martes, 21 de julio de 2026

Los caminos del miedo

 


Cuatro propuestas nos ofrece Joan Manuel Gisbert en su libro Los caminos del miedo, y en todas se percibe, como no podía ser de otra manera, la solidez de un narrador curtido y polivalente que ha merecido galardones como el premio Lazarillo, el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, el Barco de Vapor, el Gran Angular, el Edebé o el Cervantes Chico. Casi nada.

En la primera (“La obsesión de Amberes”), nos habla de Solange y de Jules, dos personas interesadas en el mundo del ocultismo que, sin conocerse, realizan la misma acción: visitar una fábrica abandonada en la cual, según los expertos, “se podía obtener una respuesta veraz a las incógnitas fundamentales de la vida”. Los dos desean formular una pregunta parecida, relacionada con su propia muerte, y muestran anhelo y a la vez pavor por el resultado de la consulta, que queda consignada en un sobre cerrado. ¿Querrán abrirlo? ¿Querrán leerlo? ¿Serán capaces de afrontar la brutal revelación que sus líneas contienen? Con una mezcla de terror gélido, metafísica y ciertas gotas de humor, Gisbert consigue un relato contundente y digno de aplauso, que sirve de primer plato en un menú que, además, contiene un duelo a muerte en Sevilla, acompañado de premoniciones macabras (“Los mensajeros de la muerte”); la angustia de una mujer cuando tiene que cuidar la inquietante caja que le deja en custodia su vecino, quien tiene un pavoroso ojo de cristal (“Pupilas de obsidiana”); o la paralizante gelidez que pone a Hans de Turingia al borde de la muerte mientras viaja, subido en su caballo, camino a Constanza (“En la llanura blanca”).

Que no se engañe nadie con la etiqueta de “autor LIJ” que suele adherirse junto al nombre del autor catalán: Joan Manuel Gisbert es un magnífico narrador que convence y encandila, sea cual sea la edad de la persona que abra el libro. Hagan la prueba.

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