martes, 7 de noviembre de 2023

El cartero del rey

 


No recuerdo a qué edad leí esta obra de Rabindranaz Tagore. Sí, recuerdo, en cambio, que me emocionó. La edición (aún me parece estar viéndola) era de Losada; y la traducción, de Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Ahora, a cuarenta años de distancia, vuelvo a sus páginas, traducidas por Mauro Armiño y editadas por Edaf. Y sigue la emoción.

Madhav nos explica que jamás quiso tener un hijo, porque soñaba con dedicar su esfuerzo a amontonar dinero; pero ahora, de la forma más simple del mundo (su esposa lo ha suplicado), ha decidido adoptar uno. Desgraciadamente, el niño, que se llama Amal, está enfermo. El médico (un torpe pedante con menos luces que una bodega) se empeña en que el chiquillo permanezca recluido en el hogar, con las ventanas bien cerradas y alejado del infecto aire puro y la luz del sol. Y Amal languidece, porque su sueño es viajar, moverse, charlar con cuantas personas se crucen en su camino, disfrutar de la naturaleza y, si es posible (cima de la delicia, como hubiera dicho el vallisoletano don Jorge), recibir una carta del rey.

Con una ternura conmovedora, Rabindranaz Tagore nos va acercando a la inocencia natural del niño, a su desvalimiento, a su candor insobornable, a su pura alegría contagiosa (que inunda a todos los personajes de su entorno), y nos pone el corazón en un puño cuando, en los instantes finales, anunciada por parte de un heraldo la visita del rey, el niño cierra sus ojos de fatiga y descubrimos que seguramente no los volverá a abrir. Cuánto es capaz de emocionar este escritor hindú, del que leí en mi adolescencia seis o siete obras. Voy a intentar retomar su figura, porque este primer reencuentro ha sido, créanme, plenamente feliz.

domingo, 5 de noviembre de 2023

Anne-Marie la Bella

 


Se llama Anne-Marie Mille y es hija de una lavandera del Hôtel du Quai, pero desde joven ha soñado con hacerse famosa en el mundo teatral con el nombre de “Anne-Marie la Bella”. Su ilusión era convertirse en una actriz reconocida y aplaudida, aunque la entrevista que está concediendo en su vejez (y que Yasmina Reza nos sirve en forma novelesca, para que la leamos en la traducción de Rubén Martín Giráldez) nos permite deducir que nunca ha obtenido un éxito demasiado clamoroso. Ha tenido un esposo gris (“Yo me aburría con mi marido, pero ya se sabe, el aburrimiento forma parte del amor”), ha tenido un hijo (que ya cumplió cuarenta y dos años, comienza a quedarse calvo y la trata con más reproches que ternura); ha tenido que implantarse una prótesis de titanio en la rodilla; y, ahora, cuando se hacen evidentes “la piel colgona de los brazos, la sordera, la espalda, el desbarajuste intestinal, los remiendos de la piel, los músculos, los tintes, todos los desórdenes en masa que te dejan suavemente en manos de la muerte” (p.55), glosa su vida ante los oídos atentos de la mujer que ha venido a formularle unas preguntas.

En ese monólogo adquiere dimensiones especialmente relevantes la figura de Giselle Fayolle, quien sí alcanzó mayor fama y que acaba de morir. Anne-Marie la conoció en sus inicios, cuando su belleza y su languidez corporal impresionaban al público. ¿Fueron amigas? ¿Fueron rivales? Ambas cosas, por lo que podemos deducir de estas páginas, tan breves como cargadas de intensidad. Las notas de admiración por parte de Anne-Marie está siempre impregnadas por ese perfume acre que deja la frustración, el inevitable cotejo de las trayectorias disímiles. De ahí que, frente a las loas sobre el glamour de Giselle, Anne-Marie no olvide añadir que su funeral lo ha oficiado un cura congoleño, que la hija ha acudido al mismo con una horrible falda-pantalón de pana y que pudo ver en el camposanto las tumbas de otros actores, tan pobres como discretas. “Yo he tenido una vida feliz”, pregona en la página 10. “He tenido una vida feliz”, reitera con una terquedad quizá sospechosa en la página 30. Pero su vivienda carece de lujos, su marido murió, el hijo no cesa de lanzarle recriminaciones, la estafan en las reparaciones del hogar y, por si todo eso se antojara baladí, sufre con la idea de que sus distracciones y manías escondan un futuro aciago (“Teniendo en cuenta que mi madre estaba medio loca, me pregunto si yo no voy por el mismo camino”).

Inevitable pensar en esas viejas películas de viejas actrices amargadas (a las que casi siempre ponemos el rostro de Bette Davis).

Inevitable, también, aplaudir la fuerza narrativa de Yasmina Reza.

Una historia tan intensa como sugerente.

viernes, 3 de noviembre de 2023

Solo humo

 


Una venganza extensa, laboriosa y acre. Una reflexión sobre los límites (si es que existen y pueden ser discernidos o fijados) entre la realidad y la ficción. Una mirada inquisitiva sobre los misteriosos laberintos del alma humana (donde prosperan el amor, el desconcierto, las ilusiones y la zozobra). Todo eso, y posiblemente mucho más, palpita dentro de la novela Solo humo, que el sello Alfaguara le publicó a Juan José Millás en marzo de este año.

