domingo, 28 de febrero de 2021

Las brasas

 


En el poemario Las brasas anida una sorpresa anonadante, que quizá no se halle tanto en sus páginas como en su periferia. Trataré de explicarme: sus versos son magníficos, sí; la fuerza maravillosa de sus encabalgamientos es memorable, sin duda; su léxico es bello y amplio, absolutamente. Pero el asombro mayor de este volumen reside, según creo, en el calendario. Es decir, en el descubrimiento de que el valenciano Francisco Brines (Oliva, 1932) escribió estos poemas con sólo veintisiete años.

Por supuesto, se podría aducir una abultada nómina de escritores que, a esa edad, han entregado obras de inaudita perfección formal; pero no van por ahí los tiros. Cuando hablo de sorpresa o de asombro aludo a la hondura senil con la que se aproxima a los paisajes, a los sentimientos, a las personas. El adjetivo “senil”, huelga aclararlo, es admirativo. Brines mira con pupilas sabias de anciano, y eso impregna sus versos de una coloración atemporal y mágica, perdurable y alta. Hay poemas protagonizados por niños, convertidos en música de palabras por un muchacho de veintisiete años, y que resuenan con la gravedad majestuosa de la vejez más reflexiva. Brines era juventud y sus palabras eran senectud. La síntesis perfecta para esculpir una obra imperecedera.

Releer esta obra ha sido una de las grandes alegrías de este 2021.

sábado, 27 de febrero de 2021

Nada más que Caín

 


Leo una propuesta teatral de la académica Carmen Conde, que está datada en 1960 y que le publicó la universidad de Murcia treinta y cinco años más tarde: Nada más que Caín. Me ha parecido un texto muy interesante, sobre todo por la forma en que la escritora se adentra en el personaje bíblico, el cual observa con estupor el desdén que Yahvé le escupe, sin que acierte a comprender la causa de ese odio. ¿Por qué ha de ser amado su hermano, que se limita a dejar que sus ovejas pasten a su antojo, sin dedicarles ni un minuto de cuidados? ¿Y por qué no aprecia Dios su esfuerzo interminable y laborioso como labrador y recolector de frutos? A pesar de sus continuas preguntas, el atormentado Caín no recibe ni la menor respuesta. Pero hay otro interrogante que lo mantiene angustiado y perplejo: si los dos hijos de Adán y Eva han nacido tras la expulsión del Edén, ¿acaso serán ellos parte del castigo y de la maldición de Dios?

Este planteamiento, sobrecogedor y admirable, pierde brillo en su tramo final (así lo creo), porque la autora se deja llevar por el ambiente de la época (una mezcla de apocalipsis nuclear y espacial) y tizna de moralinas la tortura de su personaje.

En todo caso, siempre se encuentran en los libros de Carmen Conde las suficientes bellezas como para celebrar el tiempo que se dedica a su lectura.

jueves, 25 de febrero de 2021

El amor y la literatura



Me doy un paseo, tan breve como agradable, por el librito El amor y la literatura, que firma Martín Casariego Córdoba. Soy consciente de que no pasa de ser un recorrido subjetivo por algunos acercamientos literarios al modo en que la historia de la literatura ha enfocado el amor en sus diferentes aspectos; pero me ha resultado placentero, porque sus páginas están escritas con amenidad y con buena pluma.

Del conjunto, me quedo con algunas frases pronunciadas por personajes célebres. Por ejemplo, aquella vez en la que Diógenes afirmó que “los jóvenes no deben casarse todavía; los viejos, nunca”; o aquella otra aseveración ingeniosa de Alejandro Dumas donde se indica que “la cadena del matrimonio pesa tanto que es preciso sean dos para llevarla, y a veces, tres”; o la hermosa anécdota que tuvo como protagonista al monarca Carlos III, quien dijo tras la muerte de su esposa Amalia: “Éste es el primer disgusto que me da en veintidós años de matrimonio”.

Una lectura simpática, fresca y amable, que estoy feliz de haber encontrado.

miércoles, 24 de febrero de 2021

Cartas de amor a Ofelia

 


Me leo las Cartas de amor a Ofelia, de Fernando Pessoa, que traduce Ángel Crespo (Ediciones B). Y la verdad es que, más que cartas, me han parecido un horario de autobuses: constantemente está el escritor diciéndole a la chica que pasará por su calle a tal hora o a tal otra (con una exactitud maniática); y que se asome a la ventana para verlo. Es un detalle anecdótico, se me dirá, pero lo cierto es que cuando se repite docenas de veces fatiga al más pintado.

He sabido en estas páginas de algunos dolores de cabeza del portugués; he conocido su esperanza (trivial, pero sin duda humana) de ganar un concurso de charadas (con el seudónimo de Mr. Crosse); me ha horripilado la ridiculez balbuciente de la carta 24 (sí que es verdad que, repitiendo al propio Pessoa, todas las cartas de amor son ridículas, pero es que algunas ingresan de forma holgada en el esperpento); y también he alcanzado a vislumbrar la poesía de la misiva 45… Pero en conjunto ha sido un libro más bien decepcionante.

