos) de este segmento de la sociedad estadounidense, retratados mil veces por el cine de Hollywood: drogas, cárcel, incomprensiones sociales, marginación, etc.
Y la aguja que va enhebrando esta historia es Viola Price, una matriarca que ha visto cómo cada uno de sus hijos (e incluso su marido Cecil, que la abandona casi en la vejez) se ha ido complicando la vida del modo más inverosímil: Paris, con su adicción a los tranquilizantes; Lewis, con sus exasperantes y guadiánicas estancias en la prisión; Janelle, con un compañero sentimental que abusa de la hija común; y Charlotte, cuya relación con la madre es extremadamente conflictiva, pues se siente marginada desde su niñez en el seno de la familia.
El lenguaje, además, es plenamente coloquial y barriobajero (he tenido la paciencia de contar las veces que aparece la palabra mierda y son, salvo error, 161; y no muchas menos son, puedo asegurarlo, las ocasiones en que surgen en estas páginas el vocablo hijoputa, el adjetivo jodido o el sintagma despectivo negro culo). La sintaxis del volumen es también muy simple (575 páginas sin complicaciones), y se vertebra sobre una enorme abundancia de diálogos, lo que facilita muchísimo la lectura de este libro. Nada del otro mundo, créanme.

2 comentarios:

Leandro Llamas dijo...

Es curioso: lo mucho que facilitan la escritura los diálogos, y lo jodido que resulta escribirlos. Escribirlos bien, se entiende.

PD. En este comentario aparece una vez la palabra "jodido". Dos, ahora. Usted me disculpará

Leandro Llamas dijo...

Fe de erratas: donde dice lo mucho que facilitan la escritura, debe decir lo mucho que facilitan la lectura. Me acabo de dar cuenta