lunes, 20 de julio de 2020

La rosa de plata




En cierta ocasión, hace muchos, muchos años, una mujer llamada Ana María Villanueva tuvo la ocurrencia de comprar en un mercado un singular anillo con una rosa de plata. Le hubiera resultado imposible imaginar que, décadas después, una hija suya llamada Soledad terminaría escribiendo una novela inspirada en esa imagen.
Y lo hace instalándonos en la Bretaña del rey Arturo y sus caballeros, donde se ha producido un hecho lamentable: la celosa Morgana (hermana de Arturo y con gran fama como hechicera), viendo que siete doncellas se han atrevido a mirar a su amado, ordena encarcelarlas hasta que siete caballeros dispuestos a morir en la demanda acudan a su castillo para someterse a difíciles pruebas. Desde ese punto, la narración de Soledad Puértolas se dedica a contarnos las siete aventuras de liberación, salpicadas de pasadizos secretos, enanos de noble espíritu, damas tan bellas como virtuosas, hechizos sorprendentes y bosques enigmáticos. Como es obvio, no puede faltar en la marmita el ingrediente más memorable de todos: los amores escindidos que la reina Ginebra experimenta por su esposo Arturo (al que ha admirado desde la niñez y con cuya compañía se siente plena) y por el noble Lanzarote del Lago (por quien no puede evitar sentir atracción). Quizá la delicada manera en que Puértolas analiza el corazón de los tres constituya, a la postre, lo más intenso de la novela.
Nos encontramos ante un volumen de distraída amenidad, que nos retrotrae a las historias mágicas de la infancia y que se lee con sumo agrado. Muy adecuado para mantener activos los resortes de la fantasía.

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