lunes, 26 de junio de 2017

Diarios



Leí en mi juventud y releo en mi madurez los sorprendentes, sinuosos y profundos Diarios de Franz Kafka, en la traducción de Feliu Formosa (Bruguera, Barcelona, 1984). Son páginas extrañas, llenas de una ensortijada proliferación de arañitas mentales donde me resulta evidente que el escritor checo era cualquier cosa menos una persona normal. Sus caminos lógicos, sus reflexiones, sus ideas sobre su entorno, están llenos de anfractuosidades, de esquinas de sombra, de ciénagas. En ocasiones incluso se siente uno tentado de considerar la posibilidad de que no estuviera del todo cuerdo. Eso lo hace tan atractivo como inquietante, a mi entender. Fascinante, perturbador, traslúcido. Kafka.
“Es indudable mi avidez por los libros. No tanto por poseerlos o leerlos como por verlos, por convencerme de su permanente existencia en los estantes de una librería”. “Nada en el mundo dista tanto de una experiencia como la descripción de esta experiencia”. “Cuando uno se queda solo, crece en inteligencia y en serenidad”. “Simplemente, no dar un valor excesivo a lo que he escrito, porque me resultaría inalcanzable lo que he de escribir”. “Necesito estar solo mucho tiempo. Lo que he realizado hasta ahora no es más que un triunfo de la soledad”. “Apenas si tengo algo en común conmigo mismo”. “Hay posibilidades para mí, sin duda, pero, ¿bajo qué piedra están escondidas?”. “Si estoy condenado, no sólo estoy condenado a morir, sino que también estoy condenado a defenderme hasta el fin”. “Me resulta incomprensible que casi todos los que escriben puedan objetivar el dolor en medio del dolor; que yo, por ejemplo, en medio de la desdicha, y con la cabeza ardiente de tanta infelicidad, pueda sentarme y comunicarle a alguien por escrito: Soy desgraciado”. “Es irresponsable viajar e incluso vivir sin tomar notas”.

1 comentario:

La Pelipequirroja del Gato Trotero dijo...

Hola Rubén!
Yo era una niña muy rarita, pasaba mucho tiempo sola y fui hija única hasta los 10 años, así que me entretenía leyendo los libros que había en casa aunque no tuviera repajolera idea de lo que decían, jajaja. Kafka fue uno de esos autores.
Años después me sigo asombrando de que fuera capaz de leerle y llegar hasta la última pagina...
Siempre trayendo joyitas xiquet, en caso de necesidad podremos empeñarlas, jajaja.

Besos 💋💋💋