domingo, 18 de febrero de 2024

Alexanderplatz ha olvidado los trenes

 


Me ha gustado encontrarme (se trataba de una visita demasiado demorada) con los versos de María Alcocer González, reunidos en el volumen Alexanderplatz ha olvidado los trenes (Ars Poética). Y me ha gustado, sobre todo, porque he podido encontrarme con una lírica diferente, musculosa e intrincada. Es cierto que, de vez en cuando, me apetece disfrutar de poemarios fáciles, donde la música y la temática inunden garganta y oídos con su frescor inmediato; pero no es menos verdad que también me gusta adentrarme en selvas verbales menos sencillas, menos complacientes, que reclamen mi atención, mi lentitud, mi silencio.

Dueña de una técnica soberana y de una enorme potencia para el fraguado de imágenes, María Alcocer nos invita, página a página, para que recorramos su territorio de mármol y de niebla, donde “la sintaxis de la locura” (p.26), “alguna noble verdad” (p.53) y miradas “que vigilan el aire” (p.123) nos van entregando instantes de luz y briznas de oscuridad, que tendremos que unir con la paciencia de quien se enfrenta a un puzle fastuoso. El resultado es una amplísima vidriera, un caleidoscopio de textura proteica, que nos deja siempre pensativos, siempre con la duda de si habremos interpretado el texto de la forma adecuada.

En realidad, nada importaría que nuestra lectura difiriese de la imaginada por la escritora, porque de ese modo estaríamos entablando un fértil diálogo con ella, en el que quizá ambas partes descubrirían sorpresas y atisbarían rompimientos de gloria que no estaban previstos.

Todo un tour de force esta aventura lírica, que les recomiendo para un fin de semana de chimenea y silencio ubicuo. Se van a sorprender.

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