miércoles, 8 de noviembre de 2017

Impacto narrativo



Se ha vuelto a hacer. Después de las monumentales aproximaciones a la literatura murciana elaboradas por Francisco Javier Díez de Revenga, Mariano de Paco, Santiago Delgado o Ramón Jiménez Madrid, la investigadora Consuelo Mengual ha decidido sumarse a esa línea, tan exigente como ambiciosa, y ha publicado en el sello La Fea Burguesía su trabajo Impacto narrativo (Ecos de un meteorito), donde lejos de concentrar sus energías críticas en los autores de Molina de Segura (como parece deducirse del título) ha tenido la generosidad y el ímpetu de expandirlas a todos los rincones de la Región de Murcia.
De tal manera que ha incluido en este recorrido a un elevado número de autores de procedencia o de radicación regional, de quienes deja en estas páginas unas completas notas bio-bibliográficas, muy útiles para situarlos en el panorama literario. Y todo ello enmarcado por unas reflexiones teóricas de gran interés, que fueron el núcleo de su investigador doctoral y que ahora, por suerte para los lectores, salen del mundo universitario para incorporarse a las bibliotecas, donde podrán ser conocidas y valoradas por el gran público.

Una estructura perfectamente organizada, una selección de informaciones muy cuidadosa y unas citas siempre plásticas y atinadas son detalles que convierten esta obra en un documento excepcional para los amantes de la literatura.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Amapola entre espigas



Voy hasta la novela corta Amapola entre espigas, de Eugenio Noel (Emiliano Escolar, editor; Madrid, 1980), y es realmente pasmoso el número de errores gramaticales, fallos rítmicos, desajustes psicológicos, parlamentos de plastilina e ingenuidades ideológicas que el volumen contiene. Qué narrador más torpe, Dios mío. Primero, nos planta ante los ojos a la señorita Marga, angelical, bella, dulce, inteligente, alegre, seductora y candorosa; luego, nos muestra sin transición a sus dos pretendientes: Pedro Juan (fino, educado y culto) y Nicolasón (un bruto analfabeto cargado de millones); más tarde, ella “pigmalionea” al segundo y, una vez desbastado, se decanta por él; y como colofón blando y chorreante de melaza le dice que todas sus tierras (ahora ya comunes) deben dárselas a los campesinos, pues ellos sólo precisan para vivir de su mutuo amor. Cágate, lorito. Y si se pretende decir que Marga es un símbolo del intelectual regeneracionista, y que Nicolasón es la España protocultivada de principios del siglo XX, yo digo que tururú. Alguien con esta prosa no pudo cobijar ideas tan hondas (y si lo hizo, las formuló de auténtica pena). Hay, eso sí, algún instante estilísticamente llamativo, como cuando dice de las manos de Nicolasón, para indicarnos su enormidad: “corridas de toros podía haber en ellas y sobraba sitio” (p.72). O cuando alude a “la cima escabrosa de los treinta años” (p.70). Pero, en bloque, esta obra no pasa de ser una trama absurda hilvanada con personajes insostenibles.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Viajeros y estables



Me aproximo a otra obra de Andrés Trapiello, titulada Viajeros y estables (Valdemar, Madrid, 1998). Y me ocurre con ella lo que con otras piezas ensayísticas misceláneas suyas: que no he leído nada de la mayoría de los autores tratados, pero que me subyuga su estilo. Siempre hay un enfoque, una idea, un aforismo que encierran altas porciones de belleza o de sagacidad, por las que se disfruta enormemente. No sé cómo escribirán Francis Jammes o Ponge, pero tras escuchar a Trapiello dan ganas de buscar sus libros y leerlos. Eso es, desde luego, un logro. Son estos escritos un catálogo de espléndidas puertas para habitaciones que me son desconocidas.

