domingo, 24 de marzo de 2013

El caso del mago ruso




Encontrarse en los escaparates de las librerías un nuevo libro de Patrick Ericson siempre es una felicidad, porque podemos estar seguros (yo diría que convencidos) de que su lectura resultará fascinante y nos deparará días enteros de emociones. Pero descubrir que en la portada de la obra no se reproduce el nombre literario del autor, sino el auténtico (José María Fernández-Luna), requiere una pequeña explicación... Esta vez, Patrick no nos habla de muertes misteriosas, ni de escalas masónicas, ni de rituales rosacrucianos, ni de conspiraciones donde queden mezcladas política y religión, sino de un personaje real: Ramón Fernández-Luna, famoso jefe de la Brigada de Investigación Criminal de Madrid y antepasado suyo. La detención de Eduardo Arcos, conocido en la prensa internacional como Le Fantôme, o la resolución del crimen del capitán Sánchez, aureoló a este policía con el sobrenombre de El Sherlock Holmes español. Se entiende entonces que, por el hecho de tratarse de un pariente lejano del novelista, éste haya decidido firmar la obra con su apellido, como homenaje.
¿Y qué se van a encontrar los lectores en estas apretadas cuatrocientas páginas? Pues les aseguro que un grupo de personajes realmente sorprendentes: un mago ruso llamado el Gran Kaspar, que se fuga de forma misteriosa de la cárcel Modelo de Barcelona, sin que nadie acierte a explicarse cómo lo ha logrado; una espectacular bailarina cubana llamada María Duminy, que utiliza su cuerpo como arma y moneda, dentro y fuera del escenario; una bella vedette colombiana (Luisa Rodrigo) que no esconde demasiado su condición bisexual; un anarquista que ha matado a varias personas y que tiene que esconderse de las fuerzas del orden hasta que se apacigüen los ánimos; un enigmático tipo llamado Agamenón, que maneja las voluntades de dos mujeres a cambio de drogas; el escapista más famoso de todos los tiempos, que ayudará a Ramón Fernández-Luna a entender algunos de los pormenores de un truco de magia; el comisario Manuel Bravo Portillo, cuyas brutalidades asquean tanto a los maleantes como a sus compañeros policías; una criada que intenta hacerle la vida imposible a su señorita... Y a todo ese grupo de personajes (que no es sino un resumen de los muchos que aparecen), sumen charlas políticas y sindicales, reuniones en casa de Antonio Gaudí, asistencia a una sesión de espiritismo, tesoros escondidos en algún lugar misterioso, un submarino alemán que aparece en las proximidades de Barcelona, un plan meticuloso para matar al zar Nicolás II de Rusia, excelentes retratos de época (ropas, carruajes, etc), truculencias carcelarias...
Con esta historia, que sucede en la Ciudad Condal pero que tiene notables ramificaciones en Madrid, Cuba y Petrogrado, Patrick Ericson vuelve a demostrar que es un novelista portentoso capaz de documentarse con una minucia extrema para cualquier detalle de su obra, pero que luego camufla esos datos y los entrega al lector de una forma novelesca, natural, fluida.
La gran pregunta que acude de inmediato a la mente es ésta: ¿habrá más casos del policía Ramón Fernández-Luna en el futuro? El título abierto de esta obra que acabamos de terminar parece indicar que sí, y el final que Patrick Ericson dibuja en la página 401 entiendo que camina en la misma dirección. Ojalá sea así. Leer a novelistas como él es siempre un gozo. Cuanto más se repita la experiencia, mejor.

1 comentario:

Antonio Parra Sanz dijo...

Magníficas palabras para una novela en verdad extraordinaria.