El punto de arranque es muy sencillo: el mismo día en que cumple los dieciocho, Carlos recibe la noticia de que su padre (quien abandonó a la familia nada más tenerlo) acaba de morir en un accidente de moto, dejándole como herencia su piso y una mediana cantidad de dinero. Al instalarse en ese nuevo hogar, el chico descubre a Amelia, la vecina de la que su progenitor estaba secretamente enamorado y con la que soñó tener una hija (Macarena) que murió al cumplir los diez años. Por un impulso tan irrefrenable como edípico, el muchacho se acerca cada vez más a Amelia.

El punto de cierre es también muy sencillo: Carlos y Amelia están juntos, tienen una hija de diez años llamada Macarena y ven morir en su salón, sin poder prestarle ningún tipo de ayuda, a Ignacio, el agradable vecino con el que mantienen una cordialísima relación.

En medio de ambas secuencias, el mago Juan José Millás nos deja observaciones memorables (“Para que nazca cualquier persona han de producirse coincidencias asombrosas y el mundo, sin embargo, está lleno de personas. La realidad es el resultado de la casualidad”); un libro de los hermanos Grimm, muy manoseado y polivalente, que permite a Carlos contactar con el espíritu de su padre; un azulejo del cuarto de baño que cubre el hueco donde vive un ser sobrenatural; y, sobre todo, una mirada fantástica y deslumbrante sobre nuestro vivir cotidiano, que le descubre el envés, las costuras, lo otro.

“Engañosamente ligera”, dice la contraportada. En efecto. También podríamos etiquetarla de “prodigiosamente engañosa”, de gorgojo o de bisturí. Por Dios santo y bendito: es una novela de Juan José Millás. ¿Cómo podíamos esperar algo menor?

Léanla.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

El vestido rojo

 


Que el argumento de una novela dé un giro espectacular y sorprenda en un tramo importante al lector no es suceso infrecuente; pero que, cuando ese lector ya se ha confiado, vuelva a dar otro giro y lo descoloque nuevamente ya no es tan habitual. Ocurre, sí, en novelas policiales y de misterio, pues el mecanismo de sus argumentos lo facilita y aun requiere; mas no en otro tipo de narraciones. Robert Alexis ejecuta esa doble pirueta con prodigiosa habilidad en El vestido rojo, una obra que traduce Teresa Clavel y edita Salamandra. Me ha encantado.

Situémonos para comenzar: aparece en escena un teniente que está esperando, junto a sus compañeros, el inicio de un conflicto bélico. No se nos dice cuál, ni se nos facilitan detalles sobre la época en que los hechos ocurren. Es la primera (y fértil) ambigüedad del relato. Pronto conocemos también al soldado Alvinczy, quien confiesa gustoso a sus camaradas que conoce a una bellísima mujer que le ha permitido acceder a una experiencia sexual tan turbadora como única. Atraído por la posibilidad de lograr sus favores, el teniente pide que se la presente, cosa que él hace gustoso. Desde ese instante, el teniente y la irresistible Rosetta se transmutan en amantes. Hasta aquí, digamos, nada excepcional: una historia de corte galante, con pinceladas sexuales y ciertos aromas claramente inspirados en el Relato soñado de Arthur Schnitzler. Pero entonces sobreviene la maravilla, porque Robert Alexis nos muestra al teniente paseando por una calle solitaria de la ciudad y, de pronto, un vestido encarnado llama su atención desde el otro lado del escaparate (la novela se titula, originalmente, El vestido). Sus ojos observan la prenda y el vendedor, cuando se la muestra, coincide en la idea de que se trataría de un excelente regalo. Y ahí comienza la parte más maravillosa, tierna, valiente e inesperada de la narración, sobre la cual (lo siento muchísimo) no voy a dar ni el menor de los detalles.

Si deciden ustedes bucear en estas páginas se encontrarán con diálogos de gran belleza, con un duelo a espada, con varios desmayos, con venganzas, con burlas y, sobre todo, con una prosa delicada y atinadísima, que nos invita a avanzar por una historia que, se lo aseguro, no olvidarán nunca.

Hagan la prueba.

martes, 31 de octubre de 2023

Cartas de un joven Camus

 


Todos tuvimos miedo durante el año 2020. A todos se nos dijo que debíamos encerrarnos en casa, porque era la única forma de protegernos contra un virus terrible, contra el que aún no se conocía tratamiento ni vacuna. Un virus que se cobraba centenares de víctimas cada día y que avanzaba como un atroz jinete del Apocalipsis. Todos cerramos puertas y balcones. Todos escuchábamos el silencio infinito de las calles y estábamos pendientes de las noticias, para ver cómo se iba solucionando una pandemia descomunal de la que, nos dijeron, todos saldríamos mejores. Hubo carteles optimistas en los cristales, para animarnos los unos a los otros. Hubo quienes se hicieron de oro traficando con el miedo, con los tests de las farmacias, con las mascarillas. Hubo quienes propagaron bulos, quienes se hartaron de llorar, quienes se acogieron a cualquier explicación o esperanza. Palabras que no conocíamos (coronavirus, ARN mensajero), personas cuyas existencias ignorábamos (Fernando Simón) y costumbres anómalas (toserse en la sangradura del codo, abrazar a los nietos por la espalda, lavarse las manos con furia neurótica) colonizaron nuestras vidas.

