viernes, 3 de marzo de 2017

Mentula



La historia de los tratos diabólicos es, en el mundo de la literatura, tan larga como llamativa: desde el Libro del Buen Amor, del arcipreste de Hita, hasta el inmortal Fausto, de Goethe. Mil versiones en poesía, cuento, teatro, ópera y novela, que nos hablan de la pervivencia de un mito muy arraigado en el espíritu humano. La escritora Julia R. Robles se suma ahora a esta fecunda línea con su narración Mentula, donde sexo, humor y elementos diabólicos se unen a una serie de reflexiones interesantísimas sobre la condición femenina y sus problemas en un mundo dominado por el pensamiento patriarcal.
Comencemos por aclarar el sentido del título, en palabras de la propia autora: “Mentula era la forma más obscena de referirse al pene en latín, lo que vendría a ser la traducción literal de polla o cipote” (p.111). Establecida esa idea nos encontramos con Martina Bo, protagonista de la novela, una mujer divorciada y con un hijo, que está atravesando problemas económicos y que no termina de encontrar en su entorno los elementos suficientes de apoyo: su madre es más crítica que sostenedora; sus amigas Luisi y Cata mantienen con ella una relación muy poco estrecha... Sumergida en la desesperación, formula en voz baja un deseo que le pasa por la cabeza de vez en cuando: ojalá fuera un hombre. Y el día de su trigésimo tercer cumpleaños, al despertar, descubrirá con sorpresa y con horror que le está saliendo un bultito en los genitales. Un bultito que, con el paso de las horas y los días, se irá convirtiendo en un pene. En medio del desconcierto (o, para decirlo con un verso de Blas de Otero, “en medio del miedo”), Martina recibe la visita de un estrambótico diablo llamado Dantalian que es capaz de presentarse bajo aspectos físicos muy diferentes y le explicará lo que está sucediendo y por qué está sucediendo.
Pero no les adelanto más de la trama argumental, porque prefiero que sean ustedes quienes la recorran. Sí les diré que durante las páginas que quedan a partir de ahí se suceden situaciones de sexo (algunas de ellas realmente volcánicas), instantes de humor, arrebatos de rabia y, sobre todo, el curioso experimento de observar cómo se comporta esta mujer en la piel de un hombre y cómo su vida sufre una alteración radical con el cambio de genitales. Nos encontramos, pues, ante una novela poliédrica, que resulta complicado adscribir a un género concreto, pero donde sobre todo brilla una prosa muy dúctil, muy ingeniosa.
Julia R. Robles, que se había movido en volúmenes anteriores con gran solvencia por el territorio del relato breve (resulta difícil olvidarse de maravillas como “Concaritos” o “La pistola de Laura”, contenidos en Extrañas mujeres de azul, publicado en el año 2011), demuestra en este trabajo que se mueve con la misma eficacia en la narración larga. Háganse el favor de comprobarlo, porque les aseguro que esta novela les garantiza una buena cantidad de excitación, un aluvión de sonrisas sabiamente calculadas y colocadas y abundantes reflexiones sobre los detalles que muestran los roles masculinos y femeninos en el mundo actual, sobre los que pasamos de puntillas, sin fijarnos demasiado.

Julia R. Robles es una voz segura del panorama literario actual. Harían bien en acercarse a sus libros.