sábado, 6 de agosto de 2011

El tiempo de las palabras azules




A la escritora Marta Zafrilla se le ocurrió, hace aproximadamente un año, una singular leyenda que, por uno de los misteriosos azares que tiene la literatura, se ha ido cumpliendo punto por punto. Según ella, el meteorito que cayó en Molina de Segura durante la Nochebuena de 1858 (el más grande de la península ibérica, con 112 kilos) produjo unas radiaciones culturales que se están manifestando ahora en forma de una impresionante generación de escritores que, nacidos en la localidad o afincados en ella, están ganando premios y publicando en editoriales de auténtico prestigio nacional (Siruela, Temas de Hoy, Plaza & Janés, etc).
Pedro Brotini Villa (Murcia, 1967), quizá seducido por la magia irónica de esta leyenda, se animó a unirse a un grupo de escritores amigos de Molina y, de pronto, cuando apenas llega dos años dedicándose al cultivo de la literatura, he aquí que los organizadores del IV premio de novela que organizan al alimón la empresa automovilística Volkswagen y la revista Qué Leer, deciden convertirlo en ganador del mismo por la obra que hoy ocupa esta página. ¿Casualidad? A quienes se sientan tentados de afirmar que sí convendría recordarles que la convocatoria del año pasado tuvo como ganador a Pablo de Aguilar... también de Molina. ¿Dos casualidades en dos años?
El tiempo de las palabras azules es la historia de varios amores y de varias fidelidades. Su principal protagonista es Angélica, una mujer que ha quedado viuda de un hombre enamorado de los coches (Román), el cual dejó en el garaje, a falta de un buen montón de piezas y de retoques en la pintura y en el motor, el último de los adquiridos: un volkswagen modelo 3 antiguo. Atosigada por las dificultades económicas que la acechan desde el fallecimiento de su esposo, Angélica se ve en la dolorosa obligación de desprenderse de dicho vehículo, que para ella representa mucho más que un coche: es el símbolo del amor que la unió a Román. Pero antes deberá conseguir que alguien lo repare y lo ponga en condiciones de venta. Para ello, quién mejor que Abel, el muchacho que ayudaba a su marido en el taller como aprendiz. El problema es que el joven, ahora ya un treintañero que ha sufrido varios duros golpes en la vida, está desencantado de todo y se muestra reticente a colaborar en la empresa.
Partiendo de esta estructura general, Pedro Brotini incorpora a la novela, con lentitud inteligente y perfectamente modulada, a otros personajes, que la van enriqueciendo y llenando de ramificaciones: Martín (amigo íntimo de Angélica y Román, que desde su posición de abogado luchará por los derechos de la viuda), Lucía (la antigua novia de Abel, que se separó de él cuando se marchó para cursar sus estudios en los Estados Unidos), Tomás (un avispado negociador que intenta al principio estafar a la viuda pero terminará adoptando otra actitud con el paso de las páginas)... y hasta la divina soprano María Callas, que se incorpora al cuerpo de la obra de una manera mágica, que me guardaré mucho de desvelar para que sean ustedes quienes la descubran y aplaudan. Todos ellos, relacionados entre sí de una forma novelesca impecable, construyen una red que atrapa a los lectores, los va seduciendo palabra a palabra, línea a línea, capítulo a capítulo, y los traslada hasta el instante final, maravillados y agradecidos.He dicho antes que Pedro Brotini lleva apenas dos años (lo ha reconocido el propio autor) desenvolviéndose en el mundo de la literatura, pero nadie lo diría. El modo en que maneja los tiempos narrativos, la fluidez con que acomete los saltos temporales en la obra, la finura que despliega a la hora de sumergirse en el alma de sus personajes o la elección del vocabulario que utiliza, no son habilidades tributarias de un advenedizo, sino de alguien que accede al universo de la novela con armas bien engrasadas y con músicas muy bien aprendidas. No creo que este autor haya llegado a la literatura para entregar solamente una o dos producciones. Creo sinceramente que Pedro Brotini ha venido para quedarse. Y tras leer El tiempo de las palabras azules la verdad es que me alegra que sea así.

2 comentarios:

Mmm ¡Qué bien huele aquí! dijo...

Hola Rubén, coincido en todo lo que has dicho sobre el libro, un detalle que a mí me gustó mucho y que se revela durante la novela es el significado del título.
Espero que el verano vaya bien.
Saludos, Adelaida.

cari dijo...

Hola Rubén, me uno a vosotros en le dicho del libro, y tambien en lo de las palabras azules. Tiene muy buenas frases para subrayar. A mí me encanta subrayar y cuando en un libro no lo hago,, malo María. No me ha dejado poso. Saludos.