Subrayo en el tomo una frase: “Me gustaría darte un beso en la boca, con exactitud y golosina”.

martes, 23 de febrero de 2021

El blog del Inquisidor

 


Conforme avanzaba por las páginas de la novela El blog del Inquisidor, de Lorenzo Silva, iba experimentando una imagen visual de la misma que la volvía afín a ciertas erupciones volcánicas, pero revertidas. Y me explicaré, porque creo que la imagen es extraña o puede malinterpretarse. Al principio, su prosa me parecía admirable, pero el estatismo de las acciones narradas me hacía pensar en el basalto: una roca fría, oscura y con mucho hierro. Admirable pero impenetrable. Luego, cuando la historiadora escocesa consigue que su lejano y misterioso narrador internético dialogue con ella, esas rocas basálticas parecían adquirir temperatura y volver hacia atrás, hacia su origen fluido y cálido: hablaban de hechos históricos, pero también de metáforas, psicología, sociología; y, por fin, de la mano de Soren Kierkegaard, del amor. La roca se tornaba líquido. Y el líquido iba adquiriendo temperatura conforme se adentraban (sobre todo, por iniciativa de ella) en el terreno sexual. Pero quizá lo más sorprendente y lo más intenso de la novela ocurre entonces: cuando la lava remonta su curso de forma paulatina y de pronto nos encontramos en el interior del volcán: allí donde no estamos seguros de si todo es frío o hirviente; donde resulta muy complicado decidir si el decorado que nos rodea es sólido o líquido; donde lo que importa es la profundidad.

El viaje que nos propone el escritor madrileño es introspectivo; y en él se nos habla de culpas, de miedos, de reconstrucciones, aunque también de esperanzas. De un viaje durísimo de ida y vuelta, en el que las almas de sus dos protagonistas son analizadas con prodigiosa exactitud. Quizá por eso me haya gustado tanto este libro. Denso y exigente, sí; pero también gratificante.

lunes, 22 de febrero de 2021

Amantes y enemigos

 


Qué somos, sino criaturas desvalidas que intentamos encontrar a otras criaturas para que nos acompañen en el viaje. Y a esa compañía cordial, sensual y necesaria la llamamos amor; y la adornamos con todo tipo de abalorios, sedas, luces de colores y músicas tenues. Construimos una cabaña tibia para habitar en medio de los rugidos nocturnos del bosque y, cuando encendemos fuego en la chimenea, nos gusta que otro ser (especial, elegido, único) ronronee a nuestro lado. Al final, cuando nos morimos, esos instantes no nos los puede quitar nadie. Y quizá nos los llevemos (yo creo que sí) más allá de la línea negra.

Rosa Montero dibuja en Amantes y enemigos un ramillete de relatos en los que los protagonistas son seres como nosotros, con los sueños cancelados por el chirrido de un despertador, con trabajos no siempre satisfactorios, con heridas que apenas conseguimos disimular, con lágrimas guardadas allá dentro, con leves triunfos esporádicos a los que nos aferramos con angustia o fe. Y quizá por eso la lectura de este libro se nos hace tan cercana y nos palpita dentro. En sus páginas viven para nosotros el hombre que, tras su separación, se comporta como un náufrago; la niña que ve en la nueva pareja de su padre a una repulsiva ladrona de afectos; las mujeres que sienten a su marido como un extraño, cuya magia se diluyó y se convirtió en ceniza; el matrimonio que no deja de pelear, pero que se resiste a romper su vínculo; la chica que coquetea por correo electrónico con su vecino casado; la que traiciona a su marido ciego, acostándose con un compañero de trabajo; la muchacha que se enreda con un desconocido, sobre el que lo ignora todo… Para terminar el volumen, Rosa Montero nos deja una frase resonando en los ojos, y en el corazón, y en el cerebro: “El amor es mentira, pero funciona”. Y damos gracias por haber leído este libro.

domingo, 21 de febrero de 2021

Misterio de dolor

 


La vida de Mariagna no ha sido en absoluto fácil. Se casó con un hombre inadecuado (quien se aficionó a la bebida y al juego, poniendo de esa forma en peligro la estabilidad doméstica, hasta el punto de que la mujer llegó a concebir ideas de suicidio) y no supo nunca lo que era la dicha. Pero después de su muerte ha tenido la fortuna de conocer a otra persona, más joven que ella: Silvestre, con quien ha contraído matrimonio. Cuando se alza el telón la encontramos sonriente y juguetona, porque la relación con su hija Mariagneta es magnífica y porque su nuevo esposo es dulce, atento y cómplice de su felicidad. Pero, sin que ella acierte a adivinar los problemas que va a causarle su decisión, ha decidido concertar una cita amorosa entre su hija y el joven Labast. Su intención no es otra que favorecer la boda entre ellos, que les proporcionen nietos y que, yéndose del hogar, les regalen más intimidad a los alborozados esposos. Mariagneta, furibunda, se revuelve contra esa idea. Y lo hace porque, en secreto, está enamorada de Silvestre; y cree que él podría llegar a corresponder a esos sentimientos.

Con esos ingredientes explosivos, el barcelonés Adrià Gual (1872-1943) pone ante nuestros ojos un drama que se irá enrareciendo conforme avancen sus páginas y comenzará a verse salpicado de emociones retenidas, peleas, rencores antiguos e incluso alguna muerte, que espesarán el ánimo de los protagonistas (y de los lectores) cuando se aproxime el final de la pieza. La combinación entre un joven desairado, un marido que se resiste a la infidelidad, una joven tentadora y una madre resignada produce efectos teatrales tan sugerentes que, por mucho que seamos capaces de verlos o intuirlos con antelación, conseguirán impresionarnos.

Misterio de dolor es una pieza breve y eficaz como una ampolla de cianuro.