En
la última reseña que le dediqué al zamorano Luis García Jambrina, por su novela
El manuscrito de nieve (https://rubencastillo.blogspot.com/2024/03/el-manuscrito-de-nieve.html), señalé
un procedimiento que, a mi entender, volvía defectuosa la obra: su tendencia a
amontonar datos históricos, artísticos y de todo tipo de una manera poco
acertada. Dos años después, me animo con otra de las producciones del autor,
aparecida en 2026: El último caso de Unamuno. Y me siento muy feliz de
emitir un juicio totalmente distinto: la obra es excelente. Las informaciones
históricas, políticas, culturales y militares siguen siendo oceánicas (la
ambientación de la novela en 1936 así lo requiere), pero el autor ha sabido
encauzarlas de un modo magnífico, sin que el lector sienta que chirrían.
La
base del libro se articula sobre dos líneas policiales que caminan de forma
cercana. En la primera, descubrimos cómo el insigne escritor don Miguel de
Unamuno investiga el misterioso suicidio del catedrático de Derecho don Daniel
Carbajo. Su esposa descubrió el cuerpo ahorcado en su despacho, que permanecía
con la llave echada por dentro; pero era reacia a considerar que su marido,
profundamente religioso, hubiera optado por acabar con su existencia de una
forma tan inopinada y tan herética. En la segunda, nos encontramos con la
súbita muerte del propio Unamuno, que sufrió un colapso mientras charlaba junto
a su mesa con el joven profesor falangista Bartolomé Aragón. Muy habilidoso y
muy sólido en su exposición novelesca, Luis García Jambrina nos va planteando
en capítulos alternos este doble enigma, introduciendo personajes de tanta
densidad y envergadura como Millán Astray, Francisco Franco, Giménez Caballero
o Carmen Polo. Y esculpiendo también una doble línea de
protagonistas-detectives, porque si en la primera es don Miguel el eje
vertebrador, en la segunda ocupan ese lugar sus amigos Teresa Maragall López y Manuel
Rivera Jambrina. Este último, de hecho, se plantea incluso la posibilidad de
escribir alguna vez esta historia, para que las generaciones futuras conozcan
la verdad (“La novela, si es que alguna vez llegaba a escribirla, tendría,
pues, una doble trama entrecruzada y una doble línea temporal; en una, don
Miguel sería el detective o sujeto investigador y, en la otra, la víctima o el
objeto de la investigación”, p.234).
Como se trata de un libro detectivesco (aunque no queda reducido a esa simple dimensión), resultaría muy ingrato desvelarles detalles que erosionaran la eficacia de sus sorpresas. Sí les diré que, al acabarlo, queda en el ánimo de los lectores la sensación poderosa de que todo podría ser verdad (sensación que las consultas que se realizan en Internet parecen corroborar). García Jambrina ha construido su historia con mimbres tan bien trenzados y tan verosímiles que te convence. Es un asombroso logro, que aplaudo con energía.

Hará cosa de dos años leí "El primer caso de Unamuno". Me gustó. Veo que la novela que hoy traes presenta otro caso detectivesco del rector salmantino y su propia muerte en esas extrañas condiciones que el guionista Manuel Menchón ya tratara en un documental de 2020 y que el propio Jambrina presentara en un ensayo suyo de 2021 titulado "La doble muerte de Unamuno". Veo que ahora el escritor ha proseguido en explotar ese filón. No me parece mal. Es semejante a lo que hizo con el pesquisidor Fernando de Rojas en la Salamanca del siglo XVI. Pero tanta reiteración a mí me cansa un poco y fue por ello que dejé de leer sus 'manuscritos'. Sin embargo al presentar ahora la muerte de Miguel de Unamuno puede que me anime a leer esta novela, pues no creo que el pobre don Miguel resurja de sus cenizas para protagonizar otro 'caso'. Pero con el zamorano salmantino nunca se sabe.
ResponderEliminarUn abrazo