martes, 5 de abril de 2011

El gran libro de los insultos




¿Qué haría usted si alguien, de buenas a primeras, le espetara que es un galipurciano, o que tiene aspecto de mollollo, o que sin duda es un tiforte o un verdimoreno? Imagino que lo inmediato sería la perplejidad y, acto continuo, la indignación (los españoles somos propensos a enfadarnos cuando nos dicen algo cuyo significado ignoramos). Pero gracias a la editorial La Esfera de los Libros y a la labor mastodóntica de Pancracio Celdrán Gomariz, que ha dado a la imprenta un "Tesoro crítico, etimológico e histórico de los insultos españoles" (así se indica en la portada), con el atrayente título de El gran libro de los insultos, es probable que logren entender sin problema lo que su desconsiderado interlocutor les ha dicho.

Diccionarios hay, obviamente, muchos. Y algunos de ellos francamente curiosos, como aquel desternillante Diccionario del español eurogilipuertas que se sacó de la manga Luis Díez Jiménez hace años; o como el eruditísimo y tan mal entendido Diccionario secreto de Camilo José Cela. Pero la proeza que acaba de culminar Pancracio Celdrán es doblemente admirable: primero, nos proporciona un arsenal lingüístico de notable amplitud (más de mil páginas a doble columna), con incursiones en todos los ámbitos regionales, sociales y profesionales de nuestro país; y segundo, nos depara innumerables sonrisas, no solamente cuando hallamos palabras tan sonoras como esbatalludo, laborintón o pimpi, sino también cuando descubrimos que aquellos vocablos que oímos alguna vez a nuestros abuelos, hace ya tiempo, están recogidos aquí con puntual exactitud y con certera definición. Y es que este vademécum no es el típico librito elaborado para mofarse de nadie, o para divertir a los desocupados que tengan la buena idea de comprarlo en una feria de ocasión. Es mucho más: es el trabajo ingente y metódico de alguien que ha fatigado una bibliografía exhaustiva (de la cual deja constancia al final del tomo) y que entrega con toda generosidad el fruto de su esfuerzo al común de los hispanohablantes, para que enriquezcan el conocimiento de su propio idioma y de su idiosincrasia.

Aprender, divertirse y sorprenderse pueden ser términos complementarios cuando se abren las páginas de esta gran enciclopedia de la malicia hispana. Para no perdérselo.

4 comentarios:

Leandro dijo...

Joder, joder, joder... éste me está haciendo mucha falta ho

Leandro dijo...

Vaya... quise decir hoy. ¿Ves como me está haciendo mucha falta?

Rubén dijo...

A los políticos es fácil insultarlos. Como son tan burros, ni se enteran de lo que estás diciéndoles.

supersalvajuan dijo...

Sobre todo toca divertirse en estos tiempos de Dios.