“Escribir sólo es posible hacerlo con escepticismo; en cambio leer, si no es con entusiasmo, es mejor dejarlo”. “Los hermanos Marx, Karl y Engels”. “El hombre puede escoger el bien, pero el mal lo elige a él y lo persigue”. “Los mayores blasfemos se cuentan entre los grandes creyentes”. “Tanto como la luz pintan las sombras”. “Quien ha conocido una vez la soledad jamás podrá vivir lejos de ella, tanto para aborrecerla como para desearla”. “Los académicos sólo cuentan mientras están vivos. A los artistas sólo empieza a entendérseles cuando ya han muerto”. “Lo que primero caduca en un escritor son los noes. Los síes permanecen más, duran más”. “Puede considerarse maduro tanto a un hombre como a un escritor cuando ambos han aprendido a no tomar demasiado en serio aquello que los rodea”. “Ser viejo no es otra cosa que recordar la infancia. Ser sabio es aceptarla”. “Un hombre arrogante consigue menos que uno astuto”. “Hay que ponerse a salvo de la gente que está dispuesta a entregar su vida por una causa”.

viernes, 3 de noviembre de 2017

El político



Errará quien, engañado por el título resumido de este volumen (El político), se aproxime a sus páginas imaginando que encontrará en ellas un manual de rango sociológico o filosófico. Cuando pase la cubierta y llegue a la portada descubrirá que el marbete auténtico y completo de la obra es El político don Fernando el Católico, un tratado panegírico que Baltasar Gracián compuso en 1640 y que, leído casi cuatrocientos años después, ha perdido casi por entero su atractivo intelectual y ha visto erosionadas sus magras virtudes estilísticas.
Nos dice el jesuita zaragozano que, a su entender, “fundó Fernando la mayor monarquía hasta hoy en religión, gobierno, valor, estados y riquezas” y que eso lo convirtió en “el mayor rey hasta hoy”. Con morosidad y deleite, nos va glosando sus infinitas virtudes, tanto en los aspectos militares como administrativos, tanto en sus primores anímicos como en sus sapiencias legislativas. Y llega a redactar un párrafo que hoy no puede ser leído sin notable bochorno: “Más célebre hizo a Fernando el haber fundado el integérrimo, el celador, el Sacro Tribunal de la Inquisición, que por haber establecido su monarquía. Y ganó más con haber echado de España a los judíos que con haberla hecho señora de tantas naciones”.

En suma, un panegírico guiado por la roña del servilismo y redactado con una prosa que deja bastante que desear. Literalmente olvidable.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los ojos del lobo



Todas las hijas (sobre todo las hijas, seamos sinceros) llevan escuchando el mismo discurso de labios de sus padres desde hace décadas: no debes frecuentar las calles de noche, no debes volver demasiado tarde a casa, los peligros acechan, no se sabe con quién te puedes encontrar a esas horas, desconfía de quien se arrime por sorpresa o te formule preguntas extrañas, mantente alerta… 
Laura, desde luego, no puede ser una excepción. Es una muchacha como cualquier otra de su edad, que tiene un amor en la mente, con quien no se termina de sincerar (Nacho); una amiga más coqueta de lo que a ella le parece prudente (Inés); y una madre que, desde el abandono paterno, se muestra aún más protectora (Blanca). En ese ambiente, y sin que nada anticipe el horror, una noche le esperará una sorpresa cuando vuelva a casa después de una fiesta: un coche que se aproxima por su espalda, una voz que reclama su atención, un golpe despiadado en la cabeza y, por fin, sentirse cogida, introducida en el vehículo y transportada en mitad de la oscuridad hacia quién sabe dónde. 
Se inicia así una pesadilla en la que varios personajes se irán implicando con rapidez: una cartomante de 22 años que comienza a tener visiones sobre los avatares del secuestro; el director de un instituto de enseñanza (“IES Hipólito G. Navarro”, lo rotula la autora, como homenaje al excelente cuentista onubense), que lleva años enamorado de la madre de Laura; un sargento de la guardia civil que se muestra dispuesto a seguir cualquier pista para resolver los casos; un falso vidente cuyo peculiar nombre (“Mágico Bermúdez”) ya esconde en sí mismo la semilla de lo patético; un alcalde tan noble como querido por sus conciudadanos (Paco García); el médico forense Sebastián Figueras, espectador de los hechos; y hasta un escritor (guiño para seguidores) que está construyendo la historia novelesca de una chica llamada Irina... 
Con todos ellos compone Care Santos una novela donde se aborda una temática tan espantosa, inquietante y de cruel actualidad que resulta difícil no cambiar en nuestra mente el nombre de la protagonista por el de su más reciente actualización periodística. Dos avisos importantes: el primero, que nadie olvide durante la lectura la cita con que se abre la obra (“Hay personas, entre las que me cuento, que detestan los finales felices. Nos sentimos engañados. El mal es la norma”. Vladimir Nabokov); el segundo, que no desdeñe las páginas últimas, donde se ofrece un resumen del futuro de todos los personajes que aparecen en la obra. No constituye un simple añadido, sino un complemento riquísimo desde el punto de vista argumental y psicológico… 
Como es lógico, los miembros del jurado del premio Gran Angular del año 2004 no tuvieron demasiadas dudas a la hora de concederle el máximo galardón. Y acertaron.

