miércoles, 28 de febrero de 2024

El diccionario de Coll

 


Porticado con un prólogo de Camilo José Cela (que se preocupa muchísimo por resultar todo lo zafio y grosero que puede, quizá con la curiosa intención de que los lectores de la obra entren en ella con cara de asco o acidez de estómago), he vuelto a leer, treinta años más tarde de mi primera visita, El diccionario de Coll, que poseo en su 29ª edición (“311.ooo ejemplares”, dice un sello en la cubierta). Mucho más habilidoso para el humor que su prologuista, el conquense José Luis Coll elabora un simpático prontuario de palabras que, obviamente, no admite ningún tipo de resumen, por su condición misma. Decir que he sonreído muchísimo en sus páginas y que he subrayado docenas de definiciones se me antoja el mejor elogio que le puedo hacer a este trabajo, donde la chispa, la filigrana verbal, el manejo de la ironía y el giro inesperado en las entradas garantizan dos tardes de felicidad lectora.

Déjenme que, como simple muestra, les anote algunas (y después les dejo que se adentren en sus 222 páginas y disfruten sin más):

GALANTETAR (“Requebrar a una mujer por la belleza de su busto”).

HABITONTO (“Cada una de las personas que residen en este mundo, salvo raras excepciones”).

HIDROPOESÍA (“Acumulación anormal de poemas en una parte del cuerpo”).

IDÓLETRA (“Que adora las letras”).

PERMEABLE (“Que puede ser penetrado por la orina”).

PROSTETANTE (“Enfermo de la próstata que se pasa el día quejándose del gobierno”).

RECETA (“ZZ”).

SEVILLETA (“Paño que, en la capital de la Giralda, sirve en la mesa para aseo y limpieza de cada comensal”).

VIEGILIA (“Falta de sueño en las ancianas”).

ZUECO (“Andaluz nacido en Suecia”).

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