De todo ello fue testigo el joven narrador que protagoniza Cartas de un joven Camus, de Galder Reguera, quien nos va explicando cómo se desarrolla su propio confinamiento, con una hermana pequeña a la que hay que mantener en la más pura inocencia, con un padre infectado, con una madre sobrepasada por los acontecimientos, con un vecino viudo que pasea a su perro y con una chica que le gusta y a la que solamente puede ver cuando sale a aplaudir a los sanitarios o en el momento de sacar la basura, camuflado con guantes, capucha y mascarilla. En casa, aparte del teléfono móvil, están también algunos libros, como La peste, de Albert Camus, o La espuma de los días, de Boris Vian. Y con esas muletas tiene que sobrevivir, sin dejar que el desánimo lo derruya.

Gran libro de Galder Reguera, que nos recuerda cómo fueron aquellos días y que nos retrata con maravillosa precisión los recovecos anímicos de un adolescente que sufre el puñetazo de la adversidad y el miedo.

No se lo pierdan.

domingo, 29 de octubre de 2023

Parientes pobres del diablo

 


¿Qué es exactamente el Heliobut y por qué solamente parece atacar a los hombres blancos que se hospedan en el hotel Masajonia, en pleno corazón de África? ¿De qué modo atroz se introduce en los sueños (o en la desprevenida vigilia) de sus víctimas, para desmantelar su cordura y abalanzarlas hacia la desesperación? El protagonista de la narración “La fiebre azul” tendrá que descubrirlo de una forma cruel. ¿Y quiénes son los parientes pobres del diablo, aquellos engendros que se encuentran desperdigados por el mundo y que carecen de un hogar al que volver, pues fueron expulsados del suyo? ¿De qué diabólicas artimañas se valen para camuflarse y pasar inadvertidos entre los demás seres humanos? Claudio García lleva mucho tiempo investigando sobre esa desasosegante cuestión; y quizá lo que deduzca no le haga demasiado feliz. ¿Y qué está ocurriendo con la anciana doña Emilia, que se acerca a los noventa años y que, según opinión extendida entre sus sobrinos, está comenzando a desvariar? (Se olvida de que ha desconectado el cable del televisor y lo atribuye a una avería; juzga que un moscardón que ha entrado en su casa es el Anticristo; y, sobre todo, dialoga por las noches con sus antiguas compañeras de infancia, alguna de ellas fallecida).

Con estas tres narraciones absolutamente magnéticas, que se reunieron en el tomo Parientes pobres del diablo (Tusquets), la escritora Cristina Fernández Cubas obtuvo en 2006 el premio Setenil al mejor libro de cuentos publicado en España. Lo veo lógico, porque son tres historias demoledoras, donde los miedos, las melancolías y las zozobras del ser humano quedan retratadas con una prosa excepcional. Me quito el cráneo.

viernes, 27 de octubre de 2023

Construir una casa

 


Se dijo (los políticos necesitan esmaltar frases bonitas para acaparar titulares de prensa) que de la pandemia de coronavirus de 2020 saldríamos mejores. Se dijo también que afloraría en los años posteriores un buen caudal de obras literarias de calidad, que contendrían interesantes reflexiones sobre el ser humano. A la altura de 2023, y habiendo visitado bastantes libros con esa temática, me han resultado plausibles solamente cuatro: la novela Los besos, de Manuel Vilas; el libro Volver a dónde, de Antonio Muñoz Molina; el poemario Se ha borrado el mundo, de Juan Francisco Vivo; y, ahora, la obra de teatro Construir una casa, con la que David López Sandoval obtuvo el VI premio Miguel Hernández, organizado por la universidad de Jaén (2022).

En ella aparecen tres personajes: el matrimonio formado por Juan e Inés (unos nombres inequívoca y deliberadamente significativos) y su hija (cuya presencia es casi anecdótica, porque apenas interviene en las páginas iniciales, aunque al final descubrimos el papel crucial que desarrolla y el elemento activo que aporta a la trama). Él es un profesor de instituto que ya ha accedido a la jubilación y que se está ocupando de construir con sus propias manos una casa (un Taj Mahal, se nos dice, con una fórmula que también resultará inequívoca y deliberadamente significativa al final del drama), tal y como le prometió a su esposa. Con sabia lentitud, el escritor nos va dejando que accedamos a la intimidad de la pareja, a su intrahistoria, a sus pequeñas y grandes heridas, a los proyectos comunes, a las quejas y a las felicidades. Y, sobre todo, nos va acercando a las revelaciones que, con inteligente delicadeza, se revelan en las últimas páginas, en las cuales el lector comprende por fin la triste semilla de la historia.

Un drama conmovedor.

Búsquenlo.