lunes, 30 de octubre de 2017

El enano



Leo una novela del premio Nobel Pär Lagerkvist, en la traducción (sospechosa) de Fausto de Tezanos Pinto (Emecé Editores, Buenos Aires, 1963). Se trata de El enano. Y digo que la traducción se antoja sospechosa porque aunque declara que el título original en sueco es “Dvärgen”, hay algunas pistas muy ostentosas que permiten concluir que está trabajando sobre una versión francesa. Por ejemplo, en la página 61 del libro se dice que unos personajes “estaban en tren de inspeccionar...”. Cosas así.
¿Que qué me ha parecido? Pues solamente correcta. Creo que el punto de partida (un enano de la Corte, en la línea satírica e intrigante de un Francesillo de Zúñiga) daba para mucho más. Me sorprende (y no sé si es invento de Lagerkvist o idea mítica) que los enanos se consideren una raza aparte, antigua y sabia. ¡Ah, bueno, sí! Hay un fallo técnico-novelesco clamoroso: Lagerkvist hace decir al enano que odia al príncipe León por querer firmar la paz con sus enemigos. Y, de repente, cuando esos enemigos han llegado y van a cenar, el enano afirma que su señor le ha comunicado un secreto, y que lo idolatra por lo gran príncipe que es (p.128). Es decir, que ha urdido una emboscada traicionera. Esto me parece una torpeza del autor, porque nos hace “estar esperando” lo que sabemos que va a ocurrir. Novela mediana que podría haber sido estupenda.

“Todos saben lo que realmente es el amor y por eso convienen en que un poema que lo disfrace tiene que ser una bella poesía”.

sábado, 28 de octubre de 2017

Vampiros y otros relatos



La mayor parte de los críticos literarios aplauden con fervor los volúmenes de relatos donde domina una cierta homogeneidad temática o estilística. Y entre los ditirambos que les dedican suele ocupar un lugar preponderante su condición de obras compactas u “orgánicas”. En mi caso sucede, he de reconocer, lo contrario. Una de las virtudes que más valoro en un libro de cuentos es, precisamente, lo variado de su carácter. Es decir, la capacidad que muestre el autor para concebir, edificar y llenar de brillo argumentos que resulten muy diferentes entre sí, porque me parece que tal despliegue evidencia su esfuerzo, su voluntad de mostrarse creativo en diversos ámbitos (y no sólo en su zona cómoda).
En ese sentido, Vampiros y otros relatos, de Mariano Sanz constituye un ejemplo modélico del tipo de obras que me gustan. Al principio, el lector puede formarse una idea equivocada del tomo, porque los primeros textos lo introducen de lleno en la temática vampírica; pero pronto descubre que hay muchas más cosas entre las páginas excelentes de esta obra: homenajes literarios a Enrique Vila-Matas y Jorge Luis Borges (“La desaparición del doctor Pasavento”); relatos de aparente crueldad que se resuelven en clave humorística (“Leo”); emotivas historias de perros adoptados (“Broc”); narraciones de gran fuerza, en las que los diferentes protagonistas arrastran sus propias historias íntimas, dominadas por el sexo, la ambición o el odio (“Una historia de playa”); inesperadas aventuras galantes (“Don Gerías”); entusiastas de la obra cervantina que demuestran su fervor de la manera más inesperada (“El Quijote tatuado”); hermosas reflexiones sobre la dignidad humana y las conexiones entre vida y literatura (“El médano del loro”); y, en fin, maravillosos apuntes costumbristas donde, con formato de viñeta, se nos ponen ante los ojos las vidas de los esquiladores, los viejos vehículos tirados con tracción animal, las barberías de antaño o el mercado que se situaba junto al puente de los Peligros.

Dotado de una gran elegancia y de una gran fluidez a la hora de contar, Mariano Sanz Navarro consigue en las ciento sesenta páginas de este libro provocar nuestra curiosidad, nuestro miedo, nuestra ternura, nuestra sonrisa y nuestro asombro. Pero, por encima de cualquier otra emoción, consigue nuestro aplauso como lectores. Es, siempre, el mejor de los triunfos.