jueves, 31 de agosto de 2017

Nuestra historia



El cuento se titula “Para no ser cobarde” y constituye una rareza dentro del volumen Nuestra historia, del bilbaíno Pedro Ugarte (Páginas de Espuma, 2016). Un hombre que acaricia tibiamente el sueño de ser escritor está casado con una exbailarina que, tras mucho empeño, no ha conseguido triunfar en el mundo de la danza. Ambos han decidido malvender la casa donde viven e instalarse en un viejo caserón de Ayabarrena, donde él disponga del tiempo y la concentración suficientes como para componer su novela. La mujer se llama Alejandra, pero de él no se nos comunica el nombre.
En los demás relatos del volumen, el protagonista se llama Jorge, y presenta características muy diferentes: un hombre asfixiado por las hipotecas, que se dedica a realizar malabarismos para que su familia no se vea abocada a la ruina o el desahucio (“Días de mala suerte”); un marido que se siente incómodo con la habilidad infalible que su mujer despliega a la hora de hacer regalos (“Verónica y los dones”); un chico de 13 años que, por efecto de una casualidad lingüística, adquiere una aureola inmerecida (“Vida de mi padre”); un varón de mediana edad que se reúne en la casa del embarcadero con antiguos amigos de adolescencia (“La muerte del servicio”); un esposo que vive una experiencia desasosegante en Fuenteventura (“Enanos en el jardín”); el empleado de una agencia de viajes cuya vida se cruza con la de un millonario estrafalario (“Mi amigo Böhm-Bawerk”); un estresado comercial de Ibertecno (“El hombre del cartapacio”); un periodista al que un azar laboral pone en manos de Edgar (“Voy a hacer una llamada”); o el atribulado dependiente de una ferretería, que se distancia de su familia de sangre por motivos más que justificados (“Opiniones sobre la felicidad”).

En lo que no existen diferencias es en el virtuosismo literario de Pedro Ugarte, que se despliega por igual en todos los cuentos y que consigue crear atmósferas tan sencillas como creíbles. Vidas cotidianas, problemas cotidianos, miedos y esperanzas cotidianos, que sólo un escritor con talento sostiene en pie ante los ojos del lector sin que cundan los bostezos. Muy recomendable este volumen, sin duda alguna.

martes, 29 de agosto de 2017

El grafiti del Cid



No creo que exista ningún pueblo en España (las ciudades escapan a veces, por la frialdad de su volumen, a esta norma) donde no circule, desde tiempo inmemorial, alguna leyenda que se repite de padres a hijos y que mantiene viva la imaginación de sus habitantes. En Blanca, donde yo nací, se rumoreaba sobre la existencia de un antiquísimo e inencontrado túnel que comunicaba el castillo con el cauce del río; y en Molina de Segura, donde ahora vivo, burbujea el recuerdo del rey al-Samiz III, que mantuvo siempre una buena relación con el monarca castellano Alfonso VI y que, hostigado al final de sus días por la invasión de los almorávides, se vio obligado a huir sin poder llevarse su descomunal tesoro, que escondió en un lugar indeterminado. A esa seductora historia se le une el hecho de que el Cid Campeador visitó un día la localidad en el año 1089, sin que se conozcan demasiados detalles sobre los motivos profundos de ese viaje.
El narrador Paco López Mengual, que tiene una fantasía desbordante y cuyo olfato para detectar historias seductoras empieza a ser legendario, no necesita mucho más para componer una novela, tras añadir a esas dos líneas mencionadas un buen número de detalles intrigantes: pañuelos de la Edad Media que aparecen de pronto en la habitación de una adolescente, enigmáticos personajes vestidos de árabes del siglo XI, pasadizos misteriosos, un cilindro de metal donde se oculta un mapa… El público juvenil, destinatario natural de esta novela, quedará fascinado por la trama que el autor ha compuesto para él, donde no faltan el sentido del humor, las referencias al mundo actual, el lenguaje fresco de sus protagonistas, el amor a la literatura, la osadía del argumento… y hasta algunos sustos, perfectamente dosificados y colocados en el lugar idóneo.

Después de haber convencido a centenares de lectores con sus novelas (El último barco a América, Maldito chino, La memoria del barro), con sus relatos cortos (La pistola de Hilarito) y con sus anecdotarios urbanos (Un paseo literario por calles de Murcia), Paco López Mengual ha dedicado sus últimas publicaciones al público infantil y juvenil, con títulos como ¿Te cuento un cuento? o, ahora, con El grafiti del Cid. Esta sorprendente versatilidad evidencia que nos encontramos ante un creador en estado de gracia. Y sus lectores sonreímos, felices por el placer que siempre obtenemos de sus obras.

domingo, 27 de agosto de 2017

El incesto y otros relatos



Diez libros lleva publicados en trece años: una cifra más que respetable, que habla con claridad de la infatigable labor escritora de José María López Conesa (1945). Su última entrega se titula El incesto y otros relatos, la publica la editorial Tirano Banderas y está formada por la asombrosa cantidad de treinta y ocho historias, que cubren un amplio abanico temático y que, desde la sencillez expresiva, tratan de alcanzar el corazón de sus lectores.
Unas veces nos encontraremos con vidas grises y fracasadas (tanto doméstica como laboralmente) que desembocan en una conclusión explosiva (“El cerrador de botes”); otras, con ingenuas fábulas protagonizadas por niños, que nos instalan en un espacio narrativo de extremo candor (“El guardián del bosque”); otras, en acosos escolares que terminarán sacudiendo a la sociedad (“El negrito de Siria”); otras, con músicos del este que vienen a España para tratar de ganarse la vida con su instrumento y que, entre otras cosas, encuentran aquí el amor (“El violinista callejero”).
En este arco iris de argumentos, José María López Conesa introduce bastantes veces el humor, en distintos grados y con distintas intenciones: desde el recluta gitano que realiza funciones inesperadas en el cuartel (“El soldado calé”) hasta el sacerdote terco que odia la presencia de flores en las bodas que oficia (“Aniceto, el cura endiosado”). Estas gotas de hilaridad contribuyen a que los relatos generen más de una sonrisa en los lectores.
Entre todos ellos me voy a permitir llamar la atención especialmente sobre dos. El primero destaca por su dulzura, está situado en la zona central del volumen, se titula “La abuelidad” y es difícil salir de él sin sentir un nudo en la garganta. El segundo es un relato de intensa calidez humana y, aunque su título ya avanza parte del espíritu que lo anima (“Mi amigo marroquí”), prefiero dejar en sus manos el descubrimiento de la historia que cobija.

Tras cuatro años de silencio editorial, López Conesa vuelve a los escaparates de las librerías. Es una hermosa noticia.

viernes, 25 de agosto de 2017

Jueces en la noche



Continúo con Buero Vallejo, que ahora me regala su Jueces en la noche, que leo en la edición crítica de los doctores Luis Iglesias Feijoo y Mariano de Paco (Espasa-Calpe, Madrid, 1994). La fabulación no puede ser más sobrecogedora, y me hace ver que todos, de un modo u otro, vivimos traicionando. A veces, traicionamos a los demás (como en el caso patético y cruel de Juan Luis); a veces, nos traicionamos a nosotros mismos (como en el caso de Julia, que se abandona muy pronto a la comodidad muelle de su vida burguesa, y olvida las inquietudes hermosas y solidarias de su ya lejana juventud); y a veces, son los demás quienes creen que los hemos traicionado, sin que por nuestra parte haya existido el más leve atisbo de tal comportamiento (como ocurre en el caso de Fermín, mártir de su conciencia, muerto silente al que Juan Luis ha envilecido con sus mentiras y Julia con su desprecio).

En verdad, toda la obra es un delicado equilibrio de traiciones y de medias verdades hipócritas, que se entrecruzan en un período político bastante delicado. Fermín, ultimado por unos policías salvajes, que han acallado su grito de libertad, se erige como alta figura épica de la pieza, redimido de iniquidades y manchas. Es el único de los personajes de la obra que se ha mantenido a salvo de las salpicaduras innobles que el mundo prodigó sobre los demás: la muerte lo sublimó. Ginés Pardo, degenerado y brutal, ha refinado sus métodos, y ha querido encontrar justificantes “prácticos” para los mismos, adornándose con un histrionismo horrendo. Si sus semejantes se pudren hasta la médula, y obtienen de este fango unos beneficios económicos, políticos y sociales de bastante envergadura, ¿quién puede negarle a él el derecho de adquirir los mismos hábitos hipócritas y sangrientos (aunque lucrativos)? Julia ha sido ya deformada por las mentiras exteriores, es verdad, pero también por su propio conformismo, que la ha convertido en una mujer de moral sedentaria. Ha vivido ajena a su esposo, queriendo apartar las pupilas de sus fechorías mercantiles; pero eso no la exime de culpa, y ella lo sabe. Juan Luis, por fin, es el peor de todos. Mintió hace años a su mujer, destrozando la imagen ideal que ella tenía de Fermín (nadie puede vivir dichoso sin ideales), y eso la amargó; utilizó a Ginés Pardo como quien utiliza una herramienta en su taller de mezquindades; mintió a los electores, que lo consideran ahora un demócrata convencido, y que lo auparon en su día como hombre fiel al Régimen. Juan Luis es un trepa sin moralidad, y por eso mismo no resulta extraño que sus sueños estén habitados de víctimas. “Sé que no tengo futuro porque sólo veo el pasado”.


miércoles, 23 de agosto de 2017

Los dientes de Trino Rojo



Los hijos son nuestro trabajo más importante, la tarea en la que más empeño deberíamos poner al cabo del día, todos los días. Por eso, no se trata simplemente de invitarlos a venir a este mundo sino que hemos de esforzarnos para que su existencia dentro de él resulte lo más plena y alegre: acostumbrarlos a que sigan una alimentación sana y equilibrada, educarlos con respeto y cariño, animarlos para que realicen actividades físicas adecuadas a su edad y, por supuesto, adiestrarlos en los caminos de la higiene, para que su salud se mantenga en las mejores condiciones durante el máximo tiempo posible.
Marta Zafrilla se centra en este último aspecto en su trabajo Los dientes de Trino Rojo, un álbum ilustrado que le publica Cuento de Luz y que, editado con papel de piedra (para evitar la tala de árboles y el consumo de agua y cloro), cuenta con las magníficas aportaciones gráficas de la alemana Sonja Wimmer. En sus páginas se nos relata la historia de un pajarito de nombre sinestésico que se obsesiona con la idea de cómo cuidarse la dentadura. Ha visto a su amiga humana hacerlo y se muere de curiosidad por imitarla, de ahí que inicie una investigación para descubrir cómo cumplen esa medida higiénica otros animales, con resultados tan graciosos como educativos.
Tras haber sido galardonada hace unos años en los premios Moonbeam Children's Book Awards de Estados Unidos (obtuvo la Medalla de Plata al Mejor Libro Español por Hijito pollito y la Medalla de Oro al Mejor Libro sobre Salud por Los despistes del abuelo Pedro), Marta Zafrilla vuelve a sumergirse en una historia simpática, tierna y llena de sentido del humor, que nos permitirá mostrar a nuestros hijos más pequeños los beneficios de la buena salud bucodental. Y todo ello contado con un lenguaje sencillo y con un gran despliegue didáctico, que convierte este álbum en lectura obligada no solamente en las casas sino también en la consulta de los mejores odontopediatras.

De forma simultánea a su edición en español, el sello Cuento de Luz lanza también una deliciosa versión en inglés (Chirpy Charlie’s Teeth) para el mercado norteamericano.

lunes, 21 de agosto de 2017

Recetas para astronautas



Ser un excelente teórico de la literatura y ser un delicioso y eficaz creador no son atributos que suelan confluir de ordinario en la misma persona, porque la naturaleza no transige con demasiadas vulneraciones al código de la normalidad. Pero Basilio Pujante (Murcia, 1982) constituye en el mundo del microrrelato una de esas gozosas excepciones: se doctoró con una tesis relacionada con el tema y, en 2016, publicó con el sello Balduque esta maravilla que hoy comento y que se titula Recetas para astronautas.
En sus páginas descubrimos el desasosiego por vía intravenosa (“Cuestión de confianza”), la inquietud que siembra en nuestro corazón un relato casi tenebroso (“El bebé del 3º A”), la trivialidad que nos rodea y que se puede subvertir en apenas unos segundos (“Siempre saludaba”), la increíble habilidad del autor para trazar el retrato de una vida en apenas un folio (“Miss Pedanía”) o la posibilidad de que los dioses no tengan la forma que solemos atribuirles (“Dios. Una historia de amor”), entre otros.
Y, como colofón del volumen, tres relatos de mayor extensión, protagonizados por un bibliófilo obsesionado por coleccionar primeras ediciones firmadas por sus autores (“El ladrón de libros”), por una niña que vive una jornada mucho más traumática que festiva (“Comunión”) y por un joven aspirante a profesor universitario que se verá envuelto en Suiza en una situación rocambolesca (“El tema del doble”).
Brillante el lenguaje de Basilio, brillante la selección de diapositivas que pone ante nuestros ojos, brillante su amplitud temática, brillantes sus cierres. Todo en este tomo contribuye a que el lector salga encandilado, puesto en pie, con los ojos echándole chispas y con las manos rojas de aplaudir.

Memorable.

sábado, 19 de agosto de 2017

Las máscaras del héroe



Novela larga, juvenil y perfecta, que leí y reseñé en la prensa murciana allá por septiembre de 1996: Las máscaras del héroe, de Juan Manuel de Prada (Valdemar, Madrid, 1996). La releo ahora con más reposo, pero con el mismo deslumbramiento estilístico que entonces. En ella, Fernando Navales nos cuenta las peripecias reales o inventadas de Pedro Luis de Gálvez, poeta olvidado del primer tercio de nuestro siglo, que recayó desde la niñez difícil y la juventud bohemia hasta la infamia y el crimen. Con un estilo brillante, sinuoso de metáforas, imaginativo y fértil, Juan Manuel de Prada se adentraba por los vericuetos de la novela con un increíble primer paso, de extraña e incontestable perfección. Además, y por si todo lo ya expuesto no se antojara suficiente, la amenidad preside sus líneas cuando nos habla de las correrías nocturnas de aquellos vividores que poblaron el Madrid de los años veinte y treinta; del asesinato de Canalejas (en el que Gálvez actuó como cómplice, según Prada, y teniendo a Ramón Gómez de la Serna como encubridor ignorante del asesino); del intento de desvirgar a Jorge Luis Borges en un prostíbulo (Navales es quien, según propia confesión, llega a abrirle la bragueta); de un concurso de pedos en la célebre Residencia de Estudiantes; del saqueo nocturno de un camposanto; del nacimiento de la Falange; de un atentado frustrado contra José Antonio Primo de Rivera; etc.
Otro detalle que llama la atención es la advertencia final de Prada, en el sentido de que los personajes del volumen, aun los históricos, han sido tratados con perfecta creatividad literaria. Me gusta que estas frases figuren al final del tomo, y no al principio: le añade verosimilitud, porque nos “desengaña” cuando ya hemos salido de la historia, y no a priori.

“Con demasiada frecuencia, la verdad sólo encubre la falta de imaginación”. “Mejorar la vida de la Humanidad no es obra de una generación, sino de muchas y de muchos esfuerzos”. “El escritor de raza se distingue del diletante por su instinto asesino, lo cual no quiere decir que escriba mejor o peor”. “La pornografía es otra forma de la taxidermia”. “Los espejos no reflejan la realidad, sino que la anticipan”. “Para ser un humorista cabal, hay que padecer algún desarreglo gástrico”. “Un escritor se fortalece perseverando en sus errores”. “Nada tan socorrido como atribuir las calamidades de la patria a un gobernante extinto”. “El remordimiento es una especie de cobardía retrospectiva”