jueves, 6 de septiembre de 2018

Joana




Desde que leí Mortal y rosa, de Francisco Umbral, no me había encontrado con una elegía tan bella, tan triste y tan conmovedora como la que me ofrece el poeta Joan Margarit en las páginas de su libro Joana, dedicado a su hija. Aquella chica sonriente y dulce, fue siempre la gran luz de la casa, a pesar de sus limitaciones motoras (“Deficiente, andabas con muletas: / nunca hubo para mí muchacha más hermosa”); y su muerte provocó un dolor hondísimo en el escritor catalán, que queda aquí reflejado en textos de tan hermosura como desgarro. “No habrá más desamparo ya que el mío”, nos dice.
Joana, “el cuerpo contrahecho / donde aprendí qué era la belleza”, se convierte así en la protagonista lánguida y absoluta de unos versos que intentan coagular el sentimiento de pérdida, la rotura de las brújulas, el vacío existencial que dejó a sus espaldas aquella chica de la que “cuentan que en un intento / de salvarse le dijo te quiero al cirujano”.
Joan Margarit se enfrenta en las postrimerías del libro a la consunción de su hija (“Nunca sabré qué sabes tú de mí, / ni en qué verdad hemos estado juntos, / ni si en ella estaremos para siempre. / No puede ser un mal dolor / si es un dolor que viene desde ti / por este turbio mar. Diciembre: / el último diciembre juntos. / Después, buscar en mí tu voz perdida”), hasta llegar a la súplica (“Y me repito: / morirse todavía es vivir. / De esta invernal mañana, amable y tibia, / por favor, no te vayas, no te vayas”).
Si jamás has perdido a un hijo, la lectura de este libro te inundará los ojos de lágrimas. Y si ese dolor sí que ha lacerado tu existencia, también.

1 comentario:

La Pelipequirroja del Gato Trotero dijo...

Ayyyy, ya me has picado, ahora voy a tener que leerlo...otro más 🤗

Besos 💋